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martes, 7 de febrero de 2012

La Batalla de Krivin: Los finlandeses mantienen a raya al Ejército Rojo - 07/02/1942.

Artillería finlandesa abre fuego en la noche.
Camaradas,

La Guerra de Continuación que Finlandia desató para liberarse a sí misma y a Europa del yugo soviético se encuentra, al igual que el resto del Frente Este, en suspenso. El arrojo de los soldados finlandeses y la inestimable colaboración de la Wehrmacht, permitió a Finlandia conseguir importantes avances en todos los frentes a lo largo de muchas semanas victoriosas. Sin embargo, con la llegada del invierno, el Mariscal Mannerheim y el Presidente Finlandés Ryti decidieron no continuar las acciones ofensivas en dirección al Mar Blanco, concentrándose en sofocar los últimos focos de resistencia soviéticos y consolidar sus posiciones. La línea de frente se estabilizó y se establecieron poderosas líneas defensivas y fortificaciones a lo largo del Istmo de Karelia, a lo largo del Río Svir entre los extremo meridionales del Lago Ladoga y Onega y a lo largo del Istmo Maaselkä al norte del Lago Onega. Más al norte la línea quedó cubierta por patrullas de esquiadores.

Avance del Eje en el frente de Finlandia.

A pesar de las innumerables victorias cosechadas por Finlandia, el gran objetivo que había establecido el Führer: la conquista de Murmansk y el corte de la línea de ferrocarril que une este importante puerto báltico con el resto de la Unión Soviética, no ha podido conseguirse. Del mismo modo, al no estar amenazadas las costas del Mar Blanco, el puerto de Archangelsk permanecerá por el momento en manos soviéticas, lo que seguirá asegurando al Ejército Rojo el flujo de material de guerra estadounidense y británico que llega por mar a ambos puertos.

Situación actual del frente y despliegue de fuerzas en ambos bandos.

La guerra está durando más de lo que se esperaba, y Finlandia comienza a sentir la escasez de hombres. Por ese motivo, muchos soldados de las generaciones más antiguas han sido liberados del servicio activo para regresar a importantes tareas en casa tales como el trabajo agrícola y la industria. Cinco divisiones han sido disueltas y tan sólo permanecen en el frente los hombres suficientes para las operaciones defensivas esenciales.

Un soldado finlandés herido es evacuado en trineo.

El día de Año Nuevo de 1942, el Ejército Rojo desató el primero de sus contraataques, lanzándose con varias divisiones y brigadas navales contra la parte más oriental de las líneas finlandesas en el área de Krivin y el Istmo de Maaselkä. La 3ª Brigada Finlandesa fue rápidamente trasladada desde sus posiciones en el Istmo de Karelia para reforzar la línea.

Diagrama táctico de la batalla de Krivin.
En la jornada de hoy, después de cinco semanas de violentos combates, la ofensiva soviética ha sido finalmente sofocada con grandes pérdidas. Los finlandeses estiman haber aniquilado a más de 4.000 soldados enemigos, mientras que las pérdidas propias no han superado los 200 hombres. Los finlandeses, con su mayor conocimiento del terreno, lograron infiltrarse por los flancos del Ejército Rojo y aislar a las unidades enemigas en una serie de mottis o bolsas que redujeron con tranquila meticulosidad.

El Ejército Rojo siembra una nueva cosecha de cadáveres... propios.

Los soldados finlandeses inspeccionan el campo de batalla en el que su enemigo ha sufrido una nueva derrota.

Desde un punto de vista puramente humano, la batalla de Krivin ha proporcionado una de las más espantosas muestras de la realidad de la guerra. En efecto, durante la batalla, los finlandeses han descubierto que algunos soldados soviéticos, cercados y muertos de frío y hambre, han optado por cortar carne de los cadáveres de sus camaradas caídos y dejarse llevar por el canibalismo. Durante uno de los intentos de ruptura que los finlandeses ahogaron en un mar de sangre, en el interior de las mochilas de los soldados rusos se encontraron pedazos de carne humana preparada para su consumo.

Es lebe Finnland!
Tod dem Bolschewismus!

sábado, 28 de enero de 2012

La tenaz resistencia de la Wehrmacht desinfla la ofensiva de Yeremenko - 28/01/1942.

Camaradas,

La ofensiva de Yeremenko a través de las Colinas Valday entre los Lagos Ilmen y Seliger comenzó el 9 de enero. Cuatro Ejércitos Soviéticos se lanzaron sobre las posiciones alemanas que, pese a su inferioridad numérica, se batieron con tenacidad desde el primer momento, fieles a la orden del Führer de no ceder un palmo de terreno al enemigo bolchevique. El segundo día de la ofensiva, Peno fue conquistado después de un combate duro y costoso. El destacamento de reconocimiento de la Brigada de Caballería SS Fegelein fue arrollado por el avance soviético. Yeremenko había logrado su primera brecha.

La infantería soviética avanza encaramada a los T-34.

Sin embargo, las dos alas del Ejército Soviético no fueron capaces de lograr ningún progreso significativo a pesar de su colosal superioridad. La 360ª División de Fusileros Rusa quedó detenida ante las posiciones del 416º Regimiento de Infantería de Brandenburgo. En el flanco derecho, sobre el Lago Volgo cerca de Bor y Selische, la 334ª División de Fusileros Rusa fue severamente vapulada por la 253ª División de Infantería Alemana y tuvo que retroceder. En el centro del eje de ataque, la 249ª División de Fusileros Rusa obtuvo ciertos progresos. Se trataba de una unidad de primera, a la que poco después Stalin ascendería al rango de 16ª División de Guardias y condecoraría con la Orden de Lenin. El Mayor General Tarasov avanzó con su división hacia Andreapol. Su objetivo era irrumpir hacia Toropets, nudo de comunicaciones y base alemana de suministros, la codiciada "cesta de pan" de Yeremenko. Su carretera hacia los depósitos de víveres la bloqueaba el 189º Regimiento de Infantería al mando del Coronel Hohmeyer, que había sido enviada a toda prisa a Andreapol. El regimiento formaba parte de la 81ª División de Infantería Alemana y se encontraba reforzado por el 2º Batallón del 181º Regimiento de Artillería así como una compañía de zapadores y algunas unidades de suministro.

La ofensiva de las Colinas Valday.  En línea discontinua, sus objetivos.

Yeremenko no ha reparado en elogios ante las hazañas y sacrificios de este regimiento alemán que él solo ha sido capaz de causar enormes dificultades a su Ejército en pleno centro de su ataque, resistiendo el envite de dos divisiones soviéticas de primera línea completas literalmente hasta el último hombre e infligiendo bajas terribles a las más destacadas divisiones del 4º Ejército de Choque Soviético.

Trinchera alemana.  Como se puede observar, pocos soldados cuentan con ropa de invierno.

La tragedia de los alemanes de Silesia y de los Sudetes de este 189º Regimiento de Infantería ha tenido como telón el terreno situado entre la estación de ferrocarril de Okhvat y los pueblos de Lugi, Velichkovo y Lauga. Tan sólo unos pocos hombres han sobrevivido la feroz batalla contra los Guardias de Yeremenko sobre una capa de nieve de un metro de profundidad y a temperaturas de 46 grados centígrados bajo cero. Uno de los escasos supervivientes del 189º Regimiento de Infantería es el Teniente Erich Schlösser, que ha participado en los combates ante Andreapol como suboficial de la 3ª Compañía. A través de él reviviremos el heroico final de su regimiento.

La epopeya del 189º Regimiento de Infantería Alemana.

La 81ª División de Infantería, a la cual pertenecía el 189º Regimiento de Infantería, había participado en la campaña de Francia sin pérdidas dignas de mención. Justo antes de la Navidad de 1941, la división se encontraba acuartelada a lo largo de la costa Atlántica, disfrutando de un cómodo alojamiento.

La vida alegre en Francia.

Pero no disfrutarían de las festividades navideñas en la costa del Atlántico. El 22 de diciembre de 1941 llegó la orden: Prepararse para partir. El 23 de diciembre las compañías se subieron a su tren. ¿A dónde se dirigirían? No parecía un viaje largo. No se les había proporcionado ninguna clase de comida especial o ropa de invierno. No habían recibido armas nuevas ni equipo de ningún tipo. Nadie creía el rumor que se abría paso lentamente a través del tren desde el estado mayor del regimiento: ¡Vamos al Frente Este, a Rusia!

Los soldados alemanes en el tren que los llevará al Frente Este.

Monótonamente, las ruedas traqueteaban sobre los raíles atravesando Francia. Los hombres pasaron la Nochebuena en la paja de sus vagones de mercancías. Comanzaban a temblar de frío dentro de sus abrigos ligeros. Siguieron adelante a través de Alemania. A continuación a través de Polonia. En Varsovia recibieron víveres. Cuando recibieron su siguiente entrega se encontraban bien dentro de Bielorrusia en Minsk. La temperatura era de 25 grados bajo cero y el frío se filtraba por los laterales de los vagones. Las estufas primitivas ardían al rojo vivo, pero los hombres padecían un frío miserable.

Después de trece días de viaje sin interrupciones, las compañías bajaron de su tren el 5 de enero de 1942. Se encontraban en la estación de Andreapol, sobre un manto de nieve de un metro de espesor y 30 grados centígrados bajo cero. No había un solo abrigo de invierno entre ellos. No había pasamontañas para los cascos ni orejeras. Antes de que pudieran saber lo que les había ocurrido, muchos hombres sufrieron congelaciones en dedos de los pies y orejas.

Dos soldados alemanes sin ropa de invierno adecuada se acurrucan en busca de calor dentro de un agujero de tirador.

El diario de guerra del II Cuerpo registra: "La total ausencia de equipamiento de invierno de que adolece el regimiento desafía a toda descripción." Pero antes de que fuera posible equipar al regimiento, que cuenta con una fuerza de apenas 3.000 hombres, incluso con la más urgente de las necesidades se le ordenó entrar en acción contra los Regimientos de Guardias de la 249ª División de Fusileros de Yeremenko que estaban manando a través de la brecha abierta en Peno y en dirección sudoeste hacia Andreapol. Batallones de esquiadores soviéticos ya avanzaban a través del Lago Okhvat.

El Coronel Hohmeyer interpuso sus batallones en su camino. La 2ª Compañía de Ingenieros fue puesta a sus órdenes.

Los soldados alemanes se despliegan en posiciones de combate nada más llegar a Rusia.

El 1º Batallón del 189º Regimiento de Infantería, reforzado por una batería del 181º Regimiento de Artillería, llegó al pueblo y a la estación de Okhvat exactamente al mismo tiempo que las vanguardias rusas. Los rusos capturaron el extremo oriental de la pequeña localidad, mientras la 3ª Compañía del Capitán Lindenthal se aferraba a su extremo occidental. La 249ª División de Fusileros Soviética envió a la acción a su 925º Regimiento - Siberianos que cargaron a través del lago helado con gritos de ¡Hurra! Hohmeyer también dirigió a su 3º Batallón a Okhvat.

Junto al terraplén del ferrocarril el Capitán Neumann trataba de rechazar los ataques rusos con su 11ª Compañía y de relevar al 1º Batallón en Okhvat. Los rusos debían ser contenidos - al menos lo suficiente para constituir una línea defensiva de contención en la amplia brecha horadada entre el Dvina y el Volga. A menos que se consiguiera detenerlas, las divisiones soviéticas avanzarían hacia sus objetivos -Vitebsk, Smolensko y la autopista- para establecer contacto con los Ejércitos Soviéticos que avanzaban a su vez desde el sur y cerrar la trampa en torno al Grupo de Ejércitos Centro.

El Sargento Maziol con su pelotón se encontraba desplegado en el borde sudoccidental de Okhvat. "¡Tanques!" El Cabo Gustav Praxa de pronto gritó en el interior de la cabaña de campesinos. ¡Todo el mundo fuera! Desde la entrada al pueblo llegó el primer tanque, un T-60 ligero. Detrás, en línea, venía otro, después un segundo y un tercero - ocho en total. Se trataba de un grupo de combate del 141º Batallón de Tanques Soviético.

Columna de tanques soviéticos.

Los tanques dispararon dentro de las casas. Hicieron trizas los techos de paja. Claramente, tenían intención de destrozar cualquier cosa que pudiera servirles a los alemanes de acomodo. Se trataba de un método de combate típicamente ruso. Maxiol, junto con Praxa y el Sargento Müller, que dirigía la 1ª Sección, se encontraban detrás del recodo de una casa. Un tanque enemigo en el lado más alejado de la ancha calle del pueblo rociaba el terreno con fuego de ametralladora, haciendo saltar la nieve y manteniendo a los tres hombres cuerpo a tierra.

"Si nos rebasan, destruirán nuestros vehículos de suministro y continuarán hasta Andreapol," observó Maziol con su inconfundible acento silesio. A continuación agregó con toda naturalidad: "Tenemos que acabar con ellos a base de granadas."

Müller y Praxa comprendieron. Con dedos entumecidos prepararon sus granadas de mano. El primero de los T-60s ya rugía junto al recodo de la casa.

Ése era el momento de Müller. Se incorporó, corrió junto al tanque y se encaramó a su parte trasera. Agarró el tirador de la escotilla. La abrió. La mantuvo abierta con su mano izquierda mientras su mano derecha se aferraba a su granada de huevo. Con los dientes tiró de la anilla detonadora. Aguardó con calma dos segundos y arrojó el huevo al interior del tanque. Se bajó. Una explosión. Un surtidor de llamas.

Granadas alemanas de mango y de huevo.

El segundo tanque se detuvo. Su escotilla se abrió. El ruso quería echar un vistazo rápido para ver lo que estaba sucediendo. Fue suficiente para que Maziol pudiera ponerlo en el punto de mira de su metralleta. Escupió varios disparos desde su cañón. El ruso cayó hacia atrás dentro de la turreta. Y ya se encontraba Müller sobre el tanque, arrojando una granada de mango al interior de la escotilla de la torreta, que todavía estaba abierta.

Los dos tanques quedaron envueltos en un humo negro que cubrió la carretera. Como un fantasma el tercer tanque emergio a través del humo. Abruptamente trató de dar marcha atrás, pero quedó atascado en la nieve. El Cabo Praxa se subió a su torreta, pero no pudo abrir la escotilla. Por suerte, el artillero ruso la abrió desde dentro justo en ese momento. También quería echar una rápida mirada alrededor. Al ver a Praxa bajó de nuevo. Pero la granada de mano se deslizó dentro justo antes de que la escotilla se cerrara.

Tras ser testigos del desastre que había recaído sobre la punta de lanza de su grupo de combate, los otros cinco tanques soviéticos rodaron descontrolados por la nieve profunda. Finalmente, dieron media vuelta en la ancha calle del pueblo y se retiraron. Al anochecer, los siberianos del 925º Regimiento de Fusileros regresaron de nuevo. Para apoyarlos el General Tarasov esta vez había empleado los Regimientos de Fusileros 1117º y 1119º de la 332ª División de Fusileros. El 1º Batallón del Teniente Coronel Proske fue castigado con dureza. La 11ª Compañía del Capitán Neumann que combatía junto al terraplén del ferrocarril, también tuvo que ceder terreno.

Durante la noche del 12 al 13 de enero el termómetro cayó a 42 grados bajo cero. En cada compañía había entre veinte a treinta hombres fuera de combate debido a graves congelaciones.

Soldados alemanes en pleno combate.

En la mañana del 13 de enero, la fuerza de combate media de las compañías alemanas quedaba reducida a cincuenta o sesenta hombres. En el sector del 1º Batallón tan sólo quedaban tres casas de campesinos en las que los hombres pudieran calentarse un poco. Los caballos permanecían a la intemperie. Sus ojos estaban febriles y temblaban de frío.

Yeremenko no cabía en sí de ira: un solo regimiento alemán contenía su avance hacia Andreapol y Toropets y le negaba el acceso a los codiciados almacenes de suministro. Por esa razón decidió emplear entonces a sus Divisiones de Fusileros 249ª y 332ª en una maniobra de flanqueo. El 14 de enero los rusos golpearon la retaguardia del 189º Regimiento. Aplastaron las columnas de suministros en el área de Lugi y Velichkovo. Bloquearon las rutas de suministro. Aplastaron las enfermerías y hospitales de campaña. Cerraron la trampa.

A las 18:00 horas el Coronel Hohmeyer ordenó romper el cerco. En un repentino bombardeo concentrado sobre Velichkovo y Lugi la artillería gastó su últimos proyectiles. A continuación, las compañías atacaron. Era el 15 de enero. Desde el 11 de enero los hombres no habían dormido adecuadamente y tan sólo habían recibido comida caliente en dos ocasiones.

La artillería alemana gasta sus últimos proyectiles.

Lugi fue reconquistada por el 1º Batallón. Los contrataques soviéticos con tanques fueron detenidos por el Teniente Klausing en el borde del pueblo. Tan sólo en la iglesia pudo resistir una posición de ametralladora soviética. Su fuego bloqueó la carretera. Una de las víctimas era el Teniente Gebhardt. Su pelotón fue acribillado.

Un cabo, héroe anónimo, se abrió paso a través de la nave en ruinas de la iglesia y tras trepar a la galería del órgano acabó con la ametralladora con tres granadas de mano.

Pero fue imposible reconquistar Velichkovo. El 2º Batallón reforzado quedó retenido en el centro del pueblo y lentamente se fue desgastando.

Para el 16 de enero, tan sólo sobrevivían unos pocos restos del 189º Regimiento de Infantería. Los rusos una vez más irrumpieron en Lugi con cinco tanques, aplastaron la columna de trineos del regimiento, bloquearon el terraplén del ferrocarril en su retaguardia y en seguida se encontraron ante Andreapol.

Oficial alemán a lomos de su caballo en pleno invierno ruso.

El Coronel Hohmeyer concedió a los batallones carta blanca para abrirse paso por sus propios medios hasta Toropets a través de los bosques, lo que suponía una marcha de 55 kilómetros. El propio coronel salió a lomos de un caballo a reconocer el terreno. Fue un viaje a la eternidad. No regresó; murió en algún de los yermos nevados a las afueras de Andreapol, como la mayoría de los hombres de su regimiento. Hohmeyer fue ascendido a mayor general a título póstumo. El Teniente Coronel Proske también envió a caballo a dos de sus oficiales en busca de un camino por el que infiltrarse. Ninguno de ellos volvió.

En pequeños grupos de combate, los oficiales y suboficiales trataron de penetrar a través de la profunda nieve de los bosques. Pero tan sólo un destacamento del 1º Batallón tuvo éxito en completar la terrible travesía a Toropets. Habían partido con 160 hombres. Cuarenta alcanzaron su destino el 18 de enero.

"El 189º Regimiento de Infantería Alemán ha dejado sobre el campo de batalla 1.100 muertos," informó Yeremenko. Mil cien muertos.

La Wehrmacht contiene la penetración de Yeremenko.

General Soviético German Tarasov.

Con las unidades del Coronel Hohmeyer aplastadas, la carretera quedó abierta para el primer objetivo de Yeremenko - los gigantescos almacenes de suministros en Toropets. Las formaciones alemanas de retaguardia de la 403ª División de Defensa Local con sus pocos tanques enemigos capturados y unidades de policía fueron incapaces de mantener la localidad. Cinco regimientos soviéticos de primera línea desataron un ataque en círculo. El 21 de enero, el General Tarasov capturó los depósitos de suministros de Toropets intactos. Por primera vez desde el comienzo de su ofensiva, los soldados de Yeremenko disponían de suministros de comida adecuados.

Después de la penetración en Toropets no quedó ya ningún frente alemán continuo a lo largo de una franja de 130 kilómetros entre Velikiye Luki y Rzhev. Se trataba del momento más humillante y peligroso que experimentaba el Grupo de Ejércitos Centro desde el 6 de diciembre de 1941. Tres Ejércitos Soviéticos -con el Cuarto Ejército de Choque de Yeremenko en primera línea con cuatro divisiones de fusileros, dos brigadas de fusileros y tres batallones de esquiadores- tocaban con la punta de los dedos la gran victoria que, tal y como esperaba Stalin, arrojaría la destrucción sobre el Grupo de Ejércitos Centro Alemán y por lo tanto supondría un momento decisivo en la guerra.

General Kurt von der Chevallerie.

En esta situación, el General von der Chevallerie, al frente del LIX Cuerpo, recibió orden de sellar la brecha de Vitebsk con tres divisiones. Se trataba de una orden sencilla de dar, pero de las tres divisiones ni siquiera una había llegado por completo todavía a Rusia. El grueso de todas estas divisiones se encontraba aún en ruta desde Francia hasta el Frente Este - la 83ª División de Infantería del Norte de Alemania, la 330ª División de Infantería de Württemberg y la 205ª División de Infantería de Baden. Las únicas unidades con que se podía contar eran los restos del 416º Regimiento de Infantería de la 123ª División de Infantería de Berlín-Brandenburgo que había sobrevivido el infierno del Lago Seliger.

El General von der Chevallerie y el personal avanzado de sus cuarteles generales de Cuerpo en Vitebsk habían estado trabajando febrilmente desde el 20 de enero para transportar sus unidades a Rusia. Era una carrera contra el reloj.

La 249ª División de Fusileros y unidades de la 358ª División de Fusileros de Yeremenko avanzaban entretanto desde Toropets hacia Ostrovskiye y Velizh, importantes nudos de carretera sobre el Dvina y los últimos obstáculos sobre la carretera a Vitebsk, la principal base de suministro y víveres del Grupo de Ejércitos Centro.

Los soldados de la Wehrmacht defienden sus posiciones como gato panza arriba.

El Teniente General Kurt von der Chevallerie no podía hacer otra cosa que enviar a sus unidades a la acción con cuentagotas, por así decirlo, a medida que llegaban al Este, directamente desde sus trenes, para detener a los regimientos de Tarasov. Las hazañas logradas por estos batallones alemanes, que fueron arrojados directamente desde el templado invierno francés a temperaturas entre 40 y 50 grados centígrados bajo cero esperando que conjurasen el peligro que amenazaba al Grupo de Ejércitos Centro, sobrepasa toda comprensión.

Con sus grupos de combate, Chevallerie defendió los puntos cruciales de la brecha entre los Ejércitos Noveno y Décimosexto hasta que ahora, al final del mes de enero de 1942, el Tercer Ejército Panzer lo ha sustituido detrás. Los nombres de los pueblos se han convirtido en salvajes memoriales a las batallas de invierno - Demidov, Velizh, Kresty, Surazh y Rudnya. Los hombres del Norte de Alemania, Suabia, Baden y Brandenburgo han hecho de estos destartalados pueblos rompeolas contra los cuales las olas de Yeremenko se han estrellado y han sido contenidas.

Penetración soviética y bolsas de contención alemanas.

Los combates más violentos han tenido lugar en Velizh y Kresty. Allí, un grupo de combate al mando del Coronel Sinzinger, con el 257º Regimiento de Infantería y algunas unidades de la 83ª División de Infantería, ha ofrecido una resistencia tenaz a los rusos. Los hombres de Lüneburg, de Schleswig-Holstein, de Hamburgo y de Bremen, han pasado las noches en sus tiendas a 25-40 grados bajo cero, sin paja y sin fogatas. Durante el día se han abierto camino a través de una capa de nieve que les llegaba a la altura del pecho. Han quedado rodeados. Han contratacado y roto el cerco. Han avanzado combatiendo y retrocedido combatiendo de nuevo. Pero no han dejado de resistir. Enfrentándose a ellos había cuatro divisiones soviéticas y unidades de tres brigadas de fusileros, que han luchado sin reparar en pérdidas para alcanzar a través del nudo de carreteras de Rudnya la autopista Minsk-Smolensko-Moscú y así ahogar la arteria vital del Grupo de Ejércitos Centro.

Pero no han tenido éxito. La ofensiva soviética se ha extinguido ante la inesperada oposición del LIX Cuerpo de Ejército Alemán. El propio Yeremenko ha citado sin disimulo las razones del fracaso de esta ofensiva a gran escala: el Alto Mando Soviético ha subestimado el poder de resistencia de las tropas alemanas en una guerra de invierno en condiciones siberianas. Había dado por hecho que las divisiones alemanas se encontrarían completamente exhaustas. Por lo tanto, Stalin ha cometido exactamente el mismo error que cometiera el Führer ante Moscú. El Alto Mando Soviético ha subestimado a su oponente y sobrestimado su propia fuerza.

Inadecuados suministros de municiones, combustible y víveres, la escasez de oficiales, el pésimo entrenamiento de las tropas y las bajas inesperadamente elevadas han desgastado a las tropas soviéticas. Los Guardias de Yeremenko, la 249ª División de Fusileros, tan sólo cuenta con 1.400 hombres, según arrojan sus propios números. El 9 de enero la división había entrado en combate con 8.000 hombres.

Cadáveres soviéticos amontonados sobre la nieve.

Ni las más rigurosas órdenes del Alto Mando Soviético han permitido al 4º Ejército de Choque de Yeremenko llegar a imaginar siquiera su pretendido objetivo - Vitebsk. Simplemente no han podido alcanzarlo. Los dos Ejércitos sobre los flancos de Yeremenko, el 3º Ejército de Choque al oeste y el 32º Ejército Soviético al este, han sido incapaces igualmente de alcanzar sus objetivos de Velikiye Luki y Yarzevo sobre la autopista Smolensko-Moscú. El 3º Ejército de Choque de Purkayev ha quedado atascado ante Kholm, donde el grupo de combate alemán Scherer mantiene una defensa en erizo, deteniendo a las divisiones rusas. El 32º Ejército del General Vostrukhov no ha avanzado más allá de Belyy, donde las unidades de la 246ª División de Infantería de Hesse ha plantado una resistencia tenaz.

Por lo tanto, el ataque más peligroso de la ofensiva de invierno soviética contra el Grupo de Ejércitos Centro, el avance hasta la retaguardia de su Noveno Ejército, ha fracasado. La mandíbula externa de las tenazas soviéticas, diseñadas para clavarse profundamente detrás del frente alemán, ha sido mellada.

Der Sieg wird unser sein!
Sieg Heil, Sieg Heil, Sieg Heil!

miércoles, 25 de enero de 2012

Los esquiadores de la División Azul completan su gesta: Tan sólo regresan 12 de 206 - 25/01/1942.

Camaradas,

El pasado día 10 de enero relatábamos cómo un grupo de 206 esquiadores voluntarios de la División Azul partía a través del Lago Ilmen en una misión de rescate de una unidad alemana al mando del Capitán Günther Pröhl que había quedado cercada en Vzvad durante la contraofensiva de Yeremenko.  El 21 de enero fue narrada la hazaña de la guarnición de Pröhl en Vzvad, su resistencia durante dos semanas ante fuerzas soviéticas muy superiores y su posterior salida hacia la libertad a través del Lago Ilmen.  El emocionante encuentro con los esquiadores españoles coronó la narración.  Entonces obtuvimos una visión clara y pormenorizada de los avatares que vivieron los hombres de Pröhl, pero apenas supimos nada de cómo habían conseguido los españoles atravesar el Lago Ilmen y abrirse paso a través de las líneas enemigas hasta establecer contacto con los alemanes.  Por ello, hoy veremos el otro lado de la acción: la hazaña de los esquiadores españoles, con tintes verdaderamente épicos que ya la han hecho pasar a los anales de la Historia como una de las más grandes gestas de esfuerzo y sacrificio emprendidas jamás por una compañía de voluntarios.

El pasado día 10 dejábamos a nuestros camaradas de la División Azul en plena travesía a través del hielo, soportando temperaturas más allá de los límites de la resistencia humana, sorteando grietas en el hielo y padeciendo un sinfín de penalidades, pero decididos a cumplir su misión y rescatar a sus camaradas alemanes...

La gesta a través del Lago Ilmen de la compañía de esquiadores de la División Azul.

En la orilla sur del Lago Ilmen.

La brújula ha vuelto a estropearse. La columna avanza sin rumbo y es muy probable que éste derive equivocado durante las últimas horas. Por lo que la columna que progresa trazando enormes curvas y hasta círculos en su afán de hallar accesos entre los altos taludes de hielo, corre el riesgo de ir a parar a territorio enemigo.

Los soldados españoles deben seguir avanzando entre riscos y barrancales de cristal, dunas y ventisqueros. Aún deberán marchar horas y más horas con la nieve a la cintura, tropezando con nuevos parapetos de hielo que tienen que bordear, soslayando además gruesos troncos de abedul arrastrados desde la orilla y apresados entre brazadas de maleza, arbustos, lianas y tierra de aluvión. Siguen perdiéndose trineos y caballos succionados en las quebraduras del hielo y arrastrados por la corriente interior. Y continúan desertando los conductores de los carruajes al embozo de las tinieblas.

El teniente Otero de Arce da orden de alto; ordena a su asistente, Ángel Marcos Rivero, que enlace deprisa con la 1.º Sección: "Dile al teniente Castañer que envío un par de patrullas para explorar el terreno y establecer contacto con el enemigo."

El teniente Castañer los ve partir hacia el Sur; seis hombres por un lado, cuatro por el otro. El primer grupo va encabezado por Mariano Sánchez Covisa; el segundo, Ramón Valentí Abadía.

Sánchez Covisa emprende la descubierta en solitario una vez llegado su grupo cerca de la orilla; gana la altura y se arrastra unos metros en lo que ya se supone tierra firme, aunque todo es hielo y nieve. Ve unas isbas y hacia ellas se dirige reptando. Percibe voces humanas, hablando en alemán. Puede ser una trampa. Pero tiene que actuar; empuña una granada de mano y carga contra la puerta que cede con estrépito. Da el alto en alemán y observa con máxima tensión el terror reflejado en los rostros de los tres ocupantes que ha provocado su inesperada irrupción.

Pronuncia con urgencia: "Kameraden." Baja el brazo que sostiene la granada y continúa: "¡Spanien, Spanien! ¡Spanien, Kameraden! ¡Blaue Division!"

Los tres soldados alemanes creen ver visiones. Se aproximan a Covisa con recelo: "¿Spanien?"

No dan crédito a sus ojos. Piensan que ha llegado un fantasma.

Son elementos de la 81.ª División.

El asistente Marcos García García informa al teniente Castañer que han contactado con soldados alemanes destacados en la aldea de la orilla, Ustrika se llama. Eso significa que la columna se ha desviado considerablemente de la ruta prevista. Brumas, ventisca, acantilados, fisuras, ventisqueros y el fallo de las brújulas hacían sospechar este resultado.

Hay que seguir, ordena el capitán Ordás. Y cada hombre carga la atrocidad de cuarenta y cinco kilos para compensar las bajas y las pérdidas; a la espalda y al hombro, arrastrando los pies, encorvados, soportan el peso del macuto, el fusil, el municionamiento y los bultos compartidos.

"¡Hale, hale, muchachos, que ya estamos llegando!"

Prosigue la marcha.

La columna penosamente llega a Ustrika, guarnecida por elementos de la 290.ª División Motorizada del Norte de Alemania. Ha finalizado la travesía del lago. Ahora hay que ir a Vzvad a socorrer a los cercados.

Un descaso para la tropa en Ustrika. El capitán Ordás y el teniente Otero de Arce dictan al sargento de Transmisiones un mensaje: "11/1/1942. 10:10 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes. Después de atravesar seis enormes barreras de hielo y grietas con agua a la cintura hemos llegado a Ustrika. A causa del frío, radio y brújulas averiadas. Tenemos ciento dos congelados, de ellos dieciocho muy graves. En las simas del lago hemos perdido varios trineos. Espíritu elevadísimo."

Respuesta: "11/1/1942. 10:30 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás. Conozco vuestro esfuerzo durante la penosísima marcha que habéis realizado. Si la suerte no os acompañó en el logro total de vuestro propósito no fue vuestra culpa. La guarnición de Vzvad sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste, aunque queden todos los nuestros sobre el hielo, aunque sólo sobrevivan unos pocos, incluso tú solo. Seguid adelante hasta morir. Todo por el heroísmo de los defensores de Vzvad. O se les salva o hay que morir con ellos. En nombre de la Patria, gracias; y no desfalleced. Confío en vosotros".

La Compañía de Esquiadores queda temporalmente adscrita, sin perder su autonomía ni su dependencia superior a la División Azul, al Grupo Lüer de la 290.ª División de la Wehrmacht.

Tras el breve reposo en Ustrika, los españoles prosiguen su avance por la orilla del congelado Ilmen hacia Vzvad, queriendo despejar el camino por el que habrán de volver con los liberados alemanes, ocupando en primer lugar la aldea de Sadneie Pole: "¡Adelante, muchachos. Estamos llegando!"

Un español avanza ataviado como un espectro para protegerse del frío extremo.

Mensaje al Cuartel General español: "Hemos ocupado Sadneie Pole y han salido patrullas de reconocimiento en dirección a Pagost Ushin y Dubrovo."

Los españoles han progresado seis kilómetros por tierra firme; les quedan catorce para enlazar con los alemanes de Vzvad.

El día 14, miércoles y nevando, los españoles abandonaban Sadneie Pole con otras veintiocho bajas en el recuento de efectivos desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen por heridas y congelaciones. La unidad quedaba limitada a setenta y seis hombres, un tercio de los iniciales.

Comunica el capitán Ordás por radio: "Empujamos para liberar Vzvad."

El objetivo era la ocupación de Dubrovo y Pagost Ushin, dos aldeas de pescadores, manteniendo ambas posiciones hasta nueva orden. A las diez de la mañana se ocupaba la primera localidad y una hora después entraban en la segunda.

Al anochecer, el capitán Ordás preguntó al sargento médico Santiago Cifuentes Langa por el número de hombres útiles: "Cincuenta y ocho, mi capitán." Había sido una jornada muy dura.

Los españoles entran en combate.

Los divisionarios en pleno combate.

El frío acuchillaba las insuficientemente arropadas carnes de los centinelas españoles apostados en los pozos de tirador, abiertos a golpes de pico y pala junto a las isbas extremas del poblado de Schischimorovo. La exigua tropa, que era el segundo grupo que partía de Sadneie Pole, hubo de recorrer a paso de carga los seis kilómetros entre la citada población y Schischimorovo, el destino de la jornada; cuatro horas de marcha terrible con la nieve a la cintura, cuarenta grados bajo cero y cuarenta y cinco kilos de impedimenta a la espalda.

A las 13 horas reporta Ordás: "Hemos tomado Shishimorovo. Nuestra guarnición de allí... reforzada por alemanes y letones."

Un paseo que sumaba la ocupación de media docena de aldeas: Borissovo, Novoie Borissovo, Volkovizy, Vereskovo, Penikovo y Schischimorovo, el cruce del cauce congelado de dos ríos y la toma de un molino de viento.

Los centinelas —Emiliano Rodríguez Cecilia uno de ellos— avistaron unas siluetas de blanco camuflaje y abrieron fuego, respondido inmediatamente.

"¡Duro con ellos!" Por primera vez desde la llegada de los divisionarios españoles a la orilla meridional del Ilmen tronaba el viejo grito de combate: "¡Arriba España!"

A las once y media de la noche el enemigo se retiraba a sus posiciones de partida, deslizándose sobre sus esquíes.

14/1/1942. 23:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Guarnición de Schischimorovo ha sido atacada por esquiadores soviéticos, que se han retirado después de pequeño combate. Prisioneros cogidos declaran que en el sector comprendido entre Bolshoye Utschno y Maloye Utschno se encuentran tres mil esquiadores siberianos."

Nevaba en Grigorovo, sede del Cuartel General de la División Española de Voluntarios cuando se recibió el siguiente parte.

15/1/1942. 5:45 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Llamado urgentemente por el jefe del sector, éste me comunica haber recibido la orden de liberar Vzvad. Posteriormente, por orden expresa del Führer, queda sin efecto la primera, siendo la propia guarnición de Vzvad la que deberá la que deberá romper el cerco y retirarse en la dirección más favorable. Apoyándome en la buena disposición de mis fuerzas y su elevadísima moral, rogué se me concediera el honor de ayudar a Vzvad. Consultado el general alemán, aceptó el ruego."

El general Muñoz Grandes dictó la respuesta a las 8:40 horas. "General a capitán Ordás: Confío en vuestra pericia, en vuestro valor y en Dios. ¡Arriba España!"

16/1/1942. 18:50 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Mañana avanzaremos."

A las diez de la mañana del 17 de enero el teniente García Porta ordena: "¡Atención! ¡Firmes!"

Aparecía una débil luminosidad por la parte del río Polisti cuando el teniente Otero de Arce se ajustó las manoplas, alzó el brazo y exclamó: "¡Arreando!"

Los supervivientes de la Compañía de Esquiadores 250, una cuarta parte de sus efectivos iniciales, se pusieron en movimiento hacia el Sureste. Con ellos iba un refuerzo de 40 soldados letones pertenecientes a la 81.ª División de Infantería de la Wehrmacht.

A los tres kilómetros de dura marcha, como la de días precedentes desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen, tres aviones soviéticos en formación de cuña sobrevolaron la columna en dirección a Vzvad, que había rebasado las aldeas de Novoye Ushin, Krassnaya Niva y enfilaban la de Starayi Ushin. El destino era Maloye Utschno.

"¡Hala, muchachos, de prisa!", animan los oficiales.

Los guripas tropezaban entre sí, resbalaban en los montículos barridos de nieve por la ventisca y en los surcos trazados por los patines de los trineos que les precedían. Resbalaban, caían y se incorporaban mascullando imprecaciones. Y seguían andando, paso a paso, maquinalmente, ajenos ya al tronar de la Artillería, al silbido fluctuante de los obuses y a los resplandores que brotaban al fondo de la tundra.

La columna penetra en Maloye Utschno sobre cuya única calleja, formada por una doble hilera de cabañas, confluyen dos caminos carreteros; uno se alarga en dirección Suroeste, hacia Vereskovo, y otro se prolonga hacia el Sur, siguiendo la marcha de la tropa.

Continúa la marcha y al mediodía, a medio kilómetro de Maloye Utschno, la columna atraviesa la aldea de Bolshoye Utschno, donde convergen otros dos caminos vecinales.

El camino de marcha desciende hasta el fondo de una suave vaguada. La columna cruza un puente de rollizos sobre el lecho cristalizado del río Tschernez. Después, a trescientos metros, y aunque la ventisca emborrona el paisaje, está la aldea de Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce dispone que sus oficiales adopten las precauciones oportunas para evitar un ataque por sorpresa. O un recibimiento con música, como acostumbran decir los guripas, con la sarcástica fatalidad que les caracteriza.

La música de ametralladoras y granadas empezó a sonar en cuanto a los treinta y seis españoles que formaban la vanguardia asomaron sus cabezas por encima del ribazo derecho del Tschernez.

Soldados españoles en acción.

"¡Desplegarse! ¡Desplegarse!", ordenaba el teniente Otero de Arce a la vez que disparaba su pistola ametralladora. "¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!"

Tabletea el fusil ametrallador de 7'92, de largo alcance y cadencia de 300 disparos por minuto, del sargento Cayetano Montaña y del cabo Manuel Muñoz Simón.

"¡Al asalto, muchachos!", vocifera el teniente Otero de Arce.

El enemigo es superior en hombres y armas y está ventajosamente situado sobre la loma y a resguardo de las isbas.

"¡Al asalto! ¡Duro con ellos! ¡Arriba España!"

Los guripas, entre ellos el sargento José Sánchez Escudero, de la 6.ª Sección, y los soldados Ángel Gonzalvo González y José Martín Martín, se despliegan en abanico para atenazar la aldea por sus extremos.

"¡Al asalto! ¡Armad las bayonetas!"

Entre el fuego y los aludes de nieve y tierra, los españoles avanzan lanzando su famoso grito de guerra: ¡Arriba España!, al que los soviéticos replican con su escalofriante y triple exclamación: ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

Blandiendo sus fusiles, lanzando las granadas, los españoles desalojan a los soviéticos de las chozas y ocupan Shiloy Tschernez.

"¡Duro con ellos! ¡Perseguidles!"

El enemigo se retira hacia el Sur, arrastrando a sus heridos y abandonando a sus muertos.

Pero no todos los heridos fueron acompañados a retaguardia. El soldado Antonio Moya descubrió a cuatro en una de las viviendas situadas a la salida de la aldea.

"¡Alto!", chilló.

Los cuerpos tendidos en el suelo sobre unos haces de paja alzaron los brazos por encima de sus rostros espantados.

"¡Ranieiye! ¡Niet komunisty!", explica uno de ellos.

Curados en primera instancia en la misma choza —Spasiba— fueron trasladados con los heridos españoles a los trineos-ambulancia.

"¿Ubiósh meñá?"

"Nosotros no rematamos a los heridos."

No tardó en llegar el contraataque, avanzando la tropa de asalto en medio del temporal de nieve.

"¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!"

Los esquiadores rechazaban el contraataque soviético a Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce ordena que dos escuadras de fusileros salgan en persecución del enemigo por la carretera que conduce a Penikovo.

Ahí van José Sánchez Escudero, Joaquín Escosa, Jorge Hernández Bravo y Virgilio Hernández Rivadulla, entre los doce, con el teniente jefe de la 1.ª Sección Vicente Castañer. Pronto caerá la noche y han de establecer contacto con los esquiadores soviéticos apostados en la aldea de Penikovo y desalojarlos.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

Tableteaban las ametralladoras de 7'62 milímetros de la defensa soviética.

"¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!"

Carreras, caídas, disparos sueltos.

"¡Desplegarse! ¡Desplegarse!"

Los españoles corrían, saltaban lateralmente apartándose del camino vecinal enfilado por las ametralladoras ligeras Degtyarev RPD y se arrojaban de bruces en la nieve.

El teniente reagrupó a sus hombres y ordenó el ataque. Había que aprovechar la ventaja de la sorpresa, impedir que el enemigo se rehiciera de ella y sacar partido del efecto psicológico antes de que tomaran conciencia los soviéticos que la tropa asaltante era mínima y agotada. Habían cubierto siete kilómetros y ocupado cinco aldeas esa jornada terrorífica; faltaba la sexta, Penikovo. Pero no pudo ser.

"¡Al asalto!"

La ametralladora pesada emplazada en la torre de la ermita de Penikovo frenó a los españoles y dio tiempo no sólo a reorganizar a los huidos sino a ser reforzados con efectivos nuevos y abundantes que galopaban desde el invisible Sur.

Los españoles retrocedieron mal que bien hasta Shiloy Tschernez conteniendo como podían el embiste de los soviéticos.

Comienza un repliegue escalonado que ha de alcanzar, al Norte, la aldea de Bolshoye Utschno. Y allí es donde se dispone la defensa para permitir que los replegados encuentren un punto de descanso en la alocada carrera hacia la salvación.

La silueta de los esquiadores españoles se recorta junto a un tanque ruso.

Una lluvia de proyectiles rasga el aire vespertino. Los esquiadores soviéticos se aproximan peligrosamente con el fuego de sus naranjeros y la protección de carros T-26 que disparan granadas incendiarias.

Continúan llegando españoles huidos de las aldeas conquistadas apenas hace unas horas. Antonio Moya Garcés y Antonio Barbasán Larrea, otros de los escuadristas de la exploración, están llegando; y cerca les siguen Manuel Muñoz Simón y el sargento Cayetano Montaña.

Hay que proteger a los heridos montados en los trineos. Pero es una tarea imposible. Grupos de soldados soviéticos aparecen por todas partes disparando a discreción.

"¡Adelante, chavales, que esto es una juerga!"

Uno de los trineos de heridos sirve como parapeto.

"¡Arriba España! ¡Duro con ellos, chavales!"

La columna de fugitivos va dejando a su paso un macabro reguero de cadáveres; y de heridos que no pueden ser evacuados y que disparan desesperadamente desde la nieve hasta consumir la munición de las cartucheras o hasta que sus manos se inmovilizan crispadas en el fusil. Armas, carruajes, macutos, caballos, cascos de acero y botiquines de urgencia quedan esparcidos por la nieve. Los trineos volcados obstaculizan la marcha de los que forman la retaguardia.

Los supervivientes españoles retroceden sobre las dunas, los ventisqueros, los hoyos de los obuses, los matorrales y los meandros congelados. Retroceden rendidos de fatiga, de sueño, de hambre, de sed, con los rostros tiznados de humo y los ojos sanguinolentos y febriles.

"¡Adelante! ¡De prisa!", espolea el teniente Castañer.

Los españoles quieren alcanzar Maloye Utschno antes de que la noche se tienda sobre el desolado paisaje y el enemigo acabe con ellos; para ambas cosas falta muy poco.

El Pelotón de vanguardia con el que avanza el teniente Otero de Arce ha rebasado las isbas de Bolshoye Utschno, ha dejado atrás el lecho congelado del río y se dirige hacia el Norte.

"¡Alto! ¡Cuerpo a tierra! ¡Cubrirse!"

Carreras, saltos, rafagazos, explosiones. Una patrulla de esquiadores soviéticos se ha infiltrado en el cruce de caminos; pero al ser sorprendidos desaparecen. Rugen los motores de los carros de combate en la cercanía. El enemigo realiza una maniobra de envolvimiento de las isbas, las tejavanas y el molino de viento de Maloye Utschno.

"¡Fuego, muchachos! ¡Duro con ellos!"

El cabo Manuel Muñoz Simón y el soldado José Vera Encarnación quieren detener la progresión del primero de los seis T-26.

Asegurando la retirada hacia las posiciones en el Norte, el sargento Rufino Garay y los guripas Avelino Pascual Santos, Carlos Cenen Figueroa, Mariano Sánchez Covisa y Virgilio Hernández Rivadulla, recogen a los heridos rezagados. Prosigue la penosísima marcha hacia Staryi Ushin cruzándose con patrullas soviética que no entablan combate, que al ser advertidas escapan hacia una distancia de seguridad y luego vigilan el rastro.

Horas después, con la Luna apenas visible, el grupo de heridos y sus custodios llega a Staryi Ushin; pero no es el final de la horrorosa jornada del 17 de enero. Una Escuadra sale al paso para indicarles que sigan hasta Pagost Ushin.

17 de enero, 22 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "El enemigo contraatacó con dos batallones con cañones anticarro y seis carros medios, que rápidamente arrollaron a la vanguardia española. El destacamento rodeado se defendió heroicamente. De los 36 españoles de la vanguardia catorce murieron. El resto rompió el cerco y se unió a la compañía. Nos estamos atrincherando en Pagost Ushin y resistiremos el próximo ataque importante. A las 21:00 recibimos orden de establecer un puesto avanzado en Maloye Utschno."

En Pagost Ushin recibe el capitán Ordás a todos los que por sus propios medios o asistidos consiguen llegar. Y da una orden que le duele a él tanto como a los que han de cumplirla.

"Saldrán inmediatamente hacia Maloye Utschno los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. Dispondrán de una fuerza de veintitrés soldados españoles y diecinueve letones de la Sección que me ha sido enviada como refuerzo. Es de suponer que el enemigo se haya replegado a sus bases, por lo que el camino hasta Maloye Utschno estará despejado."

El teniente Otero de Arce siente una enorme preocupación por la suerte que puedan correr aquellos hombres lanzados a una ciega aventura, obligados a retroceder sobre sus pasos envueltos en la noche y a través de la tundra infestada de esquiadores soviéticos.

18 de enero de 1942. El cerco a la localidad-posición de Vzvad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los dos alféreces citados.

El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche del 18 al 19 de enero.

La ventisca bate la tundra, borra los caminos y senderos, desgarra los matorrales crecidos a resguardo de los montículos, alisa las depresiones de la yerma planicie y, enfilando los lechos congelados de los ríos y meandros del Lovat, salta aullando por encima de la blanca llanura.

En su cuartel general de Voronovo, el general soviético Morosov decide aprovechar el frío y la ventisca de la noche para rastrillar el sector de Sur a Norte. Al Norte, a cinco kilómetros de Voronovo, está enclavado el islote español de Maloye Utschno.

Los guripas Juan Muñoz Cassini, Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el guripa Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher.

A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.

"¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!"

"¡Fuego a discreción! ¡Fuego, muchachos, fuego!"

"¡Tanques! ¡Vienen los tanques!"

"¡Fuego, muchachos! ¡Arriba España!"

"¡Armad las bayonetas!"

A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.

La guarnición de Pagost Ushin, desde la que se escucha el estruendo de la desigual batalla, permanece en estado de alerta.

Una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale de Pagost Ushin en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.

Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.

Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.

"¡Alto!"

Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.

"¡Alto! ¿Quién vive?"

"¡Españoles! ¡Somos españoles!"

Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.

Aprieta el frío. A unos trescientos metros hacia el Sur se distinguen las ruinas de Maloye Utschno. De allí brota el fuego de ametralladoras, antitanques y carros de combate contra la mínima fuerza española que sigue aproximándose cumpliendo la orden recibida.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

Un cazabombardero soviético se suma al ataque; una, dos pasadas ametrallando.

Otero de arce con su equipo de esquiador.

Desaparece el avión y entonces el teniente Otero de Arce manda reemprender la marcha. Pero vuelve el cazabombardero y por tercera vez los rocía de balas. Hasta que nuevamente se pierde, esta vez hacia el Este.

"¡Arriba, muchachos! ¡Adelante!"

El silencio impera ahora en la llanada. El teniente estudia mentalmente al silencio enemigo y la posibilidad del asalto a la aldea con los efectivos que le restan. Pero cuando la unidad se encuentra a un centenar de metros aparece por la retaguardia un trineo conducido por un soldado español.

"Mi teniente, el capitán le ordena el regreso a la base. Dice que suspende la operación, ya que los tanques enemigos están dentro de Maloye Utschno."

A punto de regresar el guripa Manuel Herrero Granados advierte un ligero movimiento en la nieve, cerca. Es un herido; un sargento letón que todavía ha podido escapar del infierno matutino. Lo recogen y lo embarcan en el trineo. El rescate del malherido ha podido costar la congelación de los salvadores a quienes se les fricciona fuertemente con nieve, sobre la marcha, sin dejar de retroceder hacia Pagost Ushin, acompañados por las explosiones de los proyectiles antitanques que les envían de Maloye Utschno.

19 de enero, 13:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "A las siete de hoy el enemigo ha lanzado un ataque en masa sobre Maloye Utschno suprimiendo la guarnición de veinticinco españoles y diecinueve alemanes. El ataque fue apoyado por carros. La compañía se desplegó y logró rescatar a cinco españoles heridos y dos letones. La enorme concentración enemiga nos impidió reconquistar el puesto. La guarnición no capituló. Murieron con las armas en la mano. Observamos una gran masa enemiga concentrándose en Maloye Utschno y Bolshoye Utschno. Esperamos el ataque. Sabremos morir como españoles."

19 de enero, 23:00 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Habláis como sólo los héroes lo harían. Así y sólo así se construye un imperio. Ánimo. Vuestra conducta es el orgullo de esta brava División. Pese a todo venceréis. Hay un Dios y Él os concederá la victoria porque sois los hijos más valientes de España. Un abrazo que no será el último."

Los españoles se aprestan a fortificar algunos puntos estratégicos de Pagost Ushin.

El capitán Ordás comunicó telefónicamente con el capitán Lüer, cuya Comandancia continuaba situada en Borissovo, siete kilómetros al Suroeste de Pagost Ushin.

Dijo: "Me quedan solamente veinte hombres en situación de combatir. El resto de mi Compañía ha causado baja. Solicito el envío inmediato de refuerzos.

Pero los refuerzos no llegaron aquel día y sí los cazabombarderos soviéticos, dispuestos a aniquilar al grupo de supervivientes españoles.

"¡Cubrirse todo el mundo!"

De noche volvieron a pasar y repasar la aldea de pescadores.

"¡Sanitarios!"

Los sanitarios recogieron a seis guripas heridos.

"¡Los puestos de escucha deben ser reforzados!"

¿Con qué tropa?, se preguntan oficiales y soldados.

Suponiendo que el enemigo intentaría el cerco, se ordena quemar los almiares para que evitar que dificulten la visión de los defensores. Ángel Santos Conejo y otro guripa se ofrecen para la misión que les aleja unos metros de la posición defensiva avanzada.

Poco después los soviéticos comenzaban a atacar con sus tanques; pero al cabo, desconociendo los españoles el motivo, queda abortado el ataque y se retiran a sus bases.

20 de enero, 14:30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Anoche nos bombardearon tres aviones rusos. Al atardecer, grandes masas enemigas avanzaron contra nuestras posiciones. Han salido varios voluntarios para incendiar los carros enemigos (con cócteles Molotov). El movimiento de penetración del ataque ha sido contenido y el enemigo se retira. Dios existe."

16 horas: "El jefe de la 81.ª División nos felicita y concede condecoraciones."

El encuentro con los alemanes de Vzvad.

En el ocaso del día 20 de enero, el teniente Otero de Arce recibió instrucciones para intentar el enlace con los alemanes sitiados en Vzvad.

Dijo el capitán Ordás: "Los alemanes abandonarán Vzvad esta misma noche. Saldrán hacia el lago por el golfo de Tuleblisky, y siguiendo una línea horizontal procurarán acercarse a nosotros bordeando la costa. Puede usted disponer de los dos sargentos y los quince soldados que nos quedan. Le deseo mucha suerte, teniente."

Los españoles avanzaron en orden de despliegue. Cuando observaran señales de bengalas en el interior del lago, que era la señal convenida con los alemanes en repliegue, debían proceder disparando las que portaban en una secuencia rápida de blancas-verdes-blancas. Pero no advirtieron bengala alguna y sí fuego de ametralladoras proveniente de la orilla derecha que les apuntaba.

A las dos de la madrugada del día 21 callaron las ametralladoras y el teniente ordenó retroceder. A las 3:30 entraban en Pagost Ushin, ateridos de frío y sin contacto con los alemanes de Vzvad que se supone hacía tres horas habían abandonado la posición y comenzado a cubrir los quince kilómetros de distancia en dirección Oeste hasta la Comandancia española.

A las 4:45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5:30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta; a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.

Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden!" Y relinchos y chirriar de patines.

"¡Adelante, muchachos!", ordena el teniente a su tropa.

Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, se acercan, se agigantan. Se alzan brazos blandiendo fusiles, surgen gritos de júbilo y risas nerviosas. Los alemanes son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.

Españoles y alemanes se dan la mano al fin.

El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.

"Danke schön."

Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.

Cuando las fuerzas conjuntas hacen su entrada en Pagost Ushin una Escuadrilla de cazabombarderos soviéticos ataca la columna. Los aviones ametrallan y cañonean la calleja del poblado. Los soldados corren por entre las isbas, se arrojan al interior de las zanjas y de los hoyos, se parapetan detrás de los brocales de los pozos y se escurren bajo las techumbres de los corrales y los graneros que todavía no han sido pulverizados por las explosiones.

El capitán Ordás abraza al teniente Otero de Arce, al capitán Pröhl y al resto de oficiales alemanes.

El teniente Otero de Arce requirió de asistencia médica.

21 de enero, 09:45 horas. Capitán Ordás a Muñoz Grandes: "Un destacamento salió esta mañana de Maloye Utchno para Vzvad. La guarnición de Vzvad, que hizo una salida anoche, abrazó a nuestros hombres (sobre el lago helado) siete kilómetros al este de Uzhin. Vuestras órdenes han sido cumplidas por entero."

Aquella mañana del 21 de enero se recibió en la Comandancia de Pagost Ushin un mensaje emitido por radio desde el Cuartel General de la División española en Grigorovo.

21/1/1942. 11:40 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Envíe por correo urgente relación nominal de los que salisteis, bajas habidas y los que quedan, y por radio relación numérica."

Fueron repasados los estadillos de altas y bajas. Los sanitarios reconocieron a los heridos y congelados hospitalizados en Borissovo, dieron el alta a los menos graves y, a las cuatro de la tarde, el capitán Ordás transmitía la respuesta al Cuartel General de la División Azul: "Salimos 206 hombres. Quedamos 34."

La vuelta a casa.

Un esquiador español monta guardia en la trinchera.

Siguieron dos días de descanso, limpieza de armamento y recuperación de las energías físicas; aunque el aderezo de las pasadas de la aviación, con el consiguiente rastro de bombas e incendio, era frecuente, ya familiar. Volvieron a oírse cantos españoles, como este que voceaba Tomás Archeli Fernández: "Dicen los rojos que tienen / que tienen mucho armamento / pero no tienen cojones / para luchar con los del Tercio."

Atardecía el día 23 cuando los centinelas españoles apostados en Pagost Ushin vieron aproximarse por el camino vecinal de Borissovo a una columna de soldados. Eran alemanes de la 81.ª División de Infantería.

A las siete de la mañana del 24, sábado, dieciséis soldados españoles, con el teniente Otero de Arce al frente, se preparaban para una operación de despliegue para recuperar las posiciones perdidas en las jornadas precedentes, soportando una cruel ventisca que barre la tundra. Un Panzer IV abre la marcha, los españoles detrás y un contingente de un centenar de alemanes a la espalda flanqueándolos.

Al poco les recibe el fuego nutrido de las ametralladoras PD.

"¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!"

El cañón del 7'5 del carro responde. Los heridos son evacuados a Pagost Ushin.

La vanguardia española logra alcanzar y penetrar en Maloye Utschno; la única calle está cubierta de escombros y cadáveres y salpicada de cráteres. Los soviéticos han huido.

En el difícil reconocimiento de cadáveres los españoles descubren a algunos de los suyos: el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Marino barrios, el sargento intérprete Schumacher. Van siendo identificados los dieciocho cadáveres que son agrupados a la izquierda de la entrada de la aldea, junto a la casa de baños donde se habían replegado para establecer el último núcleo de resistencia; una resistencia tan inútil como desesperada pero heroica.

El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.

"¡Preparad las granas de mano!"

Están a la vista de Bolshoye Utschno. El tanque en cabeza desciende dando tumbos la leve vaguada que se abre entre Maloye Utschno y Bolshoye Utschno.

"¡Adelante, muchachos, adelante!"

El teniente Otero de Arce anima a sus hombres en el avance. El enemigo comienza a disparar parapetado en las isbas.

"¡A por ellos! ¡Arriba España!"

Los españoles saltan sorteando escollos y trepan la ladera soltando con rabia sus granadas de mano. Tabalean las ametralladoras y los naranjeros de la defensa soviética. El estruendo es infernal. Estallan los proyectiles del 7'5 del carro del Panzer IV. La batalla apenas dura diez minutos; el enemigo se repliega hacia el Sur, camino de Shiloy Tschernez, la última de las aldeas que han de recuperar los españoles antes de que concluya la jornada.

"¡Duro con ellos!"

Surtidores de nieve, hielo y fango. Estallidos, fogonazos, llamaradas. La ventisca arrecia, el cielo se cierne plomizo y el suelo se estremece bajo las explosiones.

"¡Alto!"

Algunos soviéticos se rinden, agotados también por los días de lucha continua y el intensísimo frío.

Shiloy Tschernez cayó en manos de los españoles sin que el enemigo opusiera una tenaz resistencia.

"¡Alto el fuego!"

Los esquiadores soviéticos se retiraban hacia la vecina aldea de Penikovo.

Transcurrida media hora de la entrada de los españoles en Shiloy Tschernez hicieron su aparición las vanguardias alemanas de la 81.ª División, que se suponía debían avanzar conjuntamente flanqueándolos. En definitiva, los que se habían batido el cobre eran los dieciséis españoles con la ayuda del Panzer IV.

"¡Atrás! ¡Regresamos a casa, muchachos!"

El teniente había cumplido la misión reconquistando los tres pueblos perdidos siete días antes; esos mismos tres pueblos que ahora volvían a abandonar escalonadamente.

25/1/1942. 1:42 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Dime cuántos valientes quedáis."

18:45 horas. Respuesta del capitán Ordás: "Quedamos doce combatientes."

El general Agustín Muñoz Grandes escribe: "Sobre las aguas heladas del Ilmen, y gracias a la bravura y espíritu de sacrificio con que lo atravesasteis para liberar a los héroes de Vzvad, ha rugido el león español. En nombre del Caudillo os concedo, a ti, capitán Ordás, la Medalla Militar individual, y a todos los valientes que te acompañaron, la Medalla Militar colectiva. Por la Patria agradecida os abraza, Muñoz Grandes." Ordena que transmitan el mensaje inmediatamente.

¡Arriba España!
¡Muera el comunismo!