martes, 24 de enero de 2012

Model sofoca la crisis del Noveno Ejército en Rzhev - 24/01/1942.

Camaradas,

El 12 de enero de 1942 por la tarde, los tanques rusos pasaron rugiendo ante los Cuarteles Generales del Noveno Ejército Alemán. El frente se encontraba a menos de un kilómetro de distancia. No hacía falta sacar demasiadas conclusiones. La ofensiva soviética sobre el Grupo de Ejércitos Centro había puesto al borde del abismo a todo el frente alemán al norte y sur de la autopista de Moscú, en Rzhev y Sukhinichi. La mandíbula norte de la ofensiva soviética amenazaba directamente a las unidades de primera línea de los Ejércitos Alemanes Noveno y Cuarto, en especial al primero de ellos. Si los soviéticos tenían éxito en su maniobra, terminarían rebasando y cercando por completo al Noveno Ejército.

La ofensiva soviética sobre Rzhev a mediados de enero de 1942.

Eran las 16:00 horas. En la sala de mapas de los Cuarteles Generales del Ejército en Sychevka, ante el mapa de situación, se encontraba el Teniente Coronel Edmund Blaurock, el Jefe de Operaciones del Ejército junto con el Mayor General Walter Krüger, al mando de la 1ª División Panzer de Turingia. También presente, para ponerles al tanto de la situación, se encontraba el Teniente Coronel Walther Wenck, Jefe de Operaciones de la División, el Teniente Coronel Wend von Wietersheim, al mando del 113º Regimiento de Infantería, y el Teniente Coronel Rudolf Holste, al mando del 73º Regimiento de Artillería. El grupo de combate más avanzado de la 1ª División Panzer acababa de llegar a Sychevka. Hace una semana esta pequeña localidad con su gran estación ferroviaria de mercancías había sido un lugar tranquilo detrás de las líneas – un Cuartel General del Ejército y una base de suministros en la retaguardia, un paraíso para los oficiales y empleados de suministro. Ahora, lleva siendo la línea de frente durante dos días.

La situación en Rzev entre el 1 y 7 de enero de 1942, antes de la gran ofensiva, con detalle de las unidades desplegadas por el Grupo de Ejércitos Centro Alemán y el Frente Soviético de Kalinin.  La presión de los Ejércitos Soviéticos 29º y 39º ya se hace notar sobre el Noveno Ejército Alemán.

El traqueteo de las ametralladoras y el sordo estallido de los morteros podían escucharse en la habitación. “Si me lo permite, señor, le voy a poner al corriente de este maldito embrollo en que estamos inmersos,” le dijo el Jefe de Operaciones a Krüger. "Desde el 9 de enero los rusos han estado desatando su ataque a gran escala desde el área de Ostashkov contra el ala izquierda de nuestro XXIII Cuerpo y lo han hecho retroceder al sur. Al mismo tiempo se han producido violentos ataques contra el ala izquierda del VI Cuerpo de Ejército – aquí-“ Blaurock señaló el mapa con su dedo. “Nuestra solicitud de autorización para retrasar el frente a la línea Gzhatsk-Volga ha sido rechazada. Desde el 11 de enero se han estado produciendo grandes ataques enemigos desde el noroeste, golpeando hacia el sur y oeste de Sychevka, con las unidades más avanzadas del enemigo sobre las afueras occidentales de la localidad.” Blaurock colocó su mano sobre Sychevka y exclamó en tono suplicante, “Mantenga Sychevka, Herr General - no debemos perderla.”

El comandante y los oficiales de la 1ª División Panzer asintieron. Comprendían la difícil situación que tenían ante sí. Lo que les sorprendía era que el Coronel General Strauss, Comandante en Jefe del Ejército, no se encontrara presente en la conferencia. El Jefe de Operaciones explicó: “La salud del Coronel General Strauss es muy mala. El Jefe de Estado Mayor, también, se encuentra en permiso por enfermedad. Esperamos al nuevo Comandante en Jefe en cualquier momento – el General Walther Model.”

Walther Model.

Hubo caras de sorpresa alrededor.  Así que Model iba a ser el nuevo Comandante en Jefe del Noveno Ejército. El suyo ha sido un ascenso meteórico. Tres meses antes todavía se encontraba al frente de una división – la famosa 3ª División Panzer.

Este hombre enjuto y menudo de Genthin, nacido en 1891, es bien conocido en varios cuarteles generales a lo largo de todo el Grupo de Ejércitos Centro. Lo conocen todavía mejor los hombres de la 1ª División Panzer, quienes han combatido bajo su mando dentro del XLI Cuerpo Panzer desde Kalinin. Es popular entre sus tropas, algo en lo que difiere mucho de su predecesor, el Coronel General Georg-Hans Reinhardt. Todo el mundo sabe que allá donde Model se encuentra al mando la buena suerte de guerra está presente: las empresas más audaces salen adelante y las situaciones más críticas se resuelven. En ningún lugar se necesitaba un hombre de este tipo más urgentemente en ese momento que en el Noveno Ejército. Blaurock una vez más se dirigió al gran mapa. “La situación se ha vuelto en verdad más que extremadamente crítica durante las pasadas cuarenta y ocho horas,” dijo con un tono típico de Estado Mayor.

Señaló entonces a las gruesas flechas rojas. “Aquí, al oeste de Rzhev, los rusos han perforado un agujero de 15 kilómetros en nuestro frente. Dos Ejércitos Soviéticos, el 29º y el 39º, han estado manando durante dos días a través de esta brecha hacia el sur con tanques, infantería y columnas de trineos. Aproximadamente nueve divisiones se han abierto ya paso. Nuestro XXIII Cuerpo está aislado, cercado y puede ser abastecido sólo por el aire. El VI Cuerpo, gracias al cielo, ha logrado establecer y mantener un nuevo frente defensivo al oeste y sudoeste de Rzhev.”

Blaurock recorrió las flechas rojas con su mano. “Las puntas de lanza soviéticas –caballería, si les interesa- ya se encuentran al oeste de Vyazma sobre la autopista de Moscú, la arteria de todo el Grupo de Ejércitos Centro. Pero hasta ahora estas fuerzas no parecen ser muy poderosas y no representan el problema principal. Mucho más difícil en este momento es la situación aquí.” Y Blaurock ha señalado una maraña de anillos y flechas rojas situada a unos 50 kilómetros al sudoeste de Rzehv.

Columnas de infantería soviética marchan en la retaguardia alemana.

“Como ven,” continuó, “poderosas fuerzas soviéticas han girado hacia Sychevka por detrás de las unidades más avanzadas de los Ejércitos Soviéticos 29º y 39º. Claramente, los rusos pretenden tomar la ciudad, rodar hacia el norte, y cercar a todo el Ejército. En este momento están combatiendo por la línea de ferrocarril a Rzhev. Si la capturan, los suministros de todo nuestro Ejército quedarán interrumpidos. Todos nuestros suministros y refuerzos dependen de esta línea. Si Sychevka cae, nos encontraremos sin posibilidades de maniobrar. Los rusos, caballeros, ya se encuentran en el umbral de nuestra puerta. Sus puntas de lanza ya han penetrado hasta los almacenes ferroviarios, pero por suerte están ocupados saqueando. Digo por suerte, porque el borde de la ciudad lo defienden tan sólo unidades de emergencia apresuradamente organizadas a partir de mensajeros y conductores de camiones de suministros al mando del Coronel Kruse, Jefe de la Artillería del Ejército. En el límite del andén de mercancías se encuentra su 6ª Compañía del 1º Regimiento de Infantería, que llegó justo antes de la medianoche.”

El Mayor General Krüger, un sajón que se lo tomaba todo con mucha calma y que se alborotaba con facilidad, profirió una palabrota muy empleada por la tropa. Wietersheim asintió y musitó. “Eso es hablar claro.”

El chocolate y el cognac dan la victoria a la Werhmacht en Sychevka.

Media hora después de esta conversación en los cuarteles generales del Ejército en Sychevka, las unidades avanzadas del grupo de combate von Wietersheim entraron en acción contra los soviéticos, que ya se habían establecido en los almacenes ferroviarios y en los cobertizos del enorme depósito de suministros. Las tropas alemanas consistían en unos pocos vehículos blindados y una compañía reforzada del Batallón Motociclista, hombres de la 1ª División de Langensalza y Sondershausen dirigidos por el Teniente Pätzold.

Grupo de combate blindado en movimiento.

Pätzold, que se había abierto paso hasta un cobertizo con un soldado, observaba la estación de mercancías de Sychevka-Norte a través de sus binoculares. “Está tan abarrotado como la Feria Michaelmas,” exclamó sorprendido.

Los motociclistas sacudían sus armas contra sus cuerpos para mantenerse calientes. El teniente volvió y se subió a su motocicleta. “¡Adelante!” La escena entre los cobertizos y las casas de almacenes de la estación de mercancías parecía un recinto ferial. Los rusos estaban arrastrando cajones y cajas de comida sacadas de los cobertizos y estaban deleitándose con los productos que encontraban. Las raciones especiales para los aviadores y las dotaciones de tanques, en particular, recibieron su aprobación – chocolate, galletas y fruta deshidratada. Pero las patas de cerdo en gelatina, las salchichas de hígado y las conservas de pescado también eran también recibidas entre alaridos de placer. Abrían las latas con sus bayonetas y sin cesar probaban una detrás de otra. “Papushka, mira esto – pruébalo.”

¡Luego estaban los cigarrillos! “Mira cómo huele esto – no tiene nada que ver con el olor a tinta de impresión de nuestro makhorka

Pero de lejos, la mayor atracción magnética la ejercía el cognac francés. Los soldados. Los soldados soviéticos rompían los cuellos de las botellas y engullían el magnífico licor, el cual, en comparación con su áspero vodka, parecía tan maravillosamente suave como el té dulce.

Los rusos se estaban alegrando. Ya no sentían los 40 grados bajo cero. Se estaban olvidando de la maldita guerra. Rompieron a cantar. Brindaban. Se abrazaban y se besaban los unos a los otros. Ningún centinela dio la señal de alarma. Ni un solo rifle fue disparado. Pero, de pronto, los ráfagas del fuego de ametralladora de los motociclistas de Pätzold barrieron los cobertizos. Las granadas estallaron. Las metralletas escupieron sus balas desde los vehículos de infantería. En un ataque de pánico, los soviéticos huyeron. No llegaron muy lejos. Cayeron en el fuego de ametralladora y murieron entre la comida enlatada y los cigarillos, entre el cognac Hennessey y las latas de galletas.

Pila de cadáveres soviéticos.

Si uno quisiera expresarlo frívolamente, uno entonces tendría que decir que la primera victoria alemana en Sychevka fue ganada gracias al chocolate y al cognac francés. Sólo porque los rusos se encontraban tan ocupados con su precioso botín, pudieron las débiles unidades de la 1ª División Panzer tener éxito en arrebatarle a un enemigo muy superior los vitales almacenes ferroviarios.

Durante los dos días siguientes, llegaron nuevos elementos de la 1ª División Panzer. Junto con el 337º Regimiento de Infantería, transportado por aire desde Francia hasta Rusia, expulsaron al enemigo de los alrededores de Sychevka y restablecieron la conexión con la pista de aterrizaje de Novo-Dugino al sur de la ciudad, durante la Luftwaffe había estado entablando un combate defensivo en erizo durante varios días. Las compañías de panaderos rodeadas, atrincheradas en torno a sus enormes hornos de cocción, y una compañía de señales del Ejército severamente presionada, fueron liberadas de su cerco. Los contraataques soviéticos fueron rechazados con éxito.

Model asume el mando y el Noveno Ejército resucita.

Unos pocos días después de su primera conferencia en los cuarteles generales del Noveno Ejército, el comandante y el jefe de operaciones de la 1ª División Panzer fueron convocados de nuevo por el jefe de operaciones del Noveno Ejército para ponerse al corriente con las intenciones del Ejército en lo que respectaba a la lucha por Rzhev y Sychevka. Acababan de intercambiarse los saludos cuando se escuchó una puerta cerrarse de un golpe fuera – la puerta de un Kübelwagen (jeep alemán). Se gritaron palabras de mando. Un ordenanza entró en la estancia y anunció: “General Model.”

El General Model.

Vestido con un abrigo de tres cuartos de largo, con orejeras pasadas de moda pero prácticas sobre sus orejas, calzado con botas altas blandas y el indispensable monóculo encajado en su ojo derecho, el nuevo Comandante en Jefe penetró en la estancia. El hombre irradiaba energía y audacia. Estrechó las manos de los oficiales. Dejó su abrigo, capa y orejeras sobre una silla. Frotó su monóculo, que se había empañado por el calor de la habitación. Entonces, prestó atención al mapa de situación. “Un verdadero jaleo,” dijo con sequedad, y estudió brevemente las últimas entradas.

“Ya ha informado a los caballeros en grandes líneas acerca de los principales problemas,” informó Blaurock. “Lo primero que el Noveno Ejército debe hacer es estabilizar la situación en torno a Sychevka y asegurar la línea ferroviaria Rzhev-Sychevka-Vyazma. Después de la estabilización de la propia Sychevka, gracias a la 1ª División Panzer, las unidades avanzadas de la División Motorizada SS Reich están llegando en este momento.”

El General der Panzertruppen Model, un gallardo comandante sobre el terreno así como un oficial de estado mayor fríamente calculador, asintió. “Y entonces, lo primero que habrá que hacer será cerrar la brecha aquí arriba.” Llevó su mano sobre las amplias flechas rojas que indicaban las penetraciones rusas al oeste de Rzhev entre Nikolskoye y Solomino. “Tenemos que cerrar el grifo de suministros de esas divisiones rusas que han logrado penetrar. Y desde aquí abajo” –Model señaló Sychevka- “atacaremos a continuación el flanco ruso y los atraparemos en una horca.”

Krüger y Wenck estaban impresionados ante tanto optimismo. Blaurock resumió su sorpresa con la cautelosa pregunta: “¿Y qué nos ha traído, Herr General, para esta operación?”

Con calma, Model contempló a su Jefe de Operaciones del Ejército y dijo, “A mí mismo” Entonces, estalló en carcajadas. Con gran sentido de alivio, todos se unieron a la carcajada. Era la primera vez en muchos días en que la carcajada en voz alta y alegre se escuchaba en la sala de mapas de los cuarteles generales del Noveno Ejército en Sychevka. Un nuevo espíritu acababa de instalarse.

Model visita a sus tropas.

Fue una cosa extraña, pero lo cierto es que desde el momento en que Model asumió el mando del Ejército, los regimientos parecieron recuperar fuerzas. No se trató sólo de la escueta precisión de las órdenes del nuevo Comandante en Jefe, sino también que era capaz de aparecer en persona en cualquier sitio. Mientras el Coronel Krebs, su jefe de estado mayor, se quedaba en Sychevka ocupándose de asuntos de estado mayor, Model se encontraba en el frente. De pronto saltaría desde su vehículo de mando ante los cuarteles generales de un batallón, o aparecería a caballo a través de la profunda nieve en primera línea, animando, reprendiendo, criticando e incluso en ocasiones cargando contra las penetraciones enemigas a la cabeza de un batallón, pistola en mano. Este eléctrico general estaba en todos lados. Incluso allí donde no se sentía su presencia.

Fue en gran parte esa presencia la que decidió la batalla inminente. Para entenderlo, uno debe saber qué fue lo que condujo a ella.

Un tren blindado improvisado entre Rzhev y Sychevka.

Tan pronto como el 8 de enero, el Coronel General Strauss había tratado de cerrar la brecha en el norte. Las unidades de la reforzada Brigada de Caballería SS Fegelein al mando del SS Obersturmbannführer (Coronel) August Zehender había sido desviada al este desde el área de Nelidovo y había organizado el ataque vía Olenino. Unidades del VI Cuerpo de Rzhev habian atacado hacia el oeste para encontrarse con ellos. Pero los rusos eran demasiado fuertes en el área de la penetración, y las fuerzas alemanas demasiado débiles. El contraataque del grupo de combate Zehender había quedado completamente paralizado durante varias horas por una terrible tormenta de nieve, y en consecuencia fue incapaz de obtener el éxito ante varias brigadas soviéticas. Al este de Olenino, el ataque fue detenido también. El intento de cerrar la brecha había fallado. Con la intención de repetir el intento con fuerzas más poderosas, el Grupo de Ejércitos Centro había retirado a la 1ª División Panzer de la línea Ruza y la había enviado a Rzhev. Fue un movimiento afortunado. Porque, como resultado, la división pudo ser reconducida rápidamente a Sychevka para aplacar la situación crítica que había surgido allí.

Esquiadores alemanes en posición de tiro.

Pero limitarse a defender las áreas mantenidas no llevaba a ningún sitio. “Atacad, recuperad la iniciativa, imponed vuestra voluntad al enemigo.” Ésa era la receta de Model. Los soldados de la 1ª División Panzer Turingia, de las antiguas poblaciones del centro de Alemania como Weimar, Erfurt, Eisenach, Jena, Sondershausen y Kassel hicieron de la necesidad virtud: puesto que carecían de tanques, las dotaciones de tanques se transformaron en soldados de infantería sobre esquís.

El Teniente Darius, que meses atrás había combatido en las Colinas Duderhof ante Leningrado, se encontraba al mando de una “compañía de esquiadores” que operaba en silencio. Mediante ataques audaces y operaciones de patrulla, sus hombres proporcionaban cobertura a los destacamentos de ingeniería que se encontraban continuamente ocupados reparando el tramo de vía entre Sychevka y Rzhev, un objetivo favorito para las unidades de sabotaje rusas.

Esquiadores alemanes en pleno combate.

Pero se trataba de un tramo de línea bastante largo. Al Comandante Richter, al mando del 2º Batallón del 4º Regimiento Flak (Antiaéreo), se le ocurrió entonces un método poco convencional para proteger el vital tráfico ferroviario hasta Rzhev. Llevó a sus hombres a Rzhev a construir una especie de “batería antiaérea”: sobre un cierto número de vagones planos montó dos cañones antiaéreos de 88 mm, cuatro ametralladores y dos cañones ligeros de 2 cm. Los cañones de artillería antiaérea fueron instalados, los vagones fueron enganchados a una locomotora y el “tren blindado” casero fue manejado por una tripulación de cuarenta hombres al mando del Teniente Langhammer.

Este tren llevó a cabo un servicio de ida y vuelta entre Rzhev y Sychevka. En primer lugar, por petición urgente del oficial de transporte en servicio, rodó al sur para recoger un tren de municiones. Cuando recibió su primer encargo, se dice que el Teniente Langhammer preguntó dubitativo, “¿No cree que un U-Boot sería más adecuado?” Pero los artilleros antiaéreos del “tren blindado Flak,” que pronto sería famoso en todo el sector, desempeñaron su tarea admirablemente.

Tren blindado alemán.

Físicamente, el servicio a bordo del “tren blindado” desprotegida era una auténtica tortura. El viento de cara provocaba que la temperatura en la superficie de las armas y dentro de los vagones planos cayera a 50 e incluso 58 grados bajo cero. Los sordos vigías sobre la locomotora llevaban máscaras de cuero sobre sus rostros porque de otro modo sus narices y mejillas se habrían congelado en cuestión de minutos. En frente de sí, la locomotora empujaba varios vagones de mercancías para actuar como “detectores de minas.”

Una y otra vez el tren “blindado” dispersó poderosos destacamentos de sabotaje enemigos que se habían abierto camino hasta el terraplén del ferrocarril. Además, la batería sobre ruedas trajo trenes de suministro a Rzhev, seguida por un convoy detrás de ella, asegurando así suministros vitales durante las primeras y más difíciles jornadas.

Las tornas se vuelven contra los soviéticos.

Las cosas no eran para nada prometedores para los soviéticos que se habían deslizado a través de las líneas alemanas. Idea de esto lo arroja un vistazo al otro lado del frente.

Soldados soviéticos arrastran su ametralladora pesada.

Sergey Kambulin, un teniente de veintiséis años al mando de la compañía de ametralladoras de un regimiento de fusileros de la 381ª División de Fusileros, apremiaba a sus hombres a seguir avanzando. “Davay”, gritaba: “¡moveos, no os entretengáis!”

Gruñendo, los hombres hicieron de tripas corazón y empujaron dos cañones de infantería alemanes capturados. Los caballos habían muerto de hambre y frío. En cuenta a los hombres de la compañía, dos, tres, o algunas veces cuatro e incluso más, caían cada día.

Avanzaban a lo largo de un ancho sendero de nieve aplastado por los tanques. Las orugas habían dejado la nieve tan dura como el cemento. Pero también la habían dejado tan pulida como una pista de patinaje en el parque de Leningrado. Con gran esfuerzo, los hombres siguieron avanzando a trancas y barrancas. Uno de ellos preguntó, “¿Cuál es el nombre de ese pueblo de allí, Camarada Teniente?”

Kambulin consultó su mapa. “Solomino,” dijo. Con el pulgar y el índice midió las distancias sobre el mapa. “Ya estamos a 35 kilómetros al oeste de Rzhev, moviéndonos hacia el sur. ¿Sabéis lo que eso significa? ¡Significa que estamos atacando la retaguardia de los fascistas!”

En Solomino se encontraba el punto de penetración más occidental de la gran brecha a través de la cual la compañía de Kambulin avanzaba hacia el sur. El punto de penetración lo cubrían cañones antitanque y morteros pesados de 15,2 cm. A un centenar de metros de distancia a la derecha de la compañía una columna de suministro hipomóvil se movía por la carretera. Las cocinas de campaña humeaba. Esperanzados, los hombres de Kambulin clavaron sus ojos en ella. No habían comido nada caliente desde la tarde anterior. Eran las 11:00 horas.

El día anterior, 21 de enero, el Teniente Kambulin había recibido al fin un par de botas de fieltro. Se había negado a aceptar un par hasta que todos y cada uno de los hombres de su compañía hubiera sido provistas de ellas. El termómetro se mantenía en los 45 grados centígrados bajo cero.

“Dicen que los alemanes todavía están caminando con botas apretadas de cuero – algunos de ellos incluso con botas de tela,” comentó uno de los soldados, un joven maestro de pueblo. “Espero que los muy bastardos se congelen hasta morir,” Kambulin gruñó.

“¡Aviones enemigos!” gritó un hombre. Todo el mundo se dispersó y echó cuerpo a tierra sobre la nieve. Un cazabombardero alemán ya abría fuego contra ellos con su cañón. En la distancia, los aviones alemanes causaban estragos entre las columnas de suministro soviéticas.

Poco después aparecieron los cazas soviéticos. Pero los cazas alemanes llegaron casi simultáneamente y persiguieron las máquinas soviéticas.

La artillería pesada alemana abre fuego.

Desde el oeste provino el trueno de la artillería alemana. Las explosiones de los proyectiles caían lejos de la compañía de Kambulin, pero se fueron acercando, cayeron en horcajadas entre los pelotones y continuaron arrastrándose hacia el este. Lo peor había terminado. Kambulin se incorporó. ¿Qué demonios estaba sucediendo? La columna de suministros se retiraba apresuradamente. Las ametralladoras traqueteaban. Desde el oeste llegó la infantería en línea quebrada, vistiendo ropa de camuflaje blanca. Entre ella avanzaban grandes tanques sin cúpula.

“Eso son cañones de asalto alemanes – cañones alemanes autopropulsados”, se dio cuenta Kambulin. El maestro de escuela también gritaba: “¡Son los alemanes, Camarada Teniente!”

Con calma, el Teniente Kambulin impartió sus órdenes. Las secciones se dispersaron. En seguida, las primeras salvas de metralleta cayeron sobre el enemigo. Los dos cañones ligeros que les habían capturado a los alemanes ladraban. Los alemanes al otro lado se cubrieron en la nieve. Se les vio hacer gestos y señales a su retaguardia. Estaban llamando a sus cañones de infantería. La batalla de Model por el gran área de penetración soviética al oeste de Rzhev acababa de comenzar.

La batalla final por Rzhev.

La Batalla por Rzhev.

El nuevo Comandante en Jefe del Noveno Ejército había lanzado la segunda fase de su operación contra los Ejércitos Soviéticos que habían penetrado el frente alemán. Lo había hecho a 45 grados bajo cero, una temperatura capaz de congelar el aliento de un hombre.

Los comandantes de regimiento y división le habían pedido a Model posponer la fecha del ataque debido al terrible frío. La respuesta de Model había sido: “¿Por qué, caballeros? Mañana o al día siguiente no hará más calor. Los rusos no están deteniendo sus operaciones.”

Ataque – eso es el elemento de Model. Su gran logro en enero de 1942 consistió en llevar al Noveno Ejército de una situación sin esperanza de desesperadas defensas en erizo a lo largo de todo el frente hasta una contraofensiva de liberación con centros de gravedad claramente definidos.

Los soldados soviéticos, a la defensiva.

El plan de Model era simple. Desde Sychevka hizo que la reforzada 1ª División Panzer y unidades de la recién llegada División Motorizada SS Reich rodaran hacia el noroeste, en dirección a Osuyskoye, para golpear el flanco de las formaciones soviéticas más avanzadas.

Veinticuatro horas más tarde, el 22 de enero, Model dio orden al VI Cuerpo de atacar desde el área al oeste de Rzhev, avanzando en dirección oeste hacia la zona de penetración soviética, recayendo el peso principal de esta operación en la 256ª División de Infantería, reforzada con batallones pertenecientes a otras cuatro divisiones, artillería, Panzerjägers y cañones antiaéreos.

Simultáneamente, el XXIII Cuerpo –rodeado en Olenino- atacó desde el oeste con la 206ª División de Infantería, la Brigada de Caballería SS Fegelein y el 189ª Batallón de Cañones de Asalto, con el objetivo de lograr una penetración y enlazar con las formaciones del VI Cuerpo que venían desde el este. Los hombres que de hecho se estaban enfrentando inesperadamente al Teniente Kambulin pertenecían al Grupo de Combate SS Zehender: de hecho, jinetes empleados como infantería, junto con algunos cañones autopropulsados de la “Ritter Adler Brigade” – la 189ª Brigada de Caballeros Águila. En vano trató Kambulin de detenerlos. Dos días más tarde, una patrulla alemana lo encontró muerto en la nieve, rodeada por su compañía acribillada.

La contraofensiva de Model.

Kambulin, gravemente herido, se había congelado hasta la muerte. Poco antes de morir anotó una última entrada en su diario: “Los cañones de asalto alemanes son un arma mortífera. No tenemos defensa contra ellos.”

El ataque alemán de dos mandíbulas contra el área de penetración soviética entre Nikolskoye y Solomino, una operación organizada con el último resquicio de fuerza con que contaba el Noveno Ejército, había tenido éxito. El VIII Cuerpo Aéreo a las órdenes del General Wolfram von Richtofen aplastó las posiciones antiaéreas y de artillería soviéticas en la zona de penetración. Los morteros pesados hicieron trizas los cañones antitanques soviéticos. A las 12:45 horas de ayer, 23 de enero, las puntas de lanza del XXIII Cuerpo y del Grupo de Combate Recke del VI Cuerpo se daban la mano.

El XXIII Cuerpo, por su parte, fue capaz también de restablecer las comunicaciones físicas con el Noveno Ejército aunque, por el momento, sólo a través de una estrecha franja de terreno. Las dos “carreteras de nieve” tendidas por los soviéticos a través del Volga quedaron cortadas, y los Cuerpos Soviéticos pertenecientes a los Ejércitos 29º y 39º quedaron aislados de sus comunicaciones de retaguardia y de toda fuente de suministro.

El frente del Noveno Ejército, restablecido.  

Ha sido un gran momento para Model. Ha recuperado la iniciativa sobre el campo de batalla entre Sychevka y el Volga y no tienen intención de cederlo de nuevo. El siguiente paso que el nuevo Comandante en Jefe ha dado ha sido reforzar la recién conseguida conexión terrestre entre los Cuerpos VI y XXIII. Naturalmente, los soviéticos tratarán desesperadamente de volver a atravesar la barrera y restablecer las comunicaciones con las nueve divisiones que han llevado a cabo la penetración original. Eso debe ser evitado.

Para esta tarea, Model ha escogido a su mejor hombre. Como siempre que tiene una asignación operativa particularmente difícil, Model ha sabido escoger al mejor hombre para la tarea – en este caso el SS Obersturmbannführer (Coronel) Otto Kumm, oficial al frente del Regimiento Der Führer de la División SS Das Reich. Junto con su regimiento, Kumm ha sido enviado al Volga, al lugar exacto donde el 29º Ejército Soviético había cruzado el río helado.

“Resista a cualquier precio,” ha sido la orden que Model le ha dado a Kumm. “A cualquier precio,” le ha repetido el general con énfasis.

Kumm ha saludado. “Jawohl, Herr General!” ¿Será capaz de resistir, tan sólo con un regimiento? ¡Claro que sí! ¡Por algo son soldados de las Waffen SS!

Es lebe der General der Panzertruppen Walther Model!
Sieg um jedem Preis!

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