viernes, 19 de marzo de 2010

Conclusiones de la misión de Sumner Welles – 19/03/1940.

Camaradas,

Sumner Welles terminado hoy la última parada de su misión en Europa tras pasar tres día en Italia durante los cuales ha mantenido diversas reuniones con el Rey Victor Manuel III, el Duce y el Ministro de Asuntos Exteriores italiano Galeazzo Ciano.  Más que del contenido de estas reuniones, intrascendente en sí mismas, hoy reproduciremos el contenido del informe de conclusiones altamente confidencial que Sumner Welles ha redactado para su Presidente, en el que expone su visión general de la situación europea y que nos va a servir de colofón a lo que ha sido esta "intromisión" norteamericana en un conflicto que, en teoría, se aleja mucho de lo que debería ser su zona natural de intereses.

El sexualmente reprimido Sumner Welles, emite juicios de valor sobre la situación política europea.  "Paja en el ojo ajeno y viga en el propio..."

De todas las muchas afirmaciones que se me han hecho en las conversaciones que he mantenido, la afirmación que más a menudo he recordado ha sido la frase que el Ministro de Asuntos Exteriores francés Paul Reynaud empleó en mi última charla con él, cuando dijo, “Si se desea evitar la catástrofe, se requiere un arte de gobernar audaz (daring statemanship).” Eso, creo, es incuestionablemente cierto. Si la presente situación continúa navegando a la deriva, sin que importe si en el futuro inmediato se desencadena una guerra de devastación o no, dudo que la presente generación vuelva a ver de nuevo un mundo en el que exista ninguna seguridad nacional, física o económica.

Lo que es imperativamente necesario es un arte de gobernar del más alto carácter, marcado por la visión, el coraje y la audacia.

No he vislumbrado señales de un arte de gobernar de ese tipo en ninguno de los países que he visitado, ni conozco a ninguno de ese carácter en ningún otro país europeo.

No creo que exista la más mínima posibilidad en este momento de una negociación exitosa para una paz duradera si la base para tal negociación se convierte en una cuestión de reajuste político y territorial –aquella “mera paz política” sobre la que Mussolini tanto ha insistido- o el problema del reajuste político. Aquellos dos problemas deben ser resueltos antes de que ninguna paz duradera pueda hallarse, pero a mi entender son complementarios y subordinados.

El problema básico que siento es el problema de la seguridad, inseparablemente unido al problema del desarme.

Creo que hay una ligera posibilidad para la negociación de una paz duradera si el ataque hacia la paz se hace sobre la cuestión de la seguridad.

El ingenuo Sumner Welles invoca la utopía del desarme en pleno mes de marzo de 1940.  Una iniciativa que tiene toda la pinta de prosperar en este momento de la Historia, sí señor.

Si a las grandes potencias de Europa –incluso excluyendo a Rusia- se les pudieran mostrar medios prácticos de obtener seguridad y desarme, ni la necesaria paz política ni la base económica esencial para una paz real ofrecerían, a mi juicio, un obstáculo insuperable.

Mientras que Hitler y su régimen permanezcan en el poder en Alemania el hallazgo de alguna esperanza de paz real consitituye una tarea de gran magnitud.

El pueblo alemán está viviendo una vida que parece la existencia de gente de otro planeta. Para ellos las mentiras se han vuelto verdades; lo malo, bueno; y la agresión, defensa propia. Sin embargo, detrás de todo eso, lo que en verdad reclaman es seguridad, la oportunidad de vivir vidas razonablemente felices y la paz. Estoy completamente de acuerdo con Mussolini de que nadie en este tiempo desea la guerra. Si el pueblo alemán hoy está unido detrás de Hitler en la guerra –como percibo que está la mayoría- creo que eso es sólo porque sinceramente temen que su propia seguridad esté amenazada.

El planeta Nacionalsocialista de prosperidad: tierra alienígena para los súbditos de las plutocracias imperialistas.

La única ligera esperanza de paz antes de que Europa se hunda en una guerra de devastación o se arrastre en una larga guerra de desgaste, y tanto en cuanto el régimen Nacionalsocialista permanezca en el poder en Alemania, es el acuerdo por parte de las grandes potencias de Europa en torno a un plan practicable de seguridad y desarme. Esto sería el “milagro” sobre el cual ha hablado el Señor Chamberlain que convencería a Gran Bretaña y a Francia una vez más a negociar con Hitler.

La iniciativa, en un intento semejante, no podría venir de Europa. El Papa, me temo, está desanimado y, en cierto sentido, confundido. La mente del Vaticano se concentra en cuestiones políticas y territoriales. Atribuye muy poca importancia a la cuestión de la seguridad y del desarme o los aspectos económicos del problema.

Mussolini tiene una asociación demasiado fuerte con Hitler.

Sólo permanecen los Estados Unidos, apoyados por otros estados neutrales, en particular los del Nuevo Mundo.

Si llegara el momento en que el Gobierno de los Estados Unidos sintieran la posibilidad de moverse en esa dirección, tengo confianza en que tanto el Vaticano como Mussolini apoyarían la iniciativa.

No deja de ser sorprendente este afán del Gobierno norteamericano por entrometerse y acudir allá donde no es requerida  su presencia.  Por su bien, quiera Dios que el futuro no lo enfrente al Reich, porque entonces el pueblo norteamericano derramará su sangre por un conflicto al que nadie lo llamó.

Sieg Heil!

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