lunes, 23 de enero de 2012

Rommel sigue avanzando a pesar de las reservas italianas y la indeferencia británica - 23/01/1942.

Rommel observa a través de sus prismáticos el progreso de los combates.

Camaradas,

El amanecer del 23 de enero ha visto cómo los desorganizados elementos de varias unidades británicas vapuleadas defienden Msus como buenamente pueden.  El tenue zumbido del fuego de la artillería llega desde Antelat y Saunnu al sur. Los vehículos blindados sudafricanos, que han recibido órdenes de trasladarse a Msus desde Bir Lega, llegan justo a tiempo para observar las columnas del Eje adentrarse en el pueblo desde oeste y sur. Msus ha caído – de nuevo. Los británicos establecen contacto con el Cuartel General de Retaguardia de la 1ª División Acorazada, que apenas sabe nada del desastre que se está desarrollando en el área de Msus. Aunque para entonces han llegado algunos vehículos blindados sudafricanos adicionales, no son rivales para los tanques alemanes, así que los sudafricanos se dirigen al noreste.

Vehículos alemanes se reabastecen de agua.  La cruz blanca diferencia a las latas que están llenas de agua de las que contienen gasolina.

Junto con la localidad propiamente dicha, en Msus los alemanes han capturado la estratégica fuente de agua y algunos versátiles camiones de 3 toneladas. Más al norte los británicos prenden fuego a sus almacenes de suministro para evitar que caigan en manos de Rommel. Al caer la noche, la División Sabratha ocupa Agedabia mientras las Divisiones Trieste y Ariete controlan el sendero hacia el norte que conduce a Antelat y se encaran hacia este o sudeste. Un batallón de la 15ª División Panzer mantiene Antelat y el Gruppe Marcks ocupa Saunnu. El Afrika Korps, orientado hacia el este y sudeste, describe una línea de este a oeste 32 kilómetros de anchura desde Eleut el Mteimrat a Saunnu. La 3ª Unidad Blindada de Reconocimiento Alemana se aproxima a Msus mientras la 33ª Unidad de Reconocimiento bloquea las rutas de escape enemigas en la zona de Agedabia.

Ugo Cavallero saluda efusivamente a Rommel.  Sus palabras no han sido tan efusivas como su saludo.

También es el último día de la ofensiva en lo que respecta al Alto Mando Italiano. En el Comando Supremo de Africa, el General Bastico se muestra incómodo acerca del “ataque de acoso” que ha consentido y que ahora parece estar transformándose en una ofensiva a gran escala. De ese modo, ha transmitido sus temores a Roma y sugerido que debería hacerse algo para imprimir en Rommel las dificultades a las que se enfrentan los socios del Eje en el Mediterráneo. Cavallero se ha presentado en los cuarteles generales de Rommel, trayendo consigo una serie de directivas de parte del mismo Mussolini. El Panzerarmee Afrika –la nueva designación del Ejército de Rommel desde ayer- tendrá que detenerse sobre una línea defensiva entre Mersa Brega y Marada, según órdenes del Duce.

Rommel conversa con un grupo de oficiales alemanes e italianos.  Escuchará opiniones e ideas pero, al final, impondrá su criterio.

La única concesión que Cavallero está dispuesto a hacer es permitirle a Rommel un ataque poco ambicioso sobre las posiciones fronterizas británicas. “No efectúe más que una salida y a continuación regrese inmediatamente,” le ha dicho Cavallero a Rommel. El italiano pronto ha descubierto que está perdiendo el tiempo, especialmente dado que ahora está tratando con un Rommel envalentonado al que el Führer acaba de conceder las Espadas para su Cruz de Caballero con Hojas de Roble. “Tengo intención de continuar atacando todo el tiempo que me sea posible. Y sólo el Führer puede detenerme, puesto que la mayor parte del combate lo llevarán a cabo tropas alemanas,” le ha respondido Rommel, planteándole a Cavallero un argumento irrebatible.

Los Panzer vuelven a dominar los desiertos de Libia.

Auchinleck, mientras tanto, sigue siendo de la opinión de que el poderoso ataque de Rommel tan sólo pretende desbaratar las vanguardias del Octavo Ejército. No está preocupado e, inevitablemente, tampoco lo está Ritchie. La manera en que Ritchie interpreta la situación se reduce a que Rommel está tratando simplemente de ganar algo de espacio para maniobrar al este del cuello de botella de Agheila. El Zorro del Desierto tan sólo está “estirando el cuello”. Basándose en su conocimiento de la situación de los suministros de Rommel, el Comandante del Octavo Ejército cree que Rommel será incapaz de mantener el vigor de su avance mucho más allá de la línea que discurre de Agedabia a El Haseitat.

Auchinleck al teléfono.  Las malas noticias que le llegan del frente no las ha sabido interpretar adecuadamente.

De ese modo, los informes acerca de un desastre generalizado que recibe Ritchie en su Cuartel General en Tmini son tratados a primera vista con cierta indiferencia. Tanto Auchinleck como Ritchie se acuerdan de los primeros días de Crusader, y como consecuencia de ello ahora tienden a dudar acerca de la veracidad de los informes que hablan de derrota y colapso. Una vez más han puesto en tela de juicio al Zorro del Desierto, y en esta ocasión les va a salir muy caro.

Gott straffe Engelland!
Vörwarts mit unserem Rommel!

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