El peligro de una invasión a través de los mares.
Es lebe Nationalsozialismus!
Diario de la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista de la Alemania Nacionalsocialista.
razas, culturas, ideologías y religiones convivan en armonía y respeto, sin jamás enfrentarse entre ellas ni perseguir otra cosa que no sea el bienestar común, el final de las guerras, el amor sin fin y la felicidad de todos los seres humanos en la tierra. Un mundo habitado por popples de colores, vamos.
Límites actuales de Alemania - Großdeutschland (en amarillo, incluyendo el Gobierno General de Polonia).
Imperio británico.

Imperio francés.
En vista a estas elocuentes imágenes de geografía política ahora cabe hacer las siguientes preguntas: ¿Es Alemania el Imperio que somete al mundo bajo su bota? ¿Es Alemania la que pretende mantener territorios lejanos bajo la fuerza de las armas? ¿Es Alemania la que expolia los vastos recursos de un Imperio colonial ultramarino? ¿Es Alemania la que somete a centenares, a miles de pueblos y razas distintos al suyo, negándoles los derechos de que disfrutan los ciudadanos de la propia Alemania? ¿Es Alemania la que ha impuesto su hegemonía, sus costumbres, su sistema de gobierno, sus modas, sobre las tres cuartas partes del planeta? No, no y no.
Que se lo anoten bien: el Führer no ha iniciado una guerra de conquista. La intención del Führer ha sido la de unir a todos los alemanes bajo la misma bandera. El Sarre, Austria, los Sudetes, Danzig, Silesia… territorios alemanes con población alemana que se siente muy feliz de haber vuelto al país que es como ellos y que habla como ellos. ¿Por qué no convocan plebiscitos en la India, Egipto, Argelia, Indochina o Iraq? ¿Acaso tienen miedo de la libre “expresión de su voluntad”?
No sabemos muy bien en virtud a qué milagro ha podido tener éxito esa inmensa patraña que las democracias han erigido en torno a sí y que hace que tantas personas la consideren abanderada de libertad, paz y progreso. Probablemente se deba a que desde hace ya varias generaciones los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales de todo el mundo hayan estado en manos de estados (y empresarios) capitalistas y hayan logrado así manipular la información a su conveniencia, de la misma manera que Hollywood ha convencido a medio mundo de que los pieles rojas fueron los despiadados invasores de los territorios del hombre blanco. Sea cual sea el motivo, lo cierto es que las democracias han tenido éxito en que se las identifique con la libertad, la paz y la concordia, cuando al mismo tiempo mantienen un férreo control militar, social y económico sobre centenares de nacionalidades repartidas por todo el globo. La envidia de Atila y Xerxes.
Imaginémonos que, en el futuro, estas colonias desaparecieran y que en un alarde de generosidad (o más bien, avergonzados por su infamia), las democracias abrieran sus manos tiranas y liberaran a las colonias de su dominio. Las colonias, si de algo pueden presumir, es de su abundancia de recursos. Recursos de los que las industrias capitalistas dependen sobremanera y a los que no tienen acceso en sus territorios. ¿Qué sucederá entonces? Resulta evidente: que los verdaderos valores del capitalismo acabarán imponiéndose efectivamente por encima de esa libertad y esa justicia con la que se llenan la boca y las colonias, aunque ya no lo sean sobre el papel, a todos los efectos lo seguirán siendo. El capitalismo cerrará sobre ellos su tenaza, los sangrará y engordará a su costa, manteniendo ese mismo Orden Mundial que hoy impera y que el Reich está viéndose abocado a desbaratar por el bien y la supervivencia no sólo de sí mismo, sino del mundo entero.
Es lebe Nationalsozialismus!

"Consulta" a mano alzada en el Reichstag sobre la aprobación de la gestión del Führer de la "cuestión polaca".
Somos conscientes de que ante semejante muestra de apoyo unánime por parte de un Parlamento legalmente constituido muchas voces se alzarán, especialmente desde el “frente” de las plutocracias, acerca de lo que para ellos debe constituir un flagrante atentado contra las libertades del pueblo germano y la conculcación de los inalienables derechos de sufragio universal de que toda nación civilizada debería gozar. ¿Cómo puede ser que ni la más leve oposición se haya hecho notar entre los representantes de una nación compuesta por más de 70 millones de ciudadanos?
Quizás debamos dejar de lado el hecho de que la trascendencia del momento pudiera ser de por sí razón suficiente para motivar una reacción tan generalizada. Así como Alemania entera se ha hecho gozoso eco de los últimos éxitos militares y políticos, seguramente tampoco se alzara ninguna voz protestante en el archidemocrático pueblo de Estados Unidos cuando sus atletas se colgaron las medallas en nuestras Olimpiadas. En ambos casos cabe posible considerar al evento en cuestión como plenamente satisfactorio a nivel nacional.
Pero en fin, es cierto, sí, que el gobierno nacionalsocialista, aun consiguiendo altos porcentajes de voto en las elecciones a las que se presentó, tampoco puede decirse que obtuviera un apoyo unánime, de lo cual cabría inferir que sus decisiones y actuaciones tampoco tendrían porqué ser secundadas hoy por la totalidad de sus ciudadanos.
Lo que subyace detrás es un problema de concepto en el que las democracias tienden a incurrir respecto a sus obligaciones para con el Estado. Porque, aun reconociendo que pudieran quedar alemanes hoy que no apoyasen las medidas que el gobierno del Reich ha debido adoptar para resolver sus conflictos fronterizos, lo que un gobierno enfrentado a la grave hora del destino no puede hacer es someterse a las variables voluntades del populacho.
Este problema se fundamenta en varios puntos, siendo uno de los más importantes la naturaleza cíclica de las democracias. En efecto, los proyectos que cada partido presenta a la ciudadanía sólo pueden circunscribirse a los escasos años en los que dura su legislatura. Al término de esos cuatro años, el partido democráticamente elegido deberá entregar el poder y someterlo a sufragio. Imaginémonos que, por algún loco casual, en la Alemania de hoy perviviera todavía el régimen democrático de la República de Weimar y que por un todavía más loco casual en unas hipotéticas elecciones de octubre de 1939 ganase la oposición al NSDAP, obligando al pueblo alemán a firmar una nueva deshonrosa capitulación.

Durante el discurso.
El ejemplo expuesto puede estar fuera de lugar en cuanto que una situación de emergencia nacional tal que una guerra bien podría constituir una excepción que interrumpiera dichos ciclos, incluso en la más tradicional de las democracias y como ya ha sucedido otras veces. Pero este mismo argumento puede aplicarse igualmente a cualquier gobierno democrático en paz. ¿Qué sucede cuando un partido político alcanza el poder en un sistema democrático? Pues que va a pretender perpetuarse en él. ¿Y cómo puede conseguir esto? Con una escala de valores como la que impera en las democracias capitalistas, de un solo modo: mejorando los balances económicos de la nación en el plazo de cuatro años. Esto implica que, durante su legislatura, las miras de un gobierno van a estar centradas única y exclusivamente en la situación económica de su país al cabo de cuatro años, el aumento del PIB, las exportaciones, la producción y la disminución del paro. Sus previsiones, sus medidas, sus esfuerzos, todo, no van a ir más allá de este objetivo. ¿Qué gobernante democrático se atrevería hoy a proponer seis años de austeridad con vistas a obtener frutos al cabo del séptimo año? Lo más probable es que el principal partido de la oposición fuera el que se llevara los laureles tras haberse hecho con el poder tras los cuatro primeros años de contención de gastos.
Esto arroja una lectura inquietante ante problemas que quizás en el futuro deban afrontar las naciones, como la progresiva degradación de sus sistemas productivos, la existencia de activos tóxicos en sus sistemas bancarios, detectables únicamente a largo plazo, el cambio climático, etc, problemas todos que requieren de una previsión y una actuación a largo plazo y que los sistemas democráticos capitalistas, tal y como se hallan constituidos hoy, no están en condiciones de afrontar.
Ante esta situación, nuestro Estado de Derecho se erige en una alternativa que no puede menos que inquietar a las Democracias en tanto que pone en duda el sentido de su propia existencia. Nosotros estamos convencidos que los gobernantes pueden, bien, ser políticos, pero no sólo deben ser políticos. ¿Acaso Platón habló de un sistema de partidos en su República? No, platón habló de filósofos, de hombres de oro nacidos y preparados especialmente para gobernar. Entonces, ¿cómo puede ser que un pusilánime sin educación cuyo único mérito en la vida haya sido haber contraído las amistades adecuadas llegue a convertirse en Ministro de una nación o, peor aún, en su Presidente o Canciller?
Reflexiones estas que dejaremos en el aire por el momento. Lo último que se desea recordar a las voces que sin duda se alzarán a raíz del regreso de nuestro Führer y su comparecencia ante el Reichstag es que, a pesar de todo lo que puedan decirnos, Alemania continúa y continuará más unida que nunca.
Siebzig Millionen, ein Schlag!

Ayer, finalmente, los últimos insurrectos capitularon. La humillación que Versalles cometió en Danzig ha sido enmendada, como ya sucedió anteriormente con el Sarre y tal y como prometiera nuestro Führer. No es posible entender Alemania sin Danzig ni Danzig sin Alemania. Las generaciones venideras podrán ver cómo la ciudad de Danzig, más libre que nunca ahora que ha retornado a la madre patria, lidera el progreso de una Alemania triunfante. Sirva su ejemplo para todos aquellos que insistieron en poner límites al triunfo de la voluntad.
En el futuro, cuando los hijos de nuestros hijos sean adultos y de nosotros no quede sino polvo y el recuerdo renqueante en los libros de Historia, a las naciones que reclaman inalienables derechos sobre territorios que las circunstancias históricas les niegan más les valdrá echar la vista atrás y aprender de la entereza con la que Alemania supo afrontar la humillación de Danzig, de lo que Danzig y Alemania son hoy y lo que con la gracia de Dios entonces serán.
Sieg heil!
Los Danzig de mañana.

El tirano Chamberlain no atiende a las peticiones de paz.
estadísticas económicas, un mundo en el que las poblaciones hambrientas han de migrar de forma masiva a territorios que no les pertenecen por derecho ni por raza y donde no pueden ser aceptados, un mundo de especuladores construido como un inmenso gigante de oro con pies de barro que acaba por derrumbarse en una interminable sucesión de crisis mundiales tal que la vivida en nuestras propias carnes hace escasamente una década. Veo un mundo laico sin estructura ideológica y total ausencia de principios éticos y morales, un mundo en el que los Estados han renunciado a toda fe religiosa renegando de sus tradiciones y culturas milenarias, un mundo en el que los jóvenes sin ideales se dejan llevar por la molicie, la abulia y los vicios y en el que los adultos malviven bajo la presión de unos bancos, epítomes del capitalismo, que han tomado al asalto el Estado y cierran su cepo opresor en torno a los cuellos de sus ciudadanos. Un mundo en el que los ancianos son abandonados en la calle y en el no nacen niños por constituir una propiedad “cara”. Un mundo en el que la vivienda es un privilegio de unos pocos, en el que la pirámide social cada vez es más excéntrica, con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Ése es el mundo que veo entre la bruma, camaradas. Y eso es lo que me entristece.