martes, 12 de octubre de 2010

La ira de Mussolini - 12/10/1940.

Camaradas,

En un comunicado oficial, se ha informado al pueblo alemán del envío de tropas a Rumanía. El texto del comunicado es el siguiente:

Rumanía en la actualidad.  Sombreadas, las diversas zonas que ha debido ceder a sus vecinos.

En consonancia con la garantía que se dio a Rumanía en Viena, el Gobierno del Reich, respondiendo a los deseos de los rumanos, ha enviado a Rumanía una misión militar con las formaciones de entrenamiento necesarias. Al mismo tiempo, ha desplegado unidades de cazas alemanes para proteger los campos petrolíferos rumanos.

Las unidades alemanas de la Wehrmacht ayudarán a las Fuerzas Armadas de Rumanía como grupos de entrenamiento e instrucción, en la reconstrucción del Ejército Rumano llevado a cabo por la Cabeza del Gobierno Rumano, el General Ion Antonescu. Una vez finalizada su misión, las unidades alemanas regresarán al Reich. Aquellos Gobiernos amigos de Alemania que podrían albergar intereses políticos en el desarrollo de una misión militar en Rumanía ya han sido informados.

La ira del Duce.

Este comunicado tiene una gran importancia histórica porque ha sido el detonante de un enfado de grandes proporciones en Benito Mussolini, quien no había sido informado de este nuevo movimiento alemán sino después de que se hubiera llevado a cabo el pasado día 7 y a pesar de que tan sólo tres días antes se hubiera producido el encuentro Hitler-Mussolini en el Brennero.

Lo cierto es que la jugada le ha salido redonda al Führer. Todo el mundo piensa ahora que el movimiento en Rumanía es precisamente una consecuencia del encuentro de los dos líderes. El Führer sabía que Italia considera el sudeste de Europa su “área de influencia” y que no toleraría la presencia alemana en una zona que el Reich considera vital no sólo para ella, sino para la propia Italia.

El Duce, al frente de sus fuerzas.

El Führer confía en conseguir apaciguar a su amigo, que hoy mismo ha exclamado en presencia de Ciano:

Hitler siempre me muestra hechos consumados. Pero esta vez voy a pagarle con la misma moneda: ¡sabrá por los periódicos que he invadido Grecia! De esta forma, el equilibrio quedará restablecido.

Es lebe Adolf Hitler!
Viva il Duce!

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