sábado, 10 de octubre de 2009

Las democracias responden - 10/10/1939.

Camaradas,

Hace unos días nos adelantamos a la respuesta que el tirano Neville Chamberlain ha dado hoy ante la Cámara de los Comunes. Nuestras sospechas se han visto tristemente confirmadas y la guerra que Alemania nunca deseó va a proseguir. La intervención del tirano puede resumirse en el siguiente párrafo:

“Qué Hitler dé orden para que sus tropas salgan de todos los países que han adquirido por la violencia durante los dos últimos años; que restaure la libertad de Polonia y Checoslovaquia y que permita al pueblo austriaco decidir su propio destino mediante un plebiscito con plenas garantías para la expresión de su voluntad. Entonces solamente será posible pensar en negociar la paz con Hitler”.

Unos pocos días antes el amigo del tirano, Eduard Daladier, respondió a la oferta de paz del Führer en estos términos:

"Levantamos las armas contra la agresión. No las bajaremos hasta que tengamos garantías para una paz real y una seguridad, una seguridad que no sea amenazada cada seis meses”.

Qué irónicas resultan estas palabras en la boca de los gobernantes de los más despiadados Imperios que ha conocido la Historia. ¿Libertad? ¿Plebiscito? ¿Paz? ¿Seguridad? Que no nos hagan reír. Parece increíble que estos demócratas realmente crean ser los abanderados de esos valores con que llenan sus bocas babosas. No necesitamos demasiadas palabras para refutarles. Que los lectores de estas líneas vean y entiendan:


Límites actuales de Alemania - Großdeutschland (en amarillo, incluyendo el Gobierno General de Polonia).

Imperio británico.

Imperio francés.

En vista a estas elocuentes imágenes de geografía política ahora cabe hacer las siguientes preguntas: ¿Es Alemania el Imperio que somete al mundo bajo su bota? ¿Es Alemania la que pretende mantener territorios lejanos bajo la fuerza de las armas? ¿Es Alemania la que expolia los vastos recursos de un Imperio colonial ultramarino? ¿Es Alemania la que somete a centenares, a miles de pueblos y razas distintos al suyo, negándoles los derechos de que disfrutan los ciudadanos de la propia Alemania? ¿Es Alemania la que ha impuesto su hegemonía, sus costumbres, su sistema de gobierno, sus modas, sobre las tres cuartas partes del planeta? No, no y no.

Que se lo anoten bien: el Führer no ha iniciado una guerra de conquista. La intención del Führer ha sido la de unir a todos los alemanes bajo la misma bandera. El Sarre, Austria, los Sudetes, Danzig, Silesia… territorios alemanes con población alemana que se siente muy feliz de haber vuelto al país que es como ellos y que habla como ellos. ¿Por qué no convocan plebiscitos en la India, Egipto, Argelia, Indochina o Iraq? ¿Acaso tienen miedo de la libre “expresión de su voluntad”?

No sabemos muy bien en virtud a qué milagro ha podido tener éxito esa inmensa patraña que las democracias han erigido en torno a sí y que hace que tantas personas la consideren abanderada de libertad, paz y progreso. Probablemente se deba a que desde hace ya varias generaciones los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales de todo el mundo hayan estado en manos de estados (y empresarios) capitalistas y hayan logrado así manipular la información a su conveniencia, de la misma manera que Hollywood ha convencido a medio mundo de que los pieles rojas fueron los despiadados invasores de los territorios del hombre blanco. Sea cual sea el motivo, lo cierto es que las democracias han tenido éxito en que se las identifique con la libertad, la paz y la concordia, cuando al mismo tiempo mantienen un férreo control militar, social y económico sobre centenares de nacionalidades repartidas por todo el globo. La envidia de Atila y Xerxes.

Imaginémonos que, en el futuro, estas colonias desaparecieran y que en un alarde de generosidad (o más bien, avergonzados por su infamia), las democracias abrieran sus manos tiranas y liberaran a las colonias de su dominio. Las colonias, si de algo pueden presumir, es de su abundancia de recursos. Recursos de los que las industrias capitalistas dependen sobremanera y a los que no tienen acceso en sus territorios. ¿Qué sucederá entonces? Resulta evidente: que los verdaderos valores del capitalismo acabarán imponiéndose efectivamente por encima de esa libertad y esa justicia con la que se llenan la boca y las colonias, aunque ya no lo sean sobre el papel, a todos los efectos lo seguirán siendo. El capitalismo cerrará sobre ellos su tenaza, los sangrará y engordará a su costa, manteniendo ese mismo Orden Mundial que hoy impera y que el Reich está viéndose abocado a desbaratar por el bien y la supervivencia no sólo de sí mismo, sino del mundo entero.

Es lebe Nationalsozialismus!

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