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miércoles, 25 de enero de 2012

Los esquiadores de la División Azul completan su gesta: Tan sólo regresan 12 de 206 - 25/01/1942.

Camaradas,

El pasado día 10 de enero relatábamos cómo un grupo de 206 esquiadores voluntarios de la División Azul partía a través del Lago Ilmen en una misión de rescate de una unidad alemana al mando del Capitán Günther Pröhl que había quedado cercada en Vzvad durante la contraofensiva de Yeremenko.  El 21 de enero fue narrada la hazaña de la guarnición de Pröhl en Vzvad, su resistencia durante dos semanas ante fuerzas soviéticas muy superiores y su posterior salida hacia la libertad a través del Lago Ilmen.  El emocionante encuentro con los esquiadores españoles coronó la narración.  Entonces obtuvimos una visión clara y pormenorizada de los avatares que vivieron los hombres de Pröhl, pero apenas supimos nada de cómo habían conseguido los españoles atravesar el Lago Ilmen y abrirse paso a través de las líneas enemigas hasta establecer contacto con los alemanes.  Por ello, hoy veremos el otro lado de la acción: la hazaña de los esquiadores españoles, con tintes verdaderamente épicos que ya la han hecho pasar a los anales de la Historia como una de las más grandes gestas de esfuerzo y sacrificio emprendidas jamás por una compañía de voluntarios.

El pasado día 10 dejábamos a nuestros camaradas de la División Azul en plena travesía a través del hielo, soportando temperaturas más allá de los límites de la resistencia humana, sorteando grietas en el hielo y padeciendo un sinfín de penalidades, pero decididos a cumplir su misión y rescatar a sus camaradas alemanes...

La gesta a través del Lago Ilmen de la compañía de esquiadores de la División Azul.

En la orilla sur del Lago Ilmen.

La brújula ha vuelto a estropearse. La columna avanza sin rumbo y es muy probable que éste derive equivocado durante las últimas horas. Por lo que la columna que progresa trazando enormes curvas y hasta círculos en su afán de hallar accesos entre los altos taludes de hielo, corre el riesgo de ir a parar a territorio enemigo.

Los soldados españoles deben seguir avanzando entre riscos y barrancales de cristal, dunas y ventisqueros. Aún deberán marchar horas y más horas con la nieve a la cintura, tropezando con nuevos parapetos de hielo que tienen que bordear, soslayando además gruesos troncos de abedul arrastrados desde la orilla y apresados entre brazadas de maleza, arbustos, lianas y tierra de aluvión. Siguen perdiéndose trineos y caballos succionados en las quebraduras del hielo y arrastrados por la corriente interior. Y continúan desertando los conductores de los carruajes al embozo de las tinieblas.

El teniente Otero de Arce da orden de alto; ordena a su asistente, Ángel Marcos Rivero, que enlace deprisa con la 1.º Sección: "Dile al teniente Castañer que envío un par de patrullas para explorar el terreno y establecer contacto con el enemigo."

El teniente Castañer los ve partir hacia el Sur; seis hombres por un lado, cuatro por el otro. El primer grupo va encabezado por Mariano Sánchez Covisa; el segundo, Ramón Valentí Abadía.

Sánchez Covisa emprende la descubierta en solitario una vez llegado su grupo cerca de la orilla; gana la altura y se arrastra unos metros en lo que ya se supone tierra firme, aunque todo es hielo y nieve. Ve unas isbas y hacia ellas se dirige reptando. Percibe voces humanas, hablando en alemán. Puede ser una trampa. Pero tiene que actuar; empuña una granada de mano y carga contra la puerta que cede con estrépito. Da el alto en alemán y observa con máxima tensión el terror reflejado en los rostros de los tres ocupantes que ha provocado su inesperada irrupción.

Pronuncia con urgencia: "Kameraden." Baja el brazo que sostiene la granada y continúa: "¡Spanien, Spanien! ¡Spanien, Kameraden! ¡Blaue Division!"

Los tres soldados alemanes creen ver visiones. Se aproximan a Covisa con recelo: "¿Spanien?"

No dan crédito a sus ojos. Piensan que ha llegado un fantasma.

Son elementos de la 81.ª División.

El asistente Marcos García García informa al teniente Castañer que han contactado con soldados alemanes destacados en la aldea de la orilla, Ustrika se llama. Eso significa que la columna se ha desviado considerablemente de la ruta prevista. Brumas, ventisca, acantilados, fisuras, ventisqueros y el fallo de las brújulas hacían sospechar este resultado.

Hay que seguir, ordena el capitán Ordás. Y cada hombre carga la atrocidad de cuarenta y cinco kilos para compensar las bajas y las pérdidas; a la espalda y al hombro, arrastrando los pies, encorvados, soportan el peso del macuto, el fusil, el municionamiento y los bultos compartidos.

"¡Hale, hale, muchachos, que ya estamos llegando!"

Prosigue la marcha.

La columna penosamente llega a Ustrika, guarnecida por elementos de la 290.ª División Motorizada del Norte de Alemania. Ha finalizado la travesía del lago. Ahora hay que ir a Vzvad a socorrer a los cercados.

Un descaso para la tropa en Ustrika. El capitán Ordás y el teniente Otero de Arce dictan al sargento de Transmisiones un mensaje: "11/1/1942. 10:10 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes. Después de atravesar seis enormes barreras de hielo y grietas con agua a la cintura hemos llegado a Ustrika. A causa del frío, radio y brújulas averiadas. Tenemos ciento dos congelados, de ellos dieciocho muy graves. En las simas del lago hemos perdido varios trineos. Espíritu elevadísimo."

Respuesta: "11/1/1942. 10:30 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás. Conozco vuestro esfuerzo durante la penosísima marcha que habéis realizado. Si la suerte no os acompañó en el logro total de vuestro propósito no fue vuestra culpa. La guarnición de Vzvad sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste, aunque queden todos los nuestros sobre el hielo, aunque sólo sobrevivan unos pocos, incluso tú solo. Seguid adelante hasta morir. Todo por el heroísmo de los defensores de Vzvad. O se les salva o hay que morir con ellos. En nombre de la Patria, gracias; y no desfalleced. Confío en vosotros".

La Compañía de Esquiadores queda temporalmente adscrita, sin perder su autonomía ni su dependencia superior a la División Azul, al Grupo Lüer de la 290.ª División de la Wehrmacht.

Tras el breve reposo en Ustrika, los españoles prosiguen su avance por la orilla del congelado Ilmen hacia Vzvad, queriendo despejar el camino por el que habrán de volver con los liberados alemanes, ocupando en primer lugar la aldea de Sadneie Pole: "¡Adelante, muchachos. Estamos llegando!"

Un español avanza ataviado como un espectro para protegerse del frío extremo.

Mensaje al Cuartel General español: "Hemos ocupado Sadneie Pole y han salido patrullas de reconocimiento en dirección a Pagost Ushin y Dubrovo."

Los españoles han progresado seis kilómetros por tierra firme; les quedan catorce para enlazar con los alemanes de Vzvad.

El día 14, miércoles y nevando, los españoles abandonaban Sadneie Pole con otras veintiocho bajas en el recuento de efectivos desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen por heridas y congelaciones. La unidad quedaba limitada a setenta y seis hombres, un tercio de los iniciales.

Comunica el capitán Ordás por radio: "Empujamos para liberar Vzvad."

El objetivo era la ocupación de Dubrovo y Pagost Ushin, dos aldeas de pescadores, manteniendo ambas posiciones hasta nueva orden. A las diez de la mañana se ocupaba la primera localidad y una hora después entraban en la segunda.

Al anochecer, el capitán Ordás preguntó al sargento médico Santiago Cifuentes Langa por el número de hombres útiles: "Cincuenta y ocho, mi capitán." Había sido una jornada muy dura.

Los españoles entran en combate.

Los divisionarios en pleno combate.

El frío acuchillaba las insuficientemente arropadas carnes de los centinelas españoles apostados en los pozos de tirador, abiertos a golpes de pico y pala junto a las isbas extremas del poblado de Schischimorovo. La exigua tropa, que era el segundo grupo que partía de Sadneie Pole, hubo de recorrer a paso de carga los seis kilómetros entre la citada población y Schischimorovo, el destino de la jornada; cuatro horas de marcha terrible con la nieve a la cintura, cuarenta grados bajo cero y cuarenta y cinco kilos de impedimenta a la espalda.

A las 13 horas reporta Ordás: "Hemos tomado Shishimorovo. Nuestra guarnición de allí... reforzada por alemanes y letones."

Un paseo que sumaba la ocupación de media docena de aldeas: Borissovo, Novoie Borissovo, Volkovizy, Vereskovo, Penikovo y Schischimorovo, el cruce del cauce congelado de dos ríos y la toma de un molino de viento.

Los centinelas —Emiliano Rodríguez Cecilia uno de ellos— avistaron unas siluetas de blanco camuflaje y abrieron fuego, respondido inmediatamente.

"¡Duro con ellos!" Por primera vez desde la llegada de los divisionarios españoles a la orilla meridional del Ilmen tronaba el viejo grito de combate: "¡Arriba España!"

A las once y media de la noche el enemigo se retiraba a sus posiciones de partida, deslizándose sobre sus esquíes.

14/1/1942. 23:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Guarnición de Schischimorovo ha sido atacada por esquiadores soviéticos, que se han retirado después de pequeño combate. Prisioneros cogidos declaran que en el sector comprendido entre Bolshoye Utschno y Maloye Utschno se encuentran tres mil esquiadores siberianos."

Nevaba en Grigorovo, sede del Cuartel General de la División Española de Voluntarios cuando se recibió el siguiente parte.

15/1/1942. 5:45 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Llamado urgentemente por el jefe del sector, éste me comunica haber recibido la orden de liberar Vzvad. Posteriormente, por orden expresa del Führer, queda sin efecto la primera, siendo la propia guarnición de Vzvad la que deberá la que deberá romper el cerco y retirarse en la dirección más favorable. Apoyándome en la buena disposición de mis fuerzas y su elevadísima moral, rogué se me concediera el honor de ayudar a Vzvad. Consultado el general alemán, aceptó el ruego."

El general Muñoz Grandes dictó la respuesta a las 8:40 horas. "General a capitán Ordás: Confío en vuestra pericia, en vuestro valor y en Dios. ¡Arriba España!"

16/1/1942. 18:50 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Mañana avanzaremos."

A las diez de la mañana del 17 de enero el teniente García Porta ordena: "¡Atención! ¡Firmes!"

Aparecía una débil luminosidad por la parte del río Polisti cuando el teniente Otero de Arce se ajustó las manoplas, alzó el brazo y exclamó: "¡Arreando!"

Los supervivientes de la Compañía de Esquiadores 250, una cuarta parte de sus efectivos iniciales, se pusieron en movimiento hacia el Sureste. Con ellos iba un refuerzo de 40 soldados letones pertenecientes a la 81.ª División de Infantería de la Wehrmacht.

A los tres kilómetros de dura marcha, como la de días precedentes desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen, tres aviones soviéticos en formación de cuña sobrevolaron la columna en dirección a Vzvad, que había rebasado las aldeas de Novoye Ushin, Krassnaya Niva y enfilaban la de Starayi Ushin. El destino era Maloye Utschno.

"¡Hala, muchachos, de prisa!", animan los oficiales.

Los guripas tropezaban entre sí, resbalaban en los montículos barridos de nieve por la ventisca y en los surcos trazados por los patines de los trineos que les precedían. Resbalaban, caían y se incorporaban mascullando imprecaciones. Y seguían andando, paso a paso, maquinalmente, ajenos ya al tronar de la Artillería, al silbido fluctuante de los obuses y a los resplandores que brotaban al fondo de la tundra.

La columna penetra en Maloye Utschno sobre cuya única calleja, formada por una doble hilera de cabañas, confluyen dos caminos carreteros; uno se alarga en dirección Suroeste, hacia Vereskovo, y otro se prolonga hacia el Sur, siguiendo la marcha de la tropa.

Continúa la marcha y al mediodía, a medio kilómetro de Maloye Utschno, la columna atraviesa la aldea de Bolshoye Utschno, donde convergen otros dos caminos vecinales.

El camino de marcha desciende hasta el fondo de una suave vaguada. La columna cruza un puente de rollizos sobre el lecho cristalizado del río Tschernez. Después, a trescientos metros, y aunque la ventisca emborrona el paisaje, está la aldea de Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce dispone que sus oficiales adopten las precauciones oportunas para evitar un ataque por sorpresa. O un recibimiento con música, como acostumbran decir los guripas, con la sarcástica fatalidad que les caracteriza.

La música de ametralladoras y granadas empezó a sonar en cuanto a los treinta y seis españoles que formaban la vanguardia asomaron sus cabezas por encima del ribazo derecho del Tschernez.

Soldados españoles en acción.

"¡Desplegarse! ¡Desplegarse!", ordenaba el teniente Otero de Arce a la vez que disparaba su pistola ametralladora. "¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!"

Tabletea el fusil ametrallador de 7'92, de largo alcance y cadencia de 300 disparos por minuto, del sargento Cayetano Montaña y del cabo Manuel Muñoz Simón.

"¡Al asalto, muchachos!", vocifera el teniente Otero de Arce.

El enemigo es superior en hombres y armas y está ventajosamente situado sobre la loma y a resguardo de las isbas.

"¡Al asalto! ¡Duro con ellos! ¡Arriba España!"

Los guripas, entre ellos el sargento José Sánchez Escudero, de la 6.ª Sección, y los soldados Ángel Gonzalvo González y José Martín Martín, se despliegan en abanico para atenazar la aldea por sus extremos.

"¡Al asalto! ¡Armad las bayonetas!"

Entre el fuego y los aludes de nieve y tierra, los españoles avanzan lanzando su famoso grito de guerra: ¡Arriba España!, al que los soviéticos replican con su escalofriante y triple exclamación: ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

Blandiendo sus fusiles, lanzando las granadas, los españoles desalojan a los soviéticos de las chozas y ocupan Shiloy Tschernez.

"¡Duro con ellos! ¡Perseguidles!"

El enemigo se retira hacia el Sur, arrastrando a sus heridos y abandonando a sus muertos.

Pero no todos los heridos fueron acompañados a retaguardia. El soldado Antonio Moya descubrió a cuatro en una de las viviendas situadas a la salida de la aldea.

"¡Alto!", chilló.

Los cuerpos tendidos en el suelo sobre unos haces de paja alzaron los brazos por encima de sus rostros espantados.

"¡Ranieiye! ¡Niet komunisty!", explica uno de ellos.

Curados en primera instancia en la misma choza —Spasiba— fueron trasladados con los heridos españoles a los trineos-ambulancia.

"¿Ubiósh meñá?"

"Nosotros no rematamos a los heridos."

No tardó en llegar el contraataque, avanzando la tropa de asalto en medio del temporal de nieve.

"¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!"

Los esquiadores rechazaban el contraataque soviético a Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce ordena que dos escuadras de fusileros salgan en persecución del enemigo por la carretera que conduce a Penikovo.

Ahí van José Sánchez Escudero, Joaquín Escosa, Jorge Hernández Bravo y Virgilio Hernández Rivadulla, entre los doce, con el teniente jefe de la 1.ª Sección Vicente Castañer. Pronto caerá la noche y han de establecer contacto con los esquiadores soviéticos apostados en la aldea de Penikovo y desalojarlos.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

Tableteaban las ametralladoras de 7'62 milímetros de la defensa soviética.

"¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!"

Carreras, caídas, disparos sueltos.

"¡Desplegarse! ¡Desplegarse!"

Los españoles corrían, saltaban lateralmente apartándose del camino vecinal enfilado por las ametralladoras ligeras Degtyarev RPD y se arrojaban de bruces en la nieve.

El teniente reagrupó a sus hombres y ordenó el ataque. Había que aprovechar la ventaja de la sorpresa, impedir que el enemigo se rehiciera de ella y sacar partido del efecto psicológico antes de que tomaran conciencia los soviéticos que la tropa asaltante era mínima y agotada. Habían cubierto siete kilómetros y ocupado cinco aldeas esa jornada terrorífica; faltaba la sexta, Penikovo. Pero no pudo ser.

"¡Al asalto!"

La ametralladora pesada emplazada en la torre de la ermita de Penikovo frenó a los españoles y dio tiempo no sólo a reorganizar a los huidos sino a ser reforzados con efectivos nuevos y abundantes que galopaban desde el invisible Sur.

Los españoles retrocedieron mal que bien hasta Shiloy Tschernez conteniendo como podían el embiste de los soviéticos.

Comienza un repliegue escalonado que ha de alcanzar, al Norte, la aldea de Bolshoye Utschno. Y allí es donde se dispone la defensa para permitir que los replegados encuentren un punto de descanso en la alocada carrera hacia la salvación.

La silueta de los esquiadores españoles se recorta junto a un tanque ruso.

Una lluvia de proyectiles rasga el aire vespertino. Los esquiadores soviéticos se aproximan peligrosamente con el fuego de sus naranjeros y la protección de carros T-26 que disparan granadas incendiarias.

Continúan llegando españoles huidos de las aldeas conquistadas apenas hace unas horas. Antonio Moya Garcés y Antonio Barbasán Larrea, otros de los escuadristas de la exploración, están llegando; y cerca les siguen Manuel Muñoz Simón y el sargento Cayetano Montaña.

Hay que proteger a los heridos montados en los trineos. Pero es una tarea imposible. Grupos de soldados soviéticos aparecen por todas partes disparando a discreción.

"¡Adelante, chavales, que esto es una juerga!"

Uno de los trineos de heridos sirve como parapeto.

"¡Arriba España! ¡Duro con ellos, chavales!"

La columna de fugitivos va dejando a su paso un macabro reguero de cadáveres; y de heridos que no pueden ser evacuados y que disparan desesperadamente desde la nieve hasta consumir la munición de las cartucheras o hasta que sus manos se inmovilizan crispadas en el fusil. Armas, carruajes, macutos, caballos, cascos de acero y botiquines de urgencia quedan esparcidos por la nieve. Los trineos volcados obstaculizan la marcha de los que forman la retaguardia.

Los supervivientes españoles retroceden sobre las dunas, los ventisqueros, los hoyos de los obuses, los matorrales y los meandros congelados. Retroceden rendidos de fatiga, de sueño, de hambre, de sed, con los rostros tiznados de humo y los ojos sanguinolentos y febriles.

"¡Adelante! ¡De prisa!", espolea el teniente Castañer.

Los españoles quieren alcanzar Maloye Utschno antes de que la noche se tienda sobre el desolado paisaje y el enemigo acabe con ellos; para ambas cosas falta muy poco.

El Pelotón de vanguardia con el que avanza el teniente Otero de Arce ha rebasado las isbas de Bolshoye Utschno, ha dejado atrás el lecho congelado del río y se dirige hacia el Norte.

"¡Alto! ¡Cuerpo a tierra! ¡Cubrirse!"

Carreras, saltos, rafagazos, explosiones. Una patrulla de esquiadores soviéticos se ha infiltrado en el cruce de caminos; pero al ser sorprendidos desaparecen. Rugen los motores de los carros de combate en la cercanía. El enemigo realiza una maniobra de envolvimiento de las isbas, las tejavanas y el molino de viento de Maloye Utschno.

"¡Fuego, muchachos! ¡Duro con ellos!"

El cabo Manuel Muñoz Simón y el soldado José Vera Encarnación quieren detener la progresión del primero de los seis T-26.

Asegurando la retirada hacia las posiciones en el Norte, el sargento Rufino Garay y los guripas Avelino Pascual Santos, Carlos Cenen Figueroa, Mariano Sánchez Covisa y Virgilio Hernández Rivadulla, recogen a los heridos rezagados. Prosigue la penosísima marcha hacia Staryi Ushin cruzándose con patrullas soviética que no entablan combate, que al ser advertidas escapan hacia una distancia de seguridad y luego vigilan el rastro.

Horas después, con la Luna apenas visible, el grupo de heridos y sus custodios llega a Staryi Ushin; pero no es el final de la horrorosa jornada del 17 de enero. Una Escuadra sale al paso para indicarles que sigan hasta Pagost Ushin.

17 de enero, 22 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "El enemigo contraatacó con dos batallones con cañones anticarro y seis carros medios, que rápidamente arrollaron a la vanguardia española. El destacamento rodeado se defendió heroicamente. De los 36 españoles de la vanguardia catorce murieron. El resto rompió el cerco y se unió a la compañía. Nos estamos atrincherando en Pagost Ushin y resistiremos el próximo ataque importante. A las 21:00 recibimos orden de establecer un puesto avanzado en Maloye Utschno."

En Pagost Ushin recibe el capitán Ordás a todos los que por sus propios medios o asistidos consiguen llegar. Y da una orden que le duele a él tanto como a los que han de cumplirla.

"Saldrán inmediatamente hacia Maloye Utschno los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. Dispondrán de una fuerza de veintitrés soldados españoles y diecinueve letones de la Sección que me ha sido enviada como refuerzo. Es de suponer que el enemigo se haya replegado a sus bases, por lo que el camino hasta Maloye Utschno estará despejado."

El teniente Otero de Arce siente una enorme preocupación por la suerte que puedan correr aquellos hombres lanzados a una ciega aventura, obligados a retroceder sobre sus pasos envueltos en la noche y a través de la tundra infestada de esquiadores soviéticos.

18 de enero de 1942. El cerco a la localidad-posición de Vzvad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los dos alféreces citados.

El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche del 18 al 19 de enero.

La ventisca bate la tundra, borra los caminos y senderos, desgarra los matorrales crecidos a resguardo de los montículos, alisa las depresiones de la yerma planicie y, enfilando los lechos congelados de los ríos y meandros del Lovat, salta aullando por encima de la blanca llanura.

En su cuartel general de Voronovo, el general soviético Morosov decide aprovechar el frío y la ventisca de la noche para rastrillar el sector de Sur a Norte. Al Norte, a cinco kilómetros de Voronovo, está enclavado el islote español de Maloye Utschno.

Los guripas Juan Muñoz Cassini, Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el guripa Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher.

A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.

"¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!"

"¡Fuego a discreción! ¡Fuego, muchachos, fuego!"

"¡Tanques! ¡Vienen los tanques!"

"¡Fuego, muchachos! ¡Arriba España!"

"¡Armad las bayonetas!"

A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.

La guarnición de Pagost Ushin, desde la que se escucha el estruendo de la desigual batalla, permanece en estado de alerta.

Una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale de Pagost Ushin en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.

Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.

Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.

"¡Alto!"

Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.

"¡Alto! ¿Quién vive?"

"¡Españoles! ¡Somos españoles!"

Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.

Aprieta el frío. A unos trescientos metros hacia el Sur se distinguen las ruinas de Maloye Utschno. De allí brota el fuego de ametralladoras, antitanques y carros de combate contra la mínima fuerza española que sigue aproximándose cumpliendo la orden recibida.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

Un cazabombardero soviético se suma al ataque; una, dos pasadas ametrallando.

Otero de arce con su equipo de esquiador.

Desaparece el avión y entonces el teniente Otero de Arce manda reemprender la marcha. Pero vuelve el cazabombardero y por tercera vez los rocía de balas. Hasta que nuevamente se pierde, esta vez hacia el Este.

"¡Arriba, muchachos! ¡Adelante!"

El silencio impera ahora en la llanada. El teniente estudia mentalmente al silencio enemigo y la posibilidad del asalto a la aldea con los efectivos que le restan. Pero cuando la unidad se encuentra a un centenar de metros aparece por la retaguardia un trineo conducido por un soldado español.

"Mi teniente, el capitán le ordena el regreso a la base. Dice que suspende la operación, ya que los tanques enemigos están dentro de Maloye Utschno."

A punto de regresar el guripa Manuel Herrero Granados advierte un ligero movimiento en la nieve, cerca. Es un herido; un sargento letón que todavía ha podido escapar del infierno matutino. Lo recogen y lo embarcan en el trineo. El rescate del malherido ha podido costar la congelación de los salvadores a quienes se les fricciona fuertemente con nieve, sobre la marcha, sin dejar de retroceder hacia Pagost Ushin, acompañados por las explosiones de los proyectiles antitanques que les envían de Maloye Utschno.

19 de enero, 13:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "A las siete de hoy el enemigo ha lanzado un ataque en masa sobre Maloye Utschno suprimiendo la guarnición de veinticinco españoles y diecinueve alemanes. El ataque fue apoyado por carros. La compañía se desplegó y logró rescatar a cinco españoles heridos y dos letones. La enorme concentración enemiga nos impidió reconquistar el puesto. La guarnición no capituló. Murieron con las armas en la mano. Observamos una gran masa enemiga concentrándose en Maloye Utschno y Bolshoye Utschno. Esperamos el ataque. Sabremos morir como españoles."

19 de enero, 23:00 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Habláis como sólo los héroes lo harían. Así y sólo así se construye un imperio. Ánimo. Vuestra conducta es el orgullo de esta brava División. Pese a todo venceréis. Hay un Dios y Él os concederá la victoria porque sois los hijos más valientes de España. Un abrazo que no será el último."

Los españoles se aprestan a fortificar algunos puntos estratégicos de Pagost Ushin.

El capitán Ordás comunicó telefónicamente con el capitán Lüer, cuya Comandancia continuaba situada en Borissovo, siete kilómetros al Suroeste de Pagost Ushin.

Dijo: "Me quedan solamente veinte hombres en situación de combatir. El resto de mi Compañía ha causado baja. Solicito el envío inmediato de refuerzos.

Pero los refuerzos no llegaron aquel día y sí los cazabombarderos soviéticos, dispuestos a aniquilar al grupo de supervivientes españoles.

"¡Cubrirse todo el mundo!"

De noche volvieron a pasar y repasar la aldea de pescadores.

"¡Sanitarios!"

Los sanitarios recogieron a seis guripas heridos.

"¡Los puestos de escucha deben ser reforzados!"

¿Con qué tropa?, se preguntan oficiales y soldados.

Suponiendo que el enemigo intentaría el cerco, se ordena quemar los almiares para que evitar que dificulten la visión de los defensores. Ángel Santos Conejo y otro guripa se ofrecen para la misión que les aleja unos metros de la posición defensiva avanzada.

Poco después los soviéticos comenzaban a atacar con sus tanques; pero al cabo, desconociendo los españoles el motivo, queda abortado el ataque y se retiran a sus bases.

20 de enero, 14:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Anoche nos bombardearon tres aviones rusos. Al atardecer, grandes masas enemigas avanzaron contra nuestras posiciones. Han salido varios voluntarios para incendiar los carros enemigos (con cócteles Molotov). El movimiento de penetración del ataque ha sido contenido y el enemigo se retira. Dios existe."

16 horas: "El jefe de la 81.ª División nos felicita y concede condecoraciones."

El encuentro con los alemanes de Vzvad.

En el ocaso del día 20 de enero, el teniente Otero de Arce recibió instrucciones para intentar el enlace con los alemanes sitiados en Vzvad.

Dijo el capitán Ordás: "Los alemanes abandonarán Vzvad esta misma noche. Saldrán hacia el lago por el golfo de Tuleblisky, y siguiendo una línea horizontal procurarán acercarse a nosotros bordeando la costa. Puede usted disponer de los dos sargentos y los quince soldados que nos quedan. Le deseo mucha suerte, teniente."

Los españoles avanzaron en orden de despliegue. Cuando observaran señales de bengalas en el interior del lago, que era la señal convenida con los alemanes en repliegue, debían proceder disparando las que portaban en una secuencia rápida de blancas-verdes-blancas. Pero no advirtieron bengala alguna y sí fuego de ametralladoras proveniente de la orilla derecha que les apuntaba.

A las dos de la madrugada del día 21 callaron las ametralladoras y el teniente ordenó retroceder. A las 3:30 entraban en Pagost Ushin, ateridos de frío y sin contacto con los alemanes de Vzvad que se supone hacía tres horas habían abandonado la posición y comenzado a cubrir los quince kilómetros de distancia en dirección Oeste hasta la Comandancia española.

A las 4:45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5:30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta; a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.

Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden!" Y relinchos y chirriar de patines.

"¡Adelante, muchachos!", ordena el teniente a su tropa.

Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, se acercan, se agigantan. Se alzan brazos blandiendo fusiles, surgen gritos de júbilo y risas nerviosas. Los alemanes son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.

Españoles y alemanes se dan la mano al fin.

El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.

"Danke schön."

Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.

Cuando las fuerzas conjuntas hacen su entrada en Pagost Ushin una Escuadrilla de cazabombarderos soviéticos ataca la columna. Los aviones ametrallan y cañonean la calleja del poblado. Los soldados corren por entre las isbas, se arrojan al interior de las zanjas y de los hoyos, se parapetan detrás de los brocales de los pozos y se escurren bajo las techumbres de los corrales y los graneros que todavía no han sido pulverizados por las explosiones.

El capitán Ordás abraza al teniente Otero de Arce, al capitán Pröhl y al resto de oficiales alemanes.

El teniente Otero de Arce requirió de asistencia médica.

21 de enero, 09:45 horas. Capitán Ordás a Muñoz Grandes: "Un destacamento salió esta mañana de Maloye Utchno para Vzvad. La guarnición de Vzvad, que hizo una salida anoche, abrazó a nuestros hombres (sobre el lago helado) siete kilómetros al este de Uzhin. Vuestras órdenes han sido cumplidas por entero."

Aquella mañana del 21 de enero se recibió en la Comandancia de Pagost Ushin un mensaje emitido por radio desde el Cuartel General de la División española en Grigorovo.

21/1/1942. 11:40 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Envíe por correo urgente relación nominal de los que salisteis, bajas habidas y los que quedan, y por radio relación numérica."

Fueron repasados los estadillos de altas y bajas. Los sanitarios reconocieron a los heridos y congelados hospitalizados en Borissovo, dieron el alta a los menos graves y, a las cuatro de la tarde, el capitán Ordás transmitía la respuesta al Cuartel General de la División Azul: "Salimos 206 hombres. Quedamos 34."

La vuelta a casa.

Un esquiador español monta guardia en la trinchera.

Siguieron dos días de descanso, limpieza de armamento y recuperación de las energías físicas; aunque el aderezo de las pasadas de la aviación, con el consiguiente rastro de bombas e incendio, era frecuente, ya familiar. Volvieron a oírse cantos españoles, como este que voceaba Tomás Archeli Fernández: "Dicen los rojos que tienen / que tienen mucho armamento / pero no tienen cojones / para luchar con los del Tercio."

Atardecía el día 23 cuando los centinelas españoles apostados en Pagost Ushin vieron aproximarse por el camino vecinal de Borissovo a una columna de soldados. Eran alemanes de la 81.ª División de Infantería.

A las siete de la mañana del 24, sábado, dieciséis soldados españoles, con el teniente Otero de Arce al frente, se preparaban para una operación de despliegue para recuperar las posiciones perdidas en las jornadas precedentes, soportando una cruel ventisca que barre la tundra. Un Panzer IV abre la marcha, los españoles detrás y un contingente de un centenar de alemanes a la espalda flanqueándolos.

Al poco les recibe el fuego nutrido de las ametralladoras PD.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

El cañón del 7'5 del carro responde. Los heridos son evacuados a Pagost Ushin.

La vanguardia española logra alcanzar y penetrar en Maloye Utschno; la única calle está cubierta de escombros y cadáveres y salpicada de cráteres. Los soviéticos han huido.

En el difícil reconocimiento de cadáveres los españoles descubren a algunos de los suyos: el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Marino barrios, el sargento intérprete Schumacher. Van siendo identificados los dieciocho cadáveres que son agrupados a la izquierda de la entrada de la aldea, junto a la casa de baños donde se habían replegado para establecer el último núcleo de resistencia; una resistencia tan inútil como desesperada pero heroica.

El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.

"¡Preparad las granas de mano!"

Están a la vista de Bolshoye Utschno. El tanque en cabeza desciende dando tumbos la leve vaguada que se abre entre Maloye Utschno y Bolshoye Utschno.

"¡Adelante, muchachos, adelante!"

El teniente Otero de Arce anima a sus hombres en el avance. El enemigo comienza a disparar parapetado en las isbas.

"¡A por ellos! ¡Arriba España!"

Los españoles saltan sorteando escollos y trepan la ladera soltando con rabia sus granadas de mano. Tabalean las ametralladoras y los naranjeros de la defensa soviética. El estruendo es infernal. Estallan los proyectiles del 7'5 del carro del Panzer IV. La batalla apenas dura diez minutos; el enemigo se repliega hacia el Sur, camino de Shiloy Tschernez, la última de las aldeas que han de recuperar los españoles antes de que concluya la jornada.

"¡Duro con ellos!"

Surtidores de nieve, hielo y fango. Estallidos, fogonazos, llamaradas. La ventisca arrecia, el cielo se cierne plomizo y el suelo se estremece bajo las explosiones.

"¡Alto!"

Algunos soviéticos se rinden, agotados también por los días de lucha continua y el intensísimo frío.

Shiloy Tschernez cayó en manos de los españoles sin que el enemigo opusiera una tenaz resistencia.

"¡Alto el fuego!"

Los esquiadores soviéticos se retiraban hacia la vecina aldea de Penikovo.

Transcurrida media hora de la entrada de los españoles en Shiloy Tschernez hicieron su aparición las vanguardias alemanas de la 81.ª División, que se suponía debían avanzar conjuntamente flanqueándolos. En definitiva, los que se habían batido el cobre eran los dieciséis españoles con la ayuda del Panzer IV.

"¡Atrás! ¡Regresamos a casa, muchachos!"

El teniente había cumplido la misión reconquistando los tres pueblos perdidos siete días antes; esos mismos tres pueblos que ahora volvían a abandonar escalonadamente.

25/1/1942. 1:42 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Dime cuántos valientes quedáis."

18:45 horas. Respuesta del capitán Ordás: "Quedamos doce combatientes."

El general Agustín Muñoz Grandes escribe: "Sobre las aguas heladas del Ilmen, y gracias a la bravura y espíritu de sacrificio con que lo atravesasteis para liberar a los héroes de Vzvad, ha rugido el león español. En nombre del Caudillo os concedo, a ti, capitán Ordás, la Medalla Militar individual, y a todos los valientes que te acompañaron, la Medalla Militar colectiva. Por la Patria agradecida os abraza, Muñoz Grandes." Ordena que transmitan el mensaje inmediatamente.

¡Arriba España!
¡Muera el comunismo!

martes, 10 de enero de 2012

Los esquiadores de la División Azul inician su odisea a través del Lago Ilmen - 10/01/1942.

Esquiador español en Rusia.

Camaradas,

En esta guerra de invierno que está teniendo lugar en el Frente Este, las líneas del frente no se hallan perfectamente delimitadas; incluso en algunos sectores se carece de línea. En esta situación, muchas unidades alemanas están siendo aisladas y rodeadas por las tropas soviéticas.

Así se encuentra una pequeña unidad alemana perteneciente a la 290ª División de Infantería Alemana que defiende Vzvad, población situada en la desembocadura del río Lovat, al sur del lago Ilmen. El Capitán Günther Pröhl, jefe de la Sección de Cazadores Antitanques, está al mando de los 543 hombres que componen la guarnición, restos del 290º Batallón Panzerjäger y de otras unidades que han podido refugiarse en Vzvad al ser copados sus puestos por el avance enemigo.  Dentro de unos días estudiaremos los detalles de su heroica hazaña.

La mañana del jueves 8 de enero de 1942, el destacamento de Vzvad lucha por sobrevivir sin que el X Cuerpo de Ejército alemán pueda enviar una expedición de socorro. La petición de ayuda se traslada al 16º Ejército, cuyas fuerzas se hallan empeñadas en la batalla de Staraya Russa. El alto mando alemán quiere encontrar una unidad disponible para enviarla a Vzvad y de pronto se acuerda del destacamento de reconocimiento español sobre esquíes, una de las pocas unidades de la Wehrmacht capaces de marchar sobre el hielo del lago Ilmen.

En el Cuartel General de la 250ª División (Spanische División 250, la División Española de Voluntarios), sito en Grigorovo, se estudian los mapas de la zona. Vzvad se sitúa a una treintena de kilómetros del límite meridional del sector adjudicado a la División Azul. La orden es clara: hay que liberar a la guarnición sitiada. El Cuerpo de Ejército carece de reservas, sólo queda lo que pueda disponer el mando español. En la Comandancia del Grupo de Exploración y Explotación 250, situada en Staraia Rakoma, la Plana Mayor intuye lo que se avecina.

El desafío al que se enfrentan los esquiadores de la División Azul: atravesar el Lago Ilmen hasta Vzvad.

Patrullas y destacamentos enemigos, dotados de esquíes, patines y raquetas, venían atacando con frecuencia y por sorpresa a lo largo de la costa del Ilmen, numerosos puestos de vigilancia y posiciones aisladas españolas. Los soviéticos, envueltos en blancos blusones de camuflaje, surgían de las tinieblas de la noche deslizándose velozmente por la superficie helada del lago, lanzaban sus granadas y disparaban sus ametralladoras Maxim, emplazadas en ligeros trineos de mano, y desaparecían cual fantasmas en dirección este, dejando atrás unos cuantos cadáveres, unas isbas incendiadas o unos búnkeres volados.

Para repeler estos ataques e impedir la infiltración de fuerzas enemigas por las zonas desguarnecidas o desenfiladas del subsector, mandado por el comandante Ángel Sánchez del Águila, jefe de los exploradores, el General Muñoz Grandes ordenó la formación de la Compañía de Esquiadores al teniente José Otero de Arce. La Comandancia se estableció en el poblado de Babky y la misión de los esquiadores era la de patrullar continuamente por el borde del lago cubriendo un frente de ocho kilómetros, distancia comprendida entre el norte de Babky y el sur de Spasspiskopez. La División Azul iba a contar con una unidad móvil capaz de acudir con rapidez al lugar donde se la requiriera.

Teniente José Otero de Arce.

Los españoles tampoco cuentan con reservas; el Regimiento 269º está muy mermado de efectivos, el 262º defiende Novgorod y el 263º se extiende por todo el frente que corresponde a la División.  Alguien sugiere que pueden disponer del grupo de esquiadores.

La Compañía de Esquiadores tiene su puesto de mando en Samokrazha, una fuerza mixta de aproximadamente dos centenares de hombres al mando del capitán José Manuel Ordás Rodríguez.  La fuerza recibe orden de trasladarse a Spasspiskopez.

Un viento ululante que soplaba por la despejada amplitud del lago Ilmen y arrastraba la nieve en remolinos, envolvía la desvencijada isba (cabaña, vivienda rural de madera) que servía de caseta de radio a la Compañía de Esquiadores. El operador de radio Varela escucha la voz que le indica: "La División al teléfono". Tras unas cuantas frases, Varela sale corriendo afuera y busca al comandante Sánchez del Águila; una vez de vuelta a la emisora, coge el receptor.

Finalizada la conversación despliega un mapa sobre la mesa de madera de abedul. En la parte superior, a la izquierda, figura la escala: 1:100.000; en el centro un nombre: Novgorod; a la derecha los cartógrafos de Estado Mayor han escrito: Blatt Nr. 0-36 VII Ost. El comandante localiza la posición de Vzvad, a treinta kilómetros en línea recta de donde se encuentra.

El general Agustín Muñoz Grandes había depositado su confianza en la Compañía de Esquiadores, dijo a sus oficiales. Debían disponerse a partir a la mañana siguiente, en diagonal atravesando el lago, lo más rápido que el tiempo y la orografía permitieran. El cálculo del capitán era de ocho horas de origen a destino, no obstante consideró llevar provisiones para tres días. Nueve fusiles automáticos proporcionarían una potencia de fuego extra. Todos los reunidos comprendieron que se trataba de una gesta heroica.

Spasspiskopez era una aldea batida por el viento gélido del Ilmen de día, con 30 grados centígrados bajo cero si luce el sol, y de noche, con 55 grados bajo cero.

Los esquiadores, listos para partir.

Hoy, sábado 10 de enero el termómetro se mantiene en los 32 grados negativos cuando los 206 hombres de la Compañía han formado con su indumentaria blanca de camuflaje. El viento, incesante y mordedor, les arroja nieve a la cara.

La columna de hombres, caballos, carruajes y el trineo ambulancia está dispuesta para partir. Los soldados, españoles, y los conductores, rusos aldeanos que acompañan a sus cabalgaduras y enseres, han cargado la impedimenta, las cajas de munición, las granadas de mano, las mantas, los sacos de víveres, los trípodes antiaéreos para fusil individual y ametrallador. A cada Pelotón se le ha asignado un trineo y los trineos transportan los cinco fusiles ametralladores procedentes del Batallón de Depósito 250, el famoso, heroico y diezmado Batallón de la Tía Bernarda; así como las bengalas de paracaídas de seda y el resto de la dotación. Dadas las condiciones climáticas y la orografía, nadie cree que la distancia vaya a cubrirse en las posibles ocho horas que se barajaban.

De la Comandancia sale el capitán Ordás a quien el teniente Otero de Arce, al frente de sus 154 esquiadores, da la novedad.

¡En marcha!

Forman seis Secciones de la Compañía Divisionaria de Esquiadores 250, mandadas por los tenientes Vicente Castañer Enseñat, Antonio García Porta y Jacinto del Val, y los alféreces Germán Bernabéu del Amo, Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. Forma el personal de la Plana Mayor del teniente José Otero de Arce, jefe de la Compañía, compuesto de un sargento, tres cabos y doce soldados. A estas tropas se habían agregado tres tenientes, un sargento y tres guripas del Grupo de Exploración; los tenientes eran Bernardino Domínguez Díaz, jefe de la unidad, Pedro Sánchez Bejarano, médico, y el intérprete Constantino Alejandrovich, un ruso blanco que había combatido en La Legión durante la pasada guerra española y que había cruzado el Ilmen anteriormente en misiones de enlace, y los también intérpretes Willie Klein y Michael Schumacher, de la Wehrmacht. Otras fuerzas agregadas son las del Batallón de Depósito 250: un cabo y once soldados, y las del Grupo de Veterinaria: siete soldados. Más los dos sargentos, los dos cabos y los cinco guripas de la Plana Mayor de la 5.ª Compañía Divisionaria de Antitanques cuyo jefe, el capitán Ordás —considerado un héroe entre sus hombres por sus méritos en las contiendas del protectorado marroquí y en la reciente guerra civil— se trae consigo al hacerse cargo del mando de la agrupación de fuerzas que se dispone a partir hacia Vzvad.

Muñoz Grandes ha enviado a su ayudante, el capitán de Corbeta Manuel Mora Figueroa, a desearles buen viaje. "Vais a liberar a un batallón de camaradas alemanes", dice Mora Figueroa. "Cruzaréis el lago. La marcha será corta pero dura. Os enfrentaréis a fuerzas soviéticas superiores en número. Si alguno de vosotros está enfermo que lo diga ahora."

El capitán Ordás da la orden de partida. Los guías que señalan la dirección de marcha, Miguel Piernavieja y Marcos García, comprueban que al llegar a la orilla del lago la temperatura es de 56º bajo cero.

Las penalidades son continuas. El trineo ambulancia ya no puede acoger más congelados y exhaustos. El capitán Ordás cuenta las bajas y ordena que de se habilite otro trineo para el transporte a origen de los heridos y agonizantes.

"Cortando por ahí —señala con su bastón— alcanzaréis la costa entre las aldeas de Jerunovo y Jamok, junto a la desembocadura del río Veriasha. Debemos estar a su altura, poco más o menos. De allí subiréis por tierra hasta Spasspiskopez. ¡Ah, y decid a los nuestros que seguimos adelante!"

El arrojo y sacrificio de los españoles no será en vano. ¡La gloria eterna aguarda a los héroes que luchan contra el bolchevismo!

La Compañía de Esquiadores prosigue la penosísima marcha. El teniente Castañer y el sargento Cayetano Montaña animan a la tropa: "¡Vamos, chavales, que esto es una juerga!"

El lago es una llanura tortuosa y abrupta en el centro, con altos acantilados cerrando el paso de la columna, con anchas fisuras obstruyendo la marcha de hombres, caballos y trineos. Tampoco es una losa compacta; debajo de la plancha de hielo se mueven las aguas atrapadas y la presión de su oculta corriente es la que había resquebrajado la losa de vidrio, abriendo las grietas y elevando barricadas de acceso imposible. En los ventisqueros, los caballos se sumergen en la nieve por encima de los corvejones y los guripas se hunden hasta la cintura. La nieve errante, zarandeada por el viento, se acumula en los hoyos y las quebraduras.

El teniente médico del Grupo de Exploración y Explotación 250, Pedro Sánchez Bejarano, recorre la columna recomendando a los soldados que procuren respirar solamente por la nariz.

El sargento telegrafista informa al capitán Ordás que se ha estropeado la radio.

A la vanguardia de la columna sigue la 1.ª Sección de la Compañía de Esquiadores, mandada por el teniente Otero de Arce. El plan previsto al comenzar la marcha era que las Secciones se relevaran cada cierto tiempo en la cabeza; pero al tropezar con las primeras barreras y fisuras, la línea recta que hasta entonces formaba la columna se hace un ovillo, y la necesidad de bordear los obstáculos en busca de accesos acaba por desorganizar el orden inicial del avance.

El teniente Castañer dice: "Ya falta poco, muchachos." Los oficiales mienten a sabiendas. Y añaden: "¡Esto es una juerga para nosotros!"

El penoso avance sobre el Lago Ilmen.

El viento cargado de nieve pincha como agujas y empuja y derriba.

La radio ha vuelto a funcionar. A mediodía el Sol consigue rasgar la niebla pero no luce ni calienta.

Los taludes del lago alcanzan una altura de dos metros, las grietas se ensanchan y las simas son más negras y profundas.

El capitán Ordás ordena al sargento de Transmisiones que cada media hora comunique con el Cuartel General de Grigorovo. Pero el aparato TSH falla de nuevo. No hay manera de arreglarlo. "Tome el trineo y regrese a Spasspiskopez", ordena el capitán Ordás al sargento Varela. "Que le den un aparato nuevo y regrese inmediatamente."

Otras cinco bajas por congelación que son subidas a un trineo y puestas en camino de regreso.

El movimiento de la columna se entorpece, han de extremarse las precauciones y las medidas de seguridad. Se camina a ritmo de un kilómetro por hora y no se puede alzar la voz para evitar aludes y porque el enemigo puede estar al acecho.

Sobreviene el crepúsculo. Los sanitarios no dan abasto entablillando brazos y piernas, aplicando compresas de algodón hidrófilo, repartiendo sorbos de brandy, friccionando pies, manos y orejas y cargando en los trineos los cuerpos atacados por las dentelladas del frío. Las caballerías sufren como las personas.

A las cinco de la tarde es noche cerrada. No se ve más allá del hombre que va delante; si no fuese por el hilacho de luz rojiza de las linternas de los sargentos cualquiera creería estar solo en mitad del lago. Una sima se traga un trineo, incluido el caballo y la carga.

Un esquiador español sobre la nieve.  En seguida se volverá a poner de pie.  Tan sólo la muerte lo detendrá.

Los soldados pierden la noción del tiempo y el espacio; se insensibilizan los cerebros, se adormecen las ideas, se endurecen los pies, se acorchan las manos. Hasta que un grito despierta del falso sueño: "¡Alto! ¿Quién vive?" Es la voz del centinela de retaguardia. Responde el retornado: "¡España! ¡El sargento de Transmisiones!"

El capitán Ordás ordena la comunicación con la División y ahora es posible.

10 de enero. Nueve y media de la noche. Muñoz Grandes a Ordás: "La guarnición de Vzvad se sostiene valientemente. Es absolutamente necesario socorrerlos. El honor de España y el espíritu de la fraternidad de nuestro pueblo lo exigen. Todos estamos pendientes de los heroicos soldados de Ordás. Ánimo, tenéis la gloria en vuestras manos. Atacad resueltamente. ¡Arriba España!"

Respuesta: "Capitán Ordás a general Muñoz Grandes. Atacaremos. ¡Arriba España!"


¡Arriba España! ¡Viva la División Azul!
¡Muerte al comunismo!

jueves, 27 de octubre de 2011

El bautismo de fuego de la División Azul - 27/10/1941.

Camaradas,

Santo y legítimo orgullo llena hoy los pechos españoles. La noticia oficial de un gran hecho de armas de la División Azul de voluntarios encuentra eco y preeminente cita entre los numerosos actos de heroísmo que se registran en el frente del Este Europeo, donde se libran combates de proporciones asombrosas como jamás anotó la Historia. Allí, entre las soberbias divisiones alemanas, modelos de organización, frutos de una escuela tenaz y un espíritu por encima de toda ponderación elogiosa, los soldados españoles se baten y cubren servicios de riesgo y gloria frente a un enemigo potente.

Bandera rojigualda y soldados españoles en la nieve rusa.  ¡Se fundirá la nieve al avanzar, mi Capitán!

Dura lucha, misiones de extraordinario riesgo —como el paso de un río, que en el orden táctico es la operación más audaz— han sido confiadas por el Alto Mando Alemán a los soldados españoles en su primer contacto con el enemigo. Esta misión, con su seria importancia, revela el concepto que los soldados españoles merecen. En efecto, ¿qué contingencia guerrera puede ser ajena a los soldados del Jarama, de Brunete, de Teruel y el Ebro? ¿Qué paisaje, por hosco y frío, por cenagoso o por ardiente, ha de sorprender a los veteranos de la guerra de liberación española, escuela de heroísmo? Fríos de Rusia, como en Teruel, barrizales como en los campos encharcados por las lluvias de Andalucía y Extremadura, armas rusas —bien conocidas en España—, cuanto puede surgir en la trágica grandeza de la guerra en el Este es bien conocido por los soldados voluntarios que han ido a continuar su propia historia considerados como veteranos por el alto Estado Mayor Alemán, al atribuirles nada menos que el cruce de un río y el establecimiento de una cabeza de puente, operaciones arduas para las que se requieren arrojo, pericia y temple.

El General Español Muñoz Grandes y el General Alemán von Roques planean la ofensiva que llevará a la División Azul hacia el este.  El OKH ha dispuesto que la División Azul atraviese el Río Volchov (Voljov).  Al norte, la 126ª División Alemana deberá hacer otro tanto en Kuzino.  Ambas unidades deberán reunirse en la orilla oriental y, conjuntamente, profundizar hasta las colinas Valdai.

La intervención de los españoles se alaba por lo sustantivo del hecho y no necesita el adjetivo que salta a los labios como expresión de entusiasmo puramente cordial. Reflexivamente considerado el gran hecho de armas en su importancia táctica, nos da por sí mismo el alto elogio de los soldados de la División Azul. Los soldados del Caudillo, los que éste supo forjar en los campos de batalla españoles figuran hoy junto a los formidables guerreros alemanes. Éste es el juicio exacto, incuestionable, que llena de orgullo a toda España y más si se considera que los voluntarios de la heroica y ya laureada División Azul cumplen una misión de altísimo valor político. Defienden la civilización y cooperan a labrar la nueva y auténtica Europa.

Zona de despliegue de la División Azul.  40 kilómetros de frente están a su cargo.  El sector sur se encuentra guarnecido por dos batallones del 262º Regimiento, el sector central por el 263º y el norte por el 269º.  La artillería ha quedado organizada en tres agrupaciones de apoyo -una por sector- y una de acción de conjunto, en reserva.  La reserva de infantería la conforman cuatro unidades, también divididas por sectores: el sur lo guarnece el 1º Batallón del 262º y el de Zapadores; el central, el Grupo de Antitanques; y el norte, el Batallón de Reserva Móvil.  La milenaria Novgorod es la capital departamental e importante núcleo de comunicaciones.  Prácticamente destruida por los combates, mantiene en pie el Kremlin, con importantes fondos artísticos.  Grigorovo, a menos de un kilómetro, es un pequeño poblado donde se ha situado el puesto de mando de la División y el de la Agrupación von Roques, del que depende.  Frente a la División Azul, al otro lado del Volchov, se encuentra la 3ª División de Tanques Soviética, la 305ª de Fusileros y el 848º Regimiento.  Se trata de fuerzas mal armadas, reducidas a nivel de artillería y faltas de carros de combate; parapetadas detrás de una compleja red de fortificaciones que sigue el trazado del Río Volchov.

El bautismo de fuego de los soldados de la División Azul de voluntarios españoles en el frente oriental se ha registrado en el transcurso de una operación en la que ha conseguido establecer una cabeza de puente al este del río Volchov. Todos los desesperados esfuerzos llevados a cabo por los bolcheviques para recuperar las posiciones perdidas han fracasado ante la tenaz resistencia de los españoles, que han conseguido ocasionar hajas extraordinariamente importantes a su adversario, muy superior en número. Los escasos caminos que atraviesan el paisaje donde se han desarrollado estos combates se encuentran convertidos en lodazales pantanosos y las carreteras que en los planos soviéticos figuran con las características de caminos de primera categoría son en realidad rutas sin acondicionar donde el soldado se hunde hasta la rodilla en el barro. Los soldados españoles han conducido largas filas de prisioneros en cuyos rostros se podía leer la fiebre del combate reciente, y los colores nacionales de España—rojo-amarillo-rojo— se destacan sobre los uniformes de los voluntarios de la División Azul, todos cubiertos de barro medio seco.

El cruce del Volchov por parte de la División Azul.  Su primera acción de guerra ha transcurrido de la siguiente manera:  El pasado 17 de octubre concluyó la entrada en línea de fuego de las unidades divisionarias; todas estaban ya en posición de combate.  Ese día, algunas patrullas cruzaron en botes de goma por primera vez el Río Volchov, pero ante la intensidad del fuego enemigo, se retiraron.  Al mismo tiempo, otras patrullas llevaron a cabo una batida contra francotiradores que, agazapados entre los árboles, hostigaban sin cesar.  El 18, al tiempo que la artillería y los morteros barrían el frente divisionario, fracasaron nuevos intentos de cruce del Volchov.  Pero el 19, una sección de 36 hombres del 2º Batallón del 269º Regimiento al mando del Teniente José Escobedo, cruzó el río sin apoyo artillero y ocupó la curva cerrada situada al norte de Smeisko.  El 20 cruzó el Volchov el Batallón al completo con otras unidades de apoyo, avanzó sin resistencia en dirección sur y ocupó Smeisko.  El avance prosiguió: el 21 los españoles dominaron ya una estrecha franja, de tres a cinco kilómetros de ancho y 10 de largo, entre el río y los bosques, y el 22 ocuparon Sitno.  Según cómputos propios, la División perdió 48 hombres y las fuerzas soviéticas 247 como mínimo.  El mando alemán premió la acción nominando a Muñoz Grandes y a varios de sus hombres para la Cruz de Hierro de Primera Clase.  Estabilizada la cabeza de puente y con dos localidades en poder de sus fuerzas avanzadas, el éxito parecía sonreír a la División Azul.  El 23 el General Alemán von Roques calificó por escrito su actuación de admirable en la Orden del Día.  Aquella noche tres batallones enemigos atacaron Sitno y sólo pudieron ser rechazados tras el combate cuerpo a cuerpo, con arma blanca.  El 269º Regimiento perdió a 80 hombres y los bolcheviques dejaron 250 muertos e igual número de prisioneros.  El 24, un comunicado del OKW informó de estas hazañas, y fue reproducido al día siguiente en el Völkischer Beobächter.  Tras unos días de relativa tranquilidad, en el día de hoy, 27 de octubre, Sitno a vuelto a ser escenario de cruentos combates: tres ataques han sido rechazados al precio de 8 muertos y 54 heridos, pero con un botín humano de 126 prisioneros.

Casi todos los voluntarios españoles son hombres jóvenes en cuyos rostros puede verse la alegría de los que regresan de un combate victorioso y que hace todavía unos momentos se encontraban en plena lucha, resistiendo el empuje de sucesivas olas de soldados bolcheviques, valientemente esperadas.

El Teniente José Escobedo, héroe del cruce del Volchov, luce su Cruz de Hierro, herido pero radiante.

El botín de cañones y ametralladoras recogidos a los bolcheviques ha sido enorme y se cuentan por centenares los muertos que los soviéticos han dejado sobre el campo de batalla ante las fuerzas españolas. Los soldados de España han dado pruebas de un enfrentamiento y de un espíritu de ofensiva verdaderamente temerario en el transcurso de la resistencia, superior a todos los elogios, que han ofrecido ante el empuje de los rojos.

Los soldados alemanes estrecharon la mano de los españoles con orgullo de camaradas de armas. Cabe destacar el caso del Teniente español que hace unos días atravesó a nado un río para aproximarse y hacer volar una casa ocupada por los rusos. Al día siguiente atravesó el río con su destacamento y avanzó contra cuatro nidos de ametralladoras, tres de los cuales fueron destruidos tras cortos combates. Otro Teniente español se ha distinguido al mando de su unidad de cazadores de tanques y ha rechazado los intentos de ataque de las tropas soviéticas con ayuda de las armas de su sección. En los demás puntos, los intentos soviéticos de romper la resistencia española acabaron en completo fracaso, quedando diezmados dos batallones bolcheviques. Ciertamente la División Azul puede estar orgullosa de este primer episodio de grandes combates.

¡Arriba España!
¡Muerte al comunismo!

miércoles, 12 de octubre de 2011

La División Azul llega al Frente – 12/10/1941.

Camaradas,

La casualidad o tal vez la Providencia han querido que justo el día en que toda España celebra la fiesta de la Hispanidad, la División Azul se haya desplegado en sus posiciones de combate a orillas del Río Voljov..

La gran marcha de la División Azul hasta el Frente Este.

Desde que el pasado 26 de septiembre la División Azul recibiera la contraorden de desviar su marcha hacia Moscú y dirigirse hacia el Frente de Leningrado en el norte, todo ha transcurrido con gran rapidez. El domingo 28 parte del Cuartel General llegó a Vitebsk, y al día siguiente embarcaron en ferrocarril los primeros efectivos de la división.

A partir del martes 30 de septiembre, el mando divisionario inició las necesarias tomas de contacto con sus jefes alemanes y con el frente de combate. Ese día, el General Muñoz Grandes se dirigió a Pskov, sede del cuartel general del Grupo de Ejércitos Norte; y el Teniente Coronel Ruiz de la Serna, jefe del Servicio de Información, se dirigió a Korosten, sede del cuartel general del Decimosexto Ejército Alemán, en cuyas filas se encuadra la unidad española. Allí fue informado de que, por decisión de Busch, la División quedaba asignada a su I Cuerpo, desplegado a lo largo de la orilla occidental del Lago Ilmen y la margen, también oeste, del Rïo Voljov. De acuerdo con ello, al mediodía se dirigió en avión a Podberesje, sede del I Cuerpo de Ejército. Allí, el Teniente General Kuno von Both le comunicó que había asignado a la División Azul un sector de frente al norte de Novgorod, de Podberesje a Chudovo, donde reemplazaría a dos regimientos de la 126ª División de Infantería Alemana. Por su parte, Muñoz Grandes, en Pskov, fue presentado al día siguiente, 1 de octubre, al Mariscal von Leeb, y estudió los mapas de situación del sector asignado al Decimosexto Ejército (el flanco derecho del Grupo de Ejércitos Norte, entre el Lago Ladoga, al norte, y el Seliger, al sur.)

Sector de despliegue de la División Azul dentro del Frente Este.

El día 3 de octubre, en el Sportpalast de Berlín, el Führer pronunció su discurso que, radiado, llegó en directo hasta las posiciones del Decimosexto Ejército. Una gran ovación siguió al anuncio de que la División Azul iba a entrar en combate. Al día siguiente, Muñoz Grandes sobrevoló el frente y vio que, con excepción del Kremlin y algunos otros puntos, Novgorod había sido pasto de las llamas.

Mentras tanto, en Dno, seguían llegando ferrocarriles con divisionarios. El 7 de octubre la sección motorizada de la plana mayor del Regimiento de Artillería se trasladí a Kopzy, donde relevó a la unidad homónima de la 126ª División Alemana. Mientras tanto, el resto de unidades artilleras prosiguió su camino a pie hacia el frente. El jueves 9 de octubre embarcaron en ferrocarril efectivos del 263º Regimiento, los últimos que quedaban en Vitebsk, excepción hecha del Cuartel General. En ese momento hubo cambio de órdenes: la Blaue no relevaría a la 126 entre Podberesje y Chudovo, sino que se desplazaría unos kilómetros al sur para reemplazar a sus unidades meridionales, en Podberesje, y a toda la 18ª División Motorizada, en Novgorod. La División Azul va a ocupar, por lo tanto, un sector comprendido entre el extremo septentrional del Lago Ilmen (sur) y Udarnik (norte), a lo largo de la margen occidental del Voljov, y tendría en la milenaria Novgorod y la pequeña Grigorovo los núcleos fundamentales de asentamiento. Sus flancos quedarían cubiertos por dos divisiones alemanas.

Despliegue inicial de la División Azul.

En la madrugada del viernes 10, el segundo escalón del Cuartel General partió de Vitebsk en vehículos hipomóviles, en dirección a Grigorovo. En Dno –un poblado destruido- desembarcaron ese día zapadores y efectivos del Batallón de Reserva y del 269º Regimiento y emprendieron la marcha a pie, hacia Novgorod, varias unidades de los Regimientos 262º y 269º, así como zapadores ciclistas y la compañía de Sanidad con el hospital de campaña a cuestas. Finalmente, el 11 de octubre el Cuartel General partió de Miasnoj Bor por carretera, y a las 17:40 horas llegó a Grigorovo, su sede definitiva durante los siguientes meses. Y con esto, y aunque todavía una parte de la División Azul sigue desplazándose, la gran marcha ha terminado.  9 días en tren, 31 a pie y de nuevo 13 en tren han sido necesarios para que la División Azul llegase al frente desde su marcha del campamento de Grafenwöhr.

¡Arriba España!
¡Vuelvan por mí el martillo al taller y la hoz al trigal!