miércoles, 23 de febrero de 2011

El Duce rompe su "silencio de guerra" con un discurso - 23/02/1941



Camaradas,

En el corazón de la tarde de hoy, en el reposo del domingo, el cielo de Roma y el de toda Italia y aún más allá se ha llenado de vítores y aplausos al discurso que el Duce Benito Mussolini ha pronunciado en el Teatro Adriano ante los líderes del Partido Fascista.

¿Cuándo desterraremos, al fin, la palabra "Partido"? En verdad, el vocablo es como un retal de otros tiempos que en Italia, en Alemania y aun en muchos otros países pasaron para no volver. En un Estado totalitario no cabe el partido, porque lo totalitario no se parte y es la suprema excepción de la unidad.

El Duce ha decidido romper su tradicional silencio en tiempos de guerra con un gesto precioso para que su pueblo pueda mirarle a la cara. Y en verdad su discurso ha sido como una rendición de cuentas y una exposición de verdades que nadie nunca le hubiera exigido y una suma de afirmaciones que nadie nunca se cansará de agradecerle. Y no ha tenido retórica alguna. La retórica es de los violines, de las guitarras, hasta de los saxofones: agrio toque de clarín no es nunca retórico. La retórica es grasa y el cuerpo de las oraciones del Duce es enjuto, nervioso y ágil. Lo que no le quita belleza, porque se hermana a fondo y forma sin descuidos, ni en la idea ni en el ropaje. Y así debe de ser, porque nadie es tan buen pensador como para tener el derecho de expresar mal sus pensamientos y nadie tan buen escritor u orador como para permitirse el lujo de hablar o escribir sin pensar.

Un fragmento del discurso.

Roma destruyó, al fin, a Cartago.

He venido aquí para ver la temperatura de los Fascistas y romper el silencio que observo en tiempo de guerra. No hace ocho meses desde que estamos en guerra; son seis años, esto es, desde el 3 de enero de 1935. Llegó en seguida la llamada de Franco a la cual no podíamos dejar de responder porque nuestro deber era ir en su ayuda. En realidad, nos hallamos en guerra desde hace más tiempo aún. Desde el 28 de octubre de 1922 cuando nos alzamos contra el mundo plutocrático, masónico y capitalista.

Benito Mussolini fotografiado en 1915 con su uniforme de Bersaglieri.  Estuvo en la línea de Frente hasta que resultó herido el 23 de febrero de 1917.

En septiembre de 1939, cuando estalló el conflicto actual, nosotros estábamos en guerra al día siguiente. No podíamos encontrarnos completamente preparados porque la Historia nos atenaza. Italia inmovilizó inmensas fuerzas enemigas mientras Francia era el adversario número uno. Pero Italia ha tenido que sufrir siempre guerras más lejanas y difíciles. Durante los primeros cuatro meses de ésta hemos asestado muy duros .golpes al enemigo. Desde el 1 de octubre de 1940 y el 31 de enero de 1941, más de 14.000 oficiales y más de 350.000 soldados han sido enviados a Libia donde se han constituido dos ejércitos: el V y el X. También se enviaron más de 1.900 cañones de todos los calibres y de los modelos más recientes, así como más de 15.300 ametralladoras, 11 millones de proyectiles de artillería., más de mil millones de cartuchos para armas portátiles, 24.000 toneladas de equipos y 759 carros de combate. Estas cifras demuestran que habíamos cuidado la preparación de la campaña. Los soldados que luchan en el Imperio sin esperanza de recibir refuerzos son los más alejados de la Patria, pero los más próximos de nuestros corazones.

El 9 de diciembre dio comienzo la batalla que ha llevado al enemigo hasta Bengasi. Nosotros no mentimos como los hipócritas ingleses. Hemos resistido con encarnizamiento y a veces con furor. Diremos siempre la verdad y rechazaremos toda falsificación. Los acontecimientos de estos últimos meses no han hecho más que afilar nuestro odio, cosa quo es necesaria.

Las perdidas italianas son muy considerables. Es grotesco decir que los ingleses han perdido sólo 2.000 hombres. Desde Tarento, la marcha de la guerra nos ha sido adversa, pero siempre en la Historia ha ocurrido así. Roma destruyó, al fin, a Cartago y la borró del mapa del mundo. La victoria es absolutamente nuestra porque Inglaterra no puede vencer. Pase lo que pase, Italia marchará junto a Alemania hasta el fin. Se trata de una alianza entre dos pueblos y dos revoluciones destinadas a dar un nuevo sello a este siglo. Los alemanes saben que Italia sostiene el peso de dos millones de soldados y enormes masas de aviones y artillería.

Con la primavera llegarán los días buenos.

El último baluarte británico en los Balcanes era Grecia, que no quiso renunciar a las garantías de Londres. Fue preciso afrontarla, y en este punto todos los elementos militares responsables estuvieron completamente de acuerdo. Los soldados italianos en Albania se han portado soberbiamente y han escrito páginas de gloria legendaria que se impondrán al mundo entero. Las pérdidas helénicas han sido muy elevadas. La primavera llegará pronto y con ella los días buenos.

El Führer y el Duce, una unidad indisoluble e invencible.

La seguridad en la victoria.

La actitud de los soldados del Reich en Sicilia y en Libia es perfecta, como corresponde a un fuerte Ejército y a un pueblo fuerte. La potencia bélica de Alemania no sólo no ha disminuido, sino que se ha incrementado. Sus pérdidas en hombres y material son mínimas. La seguridad de la victoria está determinada por estos factores:

Primero. El mando está en manos del Führer, que de simple soldado ha sabido llegar a imprimir a su pueblo un magnífico ritmo revolucionario.
Segundo. E1 armamento alemán es infinitamente superior al de los ingleses.
Tercero. Casi toda la Europa oriental se halla contra Inglaterra.
Cuarto. A diferencia de la guerra del 14, el bloqueo británico no tiene hoy ningún valor.
Quinto. La moral de los pueblos del Eje es superior a la de Inglaterra. Hablar de paz separada es indigno, porque la moral del pueblo italiano no flaqueará a pesar de todos los bombardeos que se efectúen contra sus ciudades abiertas.
Sexto. Inglaterra está sola e invoca la ayuda de América, aunque sabe que este auxilio no podrá rebasar la potencia alemana.
Séptimo. Cuando Inglaterra sea vencida, habrá terminado esta guerra.
Octavo. Italia desempeña un papel de primer orden. Sus armamentos aumentan de día en día gracias a los sacrificios que hacen sus obreros.
Noveno. Italia se siente orgullosa de haberse atrevido a medirse con la Gran Bretaña. Los pueblos sólo se hacen grandes cuando tienen el valor de ser osados.

El Duce saluda a las multitudes desde el balcón del Palazzo Venezia.

Una imponente manifestación popular se ha celebrado en la plaza de Venecia cuando el Duce ha regresado del Teatro Adriano después de pronunciar su discurso. En la enorme plaza, rodeada de Fascistas con banderas y estandartes, la multitud, nutridísima, ha ofrecido un soberbio espectáculo de entusiasmo y vitoreado sin cesar al Duce, el cual, ante las insistentes aclamaciones, ha aparecido en el balcón principal desde donde ha respondido con el saludo romano.

Para los que, por la distancia, no han podido ver al Duce, su imagen ha venido en cada una de sus palabras: se adivinaba el fajo de su brazo en el aire y el puño crispado y la testa imperial y el mentón voluntarioso; toda su máscara, en fin; todo su torso, victorias sin alas todavía, pero con cabeza, al revés de la de Samotracia, digna de ser esculpida en la proa de aquellas naves antiguas que cortaban todos los vientos contrarios.

Las ovaciones se han sucedido aún durante mucho tiempo y el Duce se ha visto obligado a salir cinco veces más. El discurso, retransmitido por radio, ha producido indescriptible entusiasmo en toda Italia.

Viva il Duce!
Mussolini ha sempre ragione!

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