sábado, 13 de marzo de 2010

Alto el fuego en Finlandia – 13/03/1940.

Camaradas,

A pesar de la llegada de la paz en Finlandia, la guerra ruge en las primeras horas de la mañana. La lucha es de lo más fiera en Viipuri, donde el Ejército Rojo ha alcanzado los suburbios orientales y en la costa occidental de la Bahía de Viipuri. La ferocidad de la lucha se intensifica por la creencia común entre los defensores que la frontera de la posguerra la determinará la línea por la que discurra el frente al final de la guerra. Los finlandeses defienden cada pulgada de terreno creyendo que la forma y tamaño de la Finlandia de la posguerra depende de ellos. Para la llegada del amanecer los hombres reciben la noticia de que la guerra terminará a las 11, e incluso el Ejército Rojo parece mostrar signos de querer tomarse las últimas horas con tranquilidad. Pero, cuando la última media hora comienza, la artillería soviética de pronto comienza a disparar unas andanadas terribles sobre las posiciones finlandesas. Continúa hasta el último minuto de la guerra. Entonces todo termina. Los 105 días de la Guerra de invierno han terminado. El Ejército finlandés todavía está en pie, batido pero intacto. En ningún punto de Carelia ha sido capaz el Ejército Rojo de alcanzar la nueva frontera.

Situación del Frente del Istmo en el momento del armisticio.  ¡Viipuri resiste!

El destacamento del Comandante Lasee Varko ha luchado en las amargas batallas de la costa occidental de la Bahía de Viipuri. En su mensaje a las tropas comunicándoles la llegada de la paz, el Comandante Varko les ha instruido que “para las 11 de la mañana hay que matar tantos rusos como sea posible sin incurrir en pérdidas propias.” En su orden del día a sus tropas después del final de la guerra, el Comandante del II Cuerpo Teniente General Harald Öhquist ha añadido las palabras: “Uno nunca puede en ninguna situación fiarse de nuestro archienemigo.”

Väinö Tanner durante su alocución radiofónica. "Debemos olvidar el pasado y mirar hacia el futuro."

La guerra deja un inmenso legado de amargura. La declaración de Molotov según la cual la Unión Soviética no ve razón para que sus relaciones con Finlandia no puedan ser buenas, rechina en los oídos finlandeses. Se teme, y con razón, que Stalin sólo aguarda la oportunidad de comenzar una nueva guerra con el resto de Finlandia. En un discurso que el Ministro de Asuntos Exteriores Väinö Tanner ha dirigido por radio a la nación impactada, ha dicho: “En realidad, nuestro único fallo ha sido que somos un pueblo demasiado pequeño.” La paz ya se conoce en Finlandia como la paz interim (välirauha). Todo el mundo espera que llegue otra guerra en forma de una nueva invasión soviética.

Las banderas de Finlandia, a media asta.

Para los hogares la severidad del Tratado de Paz ha caído como un rayo. La estricta censura les ha mantenido ignorantes de lo desesperada que era de hecho la situación y el pueblo estaba esperando con confianza la ayuda de los Aliados. Ahora se ha hecho la paz, una paz inesperadamente dura. Por todo el país las banderas nacionales ondean a media asta, a menudo acompañadas por crespones negros de luto. El humor oscila entre la incredulidad y el enfado. La opinión popular finlandesa siempre ha acariciado la idea de Finlandia como el bastión del Oeste contra el comunismo soviético. Pero Finlandia ha tenido que luchar sola. Ni los Aliados ni Suecia ni Noruega le han prestado una ayuda verdadera que hiciera oscilar la balanza en su favor.

No hay duda de que la Guerra ha penetrado en la conciencia nacional finlandesa. De ahora en adelante serán los “Ciento Cinco Días de Gloria” durante los cuales la nación unánimemente ha luchado contra la invasión soviética y salvado a la nación de los horrores del comunismo.

Es lebe Finnland!

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