sábado, 24 de septiembre de 2011

El 11º Ejército, con Manstein al frente, emprende la conquista de Crimea – 24/09/1941.

Camaradas,

El pasado 12 de septiembre de 1941, cuando la 36ª División Motorizada de Infantería y la 1ª División Panzer avanzaban a toda velocidad hacia Leningrado más allá de las Colinas Duderhof debajo de un brillante cielo de finales de verano, en el sector del Lago Ilmen llovía a cántaros. El Estado Mayor del LVI Cuerpo Panzer había establecido su puesto de mando junto a una granja destrozada al sudoeste de Demyansk. El General von Manstein permanecía sentado en el interior de su tienda empapada junto con sus oficiales. Aguardaban el informe de la tarde, y hasta entonces mataban el tiempo jugando a los naipes.

De repente sonó el teléfono. El Capitán Specht lo cogió. “El Comandante en Jefe querría hablar con el General,” dijo.

El General Manstein y el General Busch.

Manstein masculló. Las llamadas telefónicas a esa hora por lo general significaban malas noticias. Pero por una vez no fue así. El Coronel General Busch, Comandante en Jefe del 16º Ejército, había telefoneado para felicitar a su amigo Manstein.

“¿Felicitarme? ¿Por qué, Generaloberst?” preguntó Manstein atónito. Busch aguardó un instante y a continuación leyó en alto un mensaje que acababa de recibir de los Cuarteles Generales del Führer: “El General Manstein asumirá el mando del 11º Ejército con efecto inmediato.”

Banderas a media asta y presencia de viejos camaradas en el funeral de von Schobert.  En la imagen, Frans Ritter von Epp y Friedrich Haselmayr.

¡El 11º Ejército! Eso significaba el sector sur del frente - el extremo sur del ala derecha del Grupo de Ejércitos Sur. Unas pocas horas antes el Comandante del Ejército, Eugen Ritter von Schobert, había intentado un aterrizaje de emergencia en su avión Fieseler Storch con la mala suerte de haber ido a parar justo en medio de un campo de minas ruso. El piloto y el general habían saltado en pedazos.

Manstein recibió este nombramiento con sentimientos enfrentados. El mando de un Ejército, por supuesto, era un gran logro con que coronar la carrera de un oficial – pero el mando de un Ejército también suponía dejar la dirección personal y activa de tropas sobre el terreno. Manstein es y se siente un comandante del campo de batalla. Sin embargo, tanto como Jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A y más tarde como general al frente del XXXVIII Cuerpo de Ejército, ya ha demostrado ser un sobresaliente estratega. De hecho, el plan de ataque contra Francia había sido en gran parte obra de Manstein.

Resumen estratégico de las operaciones del Grupo de Ejércitos Norte hasta hoy.

Pese a que Manstein lamenta tener que abandonar al LVI Cuerpo Panzer –el Cuerpo que ha llevado hasta las puertas de Leningrado, el Cuerpo con el que ha superado peligrosas crisis, triturado ejércitos soviéticos y a menudo soportado el peso de la campaña del Grupo de Ejércitos Norte- una consideración ha hecho más fácil su marcha. Siendo como es un brillante estratega, Manstein se ha dado cuenta de los errores que el Alto Mando ha cometido en el norte y en el centro y lleva tiempo desencantado por el tira y afloja entre el Führer y el Alto Mando del Ejército acerca de los grandes objetivos estratégicos. Tan sólo esa mañana del 12 de septiembre, después de registrar los éxitos de su Cuerpo Panzer en el combate contra una fuerza soviética ampliamente superior al sur del Lago Ilmen, ha escrito en su diario: “A pesar de todo, carezco de un verdadero sentido de satisfacción por estos éxitos.”

¿Por qué carece Manstein de ese sentido de satisfacción? Porque ve que en lo más alto de la cadena de mando no parece haber una clara idea del objetivo que debería perseguirse, o del propósito al que estas costosas operaciones apuntan. Bock, como el Alto Mando del Ejército, desea dirigirse hacia Moscú. Leeb, ateniéndose a la idea original del Führer, desea ir a por Leningrado. ¿Y el propio Führer? Él no está interesado en Leningrado o Moscú. Él persigue objetivos económicos – grano, petróleo y mineral. El Führer desea Ucrania y el Cáucaso.

Situación del Frente Este en el momento en que Manstein asume el mando del 11º Ejército.

Por ello, no es ningún accidente que en pleno clímax de la batalla por Leningrado y en una fase crucial para la exitosa operación del 16º Ejército contra el flanco de las defensas de Moscú, el Führer haya enviado a su mejor hombre desde el norte al sur.

Manstein, a orillas del Mar Negro.

En el frente sur, a mediados del mes de septiembre, el Mariscal von Rundstedt se encuentra a punto de culminar la batalla de la bolsa de Kiev tras una laboriosa y al principio lenta operación. Junto con el Grupo Panzer de Guderian, las fuerzas de Rundstedt están a punto de destruir el grueso de los ejércitos meridionales soviéticos en Ucrania.

El 11º Ejército, que ha lanzado su ofensiva desde Rumanía, no ha tomado parte en la batalla de Kiev. Junto con dos ejércitos rumanos ha reconquistado Besarabia que los soviéticos obligaron a los rumanos a entregarles en 1940. Esta reanexión ha sido la recompensa del Führer a Rumanía por su participación en la Cruzada contra la Unión Soviética. Después de la liberación de Besarabia, el 11º Ejército recibió órdenes de avanzar hasta la cuenca baja del Dnieper, un gigantesco río que discurre como un colosal obstáculo a través de las zonas de operaciones de sendos Grupos de Ejércitos. El cruce del Dnieper, logrado el pasado 31 de agosto en Berislav, marcó el comienzo de una tarea estratégica doble. Según la orden del Führer: “El 11º Ejército capturará la Península de Crimea con algunas de sus fuerzas, y con el grueso de sus fuerzas se dirigirá hacia Rostov a lo largo de la orilla norte del Mar de Azov.”

Mapa de la región, señaladas sus ciudades y accidentes geográficos principales.

Sin duda, Crimea y Rostov son ambos objetivos estratégicos de suma importancia. Rostov en el Don con sus cuatro grandes líneas ferroviarias e incontables intersecciones de carreteras hacia en este, oeste, norte y sur es la puerta al Cáucaso. Por otro lado, quien controle Crimea controlará el Mar Negro y ejercerá presión política sobre los países vecinos. Turquía, en particular, está muy presente en la mente del Führer, que desea alistarlo a la causa del Eje, lo que supondría tender un puente al Mediterráneo y a los campos petrolíferos fabulosamente ricos del mundo árabe. Los ejércitos de Romel en África y los ejércitos del Eje podrían unirse en una fantástica maniobra que desbarataría cualquier conato de resistencia anglo-soviética prácticamente en toda Eurasia.

El plan para capturar Crimea lo motiva más bien consideraciones de la guerra económica. La península es una peligrosa base aérea soviética que le permite atacar los campos petrolíferos de Ploesti, algo que el Führer desea evitar.

Al capturar Crimea y Rostov, el 11º Ejército debería proveer los cimientos para la conquista por parte de Rundstedt del “Ruhr Soviético”, la cuenca del Donets. Stalingrado sobre el Volga y Astrakhan en el Caspio son los objetivos a largo plazo que contempla la mente del Führer. De hecho, así son propuestos en las notas explicativas de la Operación Barbarroja y, tal y como se establece en la Línea A-A, figuran dentro del programa detallado de objetivos de guerra. La Línea A-A significa Astrakhan-Archangel, una enorme línea que atraviesa la Unión Soviética desde el Océano Ártico a lo largo del Norte del Dvina y el Volga – una distancia de unos 2.000 kilómetros. Se trata de la línea objetivo que ha establecido el Führer para la Cruzada contra el Imperio de Stalin. Desde esta línea, patrullas armadas basadas en grandes fortificaciones fronterizas sobre el Volga y el Norte del Dvina contendrían a las fuerzas soviéticas y a sus bases a ambos lados de los Urales.

Situación de la cuenca del Donets.

Sólo con un mapa en la mano se puede tratar de comprender en toda su plenitud los objetivos perseguidos por los líderes del Reich. En el caso del 11º Ejército, los objetivos que se le han planteado involucran tareas que lo abocan irremisiblemente a la disipación de sus fuerzas.

Manstein, el frío y sobrio estratega, se ha dado cuenta de inmediato que se le está exigiendo demasiado al 11º Ejército. A pesar de que se ha hecho cargo de una fuerza excelente sabe que no se puede esperar que las mejores divisiones, por muy grande que sea su capacidad de sacrificio, hagan cosas que se encuentran mucho más allá de sus posibilidades.

El plan de ataque.

Hoy hace exactamente una semana, el 17 de septiembre, cuando el General von Manstein asumió el mando del 11º Ejército en Nikolayev, el gran centro astillero del Mar Negro, de inmediato se dio cuenta de que con las fuerzas a su disposición no podría capturar simultáneamente Crimea y Rostov. Un objetivo u otro debería ser desestimado. Pero, ¿cuál de los dos? Manstein no ha dudado mucho.

La Península de Crimea representa un permanente peligro para el profundo flanco derecho de todo el Frente Este Alemán, dado que los soviéticos son capaces de bombear continuamente nuevas fuerzas hacia el interior de la península desde el sur a través del mar. Además, en manos enemigas Crimea es también una base aérea que amenaza los campos petrolíferos rumanos. Por esa razón Manstein ha acabado decidiendo dar preferencia a la conquista de Crimea. Acerca del frente de Rostov simplemente desea mantener contacto con las fuerzas enemigas desplazadas en Antonovka.

Plan de ataque contra Crimea.

El de Manstein es un buen plan. En primer lugar, el LIV Cuerpo de Ejército del General Hansen debe forzar el Istmo de Perekop mediante un ataque frontal. Para esta difícil tarea, Hansen ha recibido toda la las unidades de artillería, ingenieros y antiaéreas del Ejército. Además de sus propias dos divisiones de infantería -la 73ª y la 46ª- la 50ª División de Infantería, un poco más retrasada, ha sido puesta igualmente a sus órdenes. Una considerable fuerza de asalto para atacar un frente defensivo que sólo tiene 7 kilómetros de anchura.

Manstein, por supuesto, es un Comandante con la suficiente experiencia para darse cuenta de que con estas fuerzas podría ser capaz de forzar la puerta de Crimea, pero no de conquistar una superficie de 10.000 millas cuadradas, un territorio casi tan grande como Bélgica, con sus numerosas y poderosas fortalezas y puntos fuerte.

Como estratega con sólidos conocimientos de Estado Mayor, Manstein ha basado la segunda fase de su plan operativo en la precisión y la suerte. El XLIX Cuerpo de Montaña del General Klüber y la Brigada SS Leibstandarte Adolf Hitler a las órdenes del Obergruppenführer (General) Dietrich tendrán que separarse del frente en el meandro del Dnieper en el momento en que se logre la penetración y dirigirse a Crimea a toda velocidad para avanzar, dispersarse, y ocupar la totalidad de la península.

Vehículo blindado de la LSSAH.

La Leibstandarte, una unidad magníficamente equipada con armas pesadas, artillería antiaérea autopropulsadas, cañones autopropulsados, motocicletas, vehículos blindados de reconocimiento y transportes de infantería, supone una buena oportunidad de adelantarse al enemigo en retirada y cortarle la ruta a Sebastopol. Podría entonces, quizás, conquistar la importante fortaleza costera del sur de Crimea en un rápido golpe de mano antes de que sea reforzada.

El Cuerpo de Montaña se emplearía en las montañas Yayle, que alcanzan los 1.500 metros de altitud, a continuación se dirigiría hacia la Península de Kerch al este de Crimea y, desde allí, finalmente, atravesar la estrecha franja de agua que le separa de Kuban y adentrarse en el Cáucaso.

Manstein inspecciona sus líneas.

Este plan no es simplemente una fantasía. Manstein cree que es realizable – siempre que el enmigo no organice ninguna acción por sorpresa en la Estepa Nogay. Éste es el factor riesgo que Manstein asume en las operaciones del 11º Ejército. Al objeto de concentrar sus fuerzas para la captura de Crimea, Manstein tiene que reducir sus fuerzas del continente al mínimo despojándolas de la Leibstandarte y del XLIX Cuerpo de Montaña. El XXX Cuerpo del General von Salmuth, al que pertenecen la 72ª y 22ª Divisiones de Infantería, tendrá que mantener por sí solo el frente de la Estepa Nogay, apoyado tan sólo por el 3º Ejército Rumano. Manstein está dispuesto a asumir este riesgo porque confía en sus experimentadas divisiones.

Finalmente nos encontramos hoy, 24 de septiembre de 1941, en el Istmo de Perekov. El sol del sur golpea implacablemente la monótona estepa ante Perekop y cae pesadamente sobre las marismas salinas del Sivash. La 156ª División de Fusileros Soviética mantiene sus posiciones, con la sensación de seguridad que proporciona estar desplegada en una línea defensiva escalonada de varios kilómetros de profundidad. El acceso central a Crimea lo cubre la 276º División de Fusileros, perteneciente al 51º Ejército Soviético a las órdenes del Coronel General Kuznetsov. Las órdenes que ha recibido y que ha transmitido a todo lo largo y ancho de su frente son: “¡No ceder un centímetro de terreno!” Todo está en calma pero, de pronto, una tormenta parece rasgar el cielo. Los defensores bolcheviques, estupefactos, se arrebujan en sus posiciones. Alguno se atreve a separar el rostro de la tierra y alcanza a atisbar el cielo, que permanece tan azul y desnudo de nubes como hace un minuto. No son rayos ni truenos, sino el fuego de artillería que marca el inicio de la ofensiva alemana. ¡La batalla por Crimea ha comenzado!

Erich von Manstein, bringen uns den Sieg!
Tod dem Bolschewismus!

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