domingo, 9 de enero de 2011

Conferencia militar en el Berghof - 09/01/1941.

Camaradas,

Durante las jornadas de ayer y de hoy, y a pesar de encontrarse en el Obersalzberg disfrutando de un periodo de descanso, el Führer ha mantenido una serie de conferencias militares con Erich Raeder, Wilhelm Keitel, Alfred Jodl y otros altos oficiales de la Wehrmacht. El Führer se encuentra muy optimista ante la situación militar, estando absolutamente convencido de que la situación en Europa ya no puede volverse en contra de Alemania incluso si el Eje perdiera el Norte de África al completo. El Führer se ha atrevido, por tanto, no sólo a analizar con brillantez la situación sino también a ampliar sus horizontes y hablar de los grandes movimientos estratégicos que están por llegar. Éstas han sido algunas de sus palabras:

El Führer les explica a Jodl y a Keitel la estrategia a seguir durante los próximos meses.

El desembarco en Inglaterra sólo será posible cuando hayamos obtenido la completa supremacía en el aire y en Inglaterra se haya aposentado una cierta parálisis. El propósito de la guerra inglesa es, a largo plazo, aplastar a Alemania en el continente. Pero sus propias fuerzas son insuficientes. La Marina británica se encuentra más debilitada de lo que nunca lo ha estado como resultado de estar inmiscuida en combates en dos teatros de guerra distintos situados a gran distancia uno de otro y le va resultar imposible reforzarse hasta el nivel necesario. Para la Fuerza Aérea británica, el actual recorte en el suministro de materias primas, especialmente aluminio, debido a las importaciones canceladas y el efecto de la guerra aérea y naval alemana contra la industria inglesa, se ha hecho dolorosamente patente. La propia industria aeronáutica ha quedado tan dañada que el número de aviones producidos no ha aumentado, sino que se ha reducido. La Luftwaffe debe continuar inflingiendo esta daño aún con mayor regularidad de lo efectuado hasta ahora. En cuenta a las tropas británicas, está absolutamente fuera de toda cuestión considerarlas como un ejército invasor. Lo único que sostiene a Gran Bretaña es la esperanza que tiene depositada en los Estados Unidos y en la Rusia soviética, porque tal y como están las cosas, es sólo cuestión de tiempo la destrucción completa de las Islas británicas. Sin embargo, Inglaterra confía en resistir hasta que un gran bloque continental sea convocado contra Alemania. Los preparativos diplomáticos para esto son claramente reconocibles.

Stalin, el líder soviético, es un hombre astuto. No ha adoptado una postura abierta contra Alemania; sin embargo, se debería esperar que crease cada vez más problemas que condujeran a una situación difícil con Alemania. Su posición ante la inminente entrada del Reich en Bulgaria no está todavía clara, aunque es evidente que Rusia necesita Bulgaria como acceso al Bósforo. En realidad, Stalin anhela una Europa empobrecida; tiene todos los requisitos necesarios para ello y está lleno de entusiasmo por empujar hacia el oeste. Es muy consciente del hecho de que después de la victoria absoluta de Alemania, la posición de la Unión Soviética se volverá extremadamente difícil.

Otro momento de la conferencia militar en el Berghof.

La posibilidad de la intervención rusa en la guerra da fuerzas a los ingleses. Ellos dejarán esta lucha en cuanto su gran esperanza continental haya muerto. Los ingleses no son valientes hasta la temeridad. Si ven que no hay esperanza alguna de victoria, se detendrán. Si continuaran y perdieran la guerra, no les quedaría potencia alguna para mantener unido el Imperio. Sin embargo, si persistieran y lograran desplegar entre cuarenta y cincuenta divisiones, y si los Estados Unidos y Rusia les ayudasen, entonces la situación podría volverse muy delicada para Alemania. La fuerza conjunta de los Estados Unidos y Rusia supondría una carga muy pesada para nuestra fuerza militar Esto no debe ocurrir. Cualquier posibilidad de que acontezca esa amenaza debe ser atajada desde el comienzo.

Hasta ahora, siempre hemos actuado sobre el principio de golpear las posiciones más importantes del enemigo al dar el siguiente paso. Por lo tanto, Rusia debe ser aplastada. Entonces, tras la caída de Rusia, los ingleses se rendirán o Alemania continuará la lucha en condiciones netamente favorables. Además, la derrota de Rusia supondría un gran alivio de cara a una posible intervención de los Estados Unidos, permitiéndole a Japón volverse con toda su fuerza contra los norteamericanos, lo cual evitaría que estos se metieran en la guerra.

Führer befiehl, wir folgen!

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